Espina Dorsal, la columna de @AlaNata_


Cuentos y des-cuentos


“Hay cuentos para cada momento, 
Cuentos para cada estación …”  
Nicolás Buenaventura Vidal 


Los cuentos traen colores para pintar el arcoíris:

Cuentos blancos que viajan como las nubes

Y los azules volando al cielo de la memoria.

Cuentos rojos para leer junto a la chimenea

Y los amarillos para cuando media el día.


Cuentos verdes que riegan la esperanza

Y los rosas para las princesas.

Cuentos grises como tarde de lluvia. Y los violetas para la tristeza.

Cuentos naranja junto al ocaso. Y los plata para la luna llena.

Y hay también cuentos que de tanto contarse, se destiñen hasta volverse rumor.


Cuentos, que ajenos a lo que fueron, ahora des-cuentos son:


— Cinco minuticos más— le dijo al príncipe que había atravesado los bosques para despertarla, después de cien años de sueño.

El árbol, vestido de espantapájaros, quiso hacer justicia por tanta madera desperdiciada en mentiras.

Por complacer a la caprichosa niña, se vistió de abuela y se metió en la cama. Nació otra historia, ¿quién iba a creerle al lobo?

Aquel verano, el sol canicular de medio día derritió las dulces paredes. Los niños jamás vieron la casita.

En pleno furor de su adolescencia, decidió un corte de cabello más acorde con su rebeldía. Murió encerrada en la torre.

El espejo, cansado de aparecer en las fotos de la internauta princesa, urdió su propia trampa. La madrastra, su víctima.

En las torpes  manos del príncipe, la zapatilla se hizo trizas. Aquella noche no durmieron las aves a causa del carnaval de las perdices.

Regresó al estanque convertido en un cisne hermoso y esbelto. Atrás habían quedado los dolores del post-operatorio.

Me senté a mirarle mientras dormía. Arrullado por el susurro de su respiración, olvidé irme antes de que despertara. Y aun estaba allí.

En una oferta de televisión, encontró la almohada que curaría su tortícolis. Entre las plumas del viejo almohadón, el ácaro murió de hambre.


@AlaNata_

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