El Periódicko salva a hombre que quería suicidarse

En lo que ha sido calificado como el más extraño y singular de los milagros ocurridos en los últimos tiempos en Colombia, El PerióDicko, sin proponérselo, le salvó la vida a José María Martínez, un bogotano de 30 años, quien por múltiples razones había tomado la decisión de quitarse la vida (y lo peor, ¡quitársela para siempre!)

Martínez, desempleado desde hace algo más de dos años, a quien su esposa lo abandonó hace cuatro meses para irse con otro hombre, había tomado la decisión de suicidarse hacia las 3 de la tarde del martes de la semana pasada, fecha y hora exacta en la que cumpliría su quinto aniversario de matrimonio. Su esposa desapareció sin dejar rastro, dejando tan solo una carta en la que le juraba amor eterno... ¡a su nuevo compañero! La mujer se llevó consigo todos los enseres del apartamento, incluso la plata del arriendo y del mercado. Solo dejó el viejo, infectado y achacoso computador de Martínez. No se llevó a los niños, por una sencilla razón: el matrimonio jamás había tenido hijos.

El Periódicko
Locombia
Esa tarde, Martínez, como de costumbre no tenía ni un solo peso entre su cartera. Entre los bolsillos portaba una moneda de $100, no por costumbre sino de pura chepa.

No había recibido ninguna respuesta a las infinitas solicitudes de trabajo que había enviado a lo largo de los últimos 24 meses. Se sentía agotado y desesperado, destruido emocionalmente y sin perspectiva alguna. Había gastado todos sus ahorros y ya no sabía a quien pedirle prestada plata. Ese día, no había podido desayunar ni almorzar, como muchos otros días Esa noche tampoco cenaría, pero poco le importaba: a las tres de la tarde tendría una cita con la muerte, que le quitaría el hambre para siempre.

Hacia las 2:30 pm, José María Martínez encendió su viejo computador para escribir una carta en donde le explicaría a su madre las razones y sinrazones que había tenido para tomar su fatal decisión.

Rápidamente concluyó el escrito. Eran tres cortos párrafos, uno por cada diez años que había estado de pasajero en este planeta. Acto seguido, lo imprimió y metió el papel entre un sobre amarillo -que es el color de los sobres que alguna vez fueron blancos- y lo puso sobre el lavamanos del baño, pues en el apartamento no había quedado mesa alguna dónde colocarlo.

Después de lavarse las manos con un cuncho de jabón antibacterial -que su exmujer generosamente le había dejado-, Martinez se metió a internet con la intención de despedirse de los pocos seguidores que tiene en Twitter. "¡La vida me ha dado unfollow, la vida me ha bloqueado! La muerte me marca como favorito. Solo el infierno me da retuit. ¡Chaos, ciberamigos!", escribió en un trino de 140 caracteres exactos. Nadie le respondió.

En Twitter, por casualidad, encontró un link de El Periódicko.com. De puro desocupado empezó a ojearlo, tal vez pensó que leyéndolo podría morir rápidamente envenenado y de esta manera, se ahorraría la larga muerte que significa tirarse por la ventana desde un quinto piso. Al cabo de unos pocos párrafos, Martínez se quedó... ¡profundamente dormido! Era normal: las lecturas aburridas siempre le han producido sueño.

Hacia las cuatro y media de la tarde el teléfono sonó estruendosamente, que es como se oyen los teléfonos en los apartamentos prácticamente vacíos. Martínez se despertó sobresaltado. Era una llamada de una empresa que le pedía presentarse al día siguiente para iniciar un trabajo. Por primera vez en mucho tiempo la vida le sonreía.

"Si no leo el panfleto de El Periódicko.com, no me quedo dormido. Si no me quedo dormido, me hubiera suicidado. Si me hubiera suicidado, nunca habría contestado la llamada ofreciéndome trabajo, un trabajo que me abre horizontes y me llena de esperanzas. ¡Un milagro! ¡Qué berraquera, El Periódicko me salvó la vida! Es lo único positivo de esa pésima clase de periodismo", dijo Martinez en tono agradecido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario