Policía salva a anciana de morir por sobredosis

"La edad es sinónimo de experiencia y sabiduría. Merece respeto", reza el artículo 18 de la Constitución Política de Colombia. "Las personas mayores guardan en su memoria un trozo de la historia del mundo, con excepción de aquellos que desafortunadamente sufren de alzheimer. Estas minorías merecen también consideración", establece el artículo 415 del Nuevo Código Nacional de Policía.
 En ese sentido, cada anciano es el más valioso tesoro con el que cuenta un país (de donde no puede concluirse, sin embargo, que los jóvenes no valgan nada o muy poco).

Los ancianos son el mayor activo de un pueblo, así, paradójicamente,  muchos sean sedentarios o estén en silla de ruedas. Como dijo el poeta, "son los mejores activos pasivos". Tienen los huesos y las carnes llenas de tiempo. ¡Todo un mérito!

Precisamente, guiándose por este principio del culto a los mayores establecido por nuestro ordenamiento jurídico, las autoridades detuvieron anoche a Luis Miguel Pinto Arroyabe, un hombre soltero de mediana edad, oriundo de Lérida (Tolima). El cargo que le imputaron: atentar gravemente contra el patrimonio y la memoria nacional, la peor clase de terrorismo que el mundo tenga noticia. En efecto, Pinto Arroyabe desde tiempo atrás venía sosteniendo  sistemáticamente fogosos encuentros amorosos con Inés Pantoja Bermúdez, una respetable dama de 87 años de edad, considerada por los vecinos del tradicional barrio bogotano de Teusaquillo, como una de sus más preciadas reliquias.

Poco importó a la Policía los argumentos de Pantoja Bermúdez  a favor de su compañero sentimental (o "compañero semental", como lo califica ella misma con picardía). “Soy absolutamente feliz. ¡Dichosa.! Mejor aún, dichosa con P. Luis Miguel es lo mejor que me ha pasado en mi vida”, le confesó la señora de la tercera edad al teniente José Rodríguez Castro, encargado del operativo. Y con voz entrecortada y en tono de súplica Inés Pantoja le dijo al uniformado: “Nada de lo que ocurre entre el caballero y yo, sucede en contra de mi voluntad. Ni siquiera a mis espaldas”.

“Podrá ser así, señora. Pero, ante todo, mi deber es velar por su seguridad personal. Por eso tenemos que detener al señor Pinto”, le contestó el teniente Rodríguez a doña Inés. "Además, el crujir de sus huesos en cada lance amoroso tiene nerviosos y muy preocupados a los vecinos del edificio", le explicó Rodríguez antes de marcharse en la patrulla llevando esposado a Pinto Arroyabe.  

"Ya que las autoridades nada hacen contra el abuso sexual de las menores de 14 años, que al menos hagan algo contra el abuso de las mayores de 84. ¡Por lo menos que salven a doña Inés de morir de amor, o de una sobredosis de felicidad!", le dijo una exaltada vecina a El Periódicko.

@dicksalazar

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