La columna de @malditosudoku


La terrorífica academia

Un día, cuando yo era muy niñita,  mientras jugaba con uno de mis primos más queridos, escuchamos a nuestras mamás hablando de qué hacer con nosotros durante las vacaciones; claro, a dos niños inquietos y traviesos, había que ocuparlos en algo. Realmente no hay nada más peligroso que dos niños totalmente desocupados. 
Y es que generalmente cuando mi primo y yo estábamos juntos, empleábamos el  35% de nuestro tiempo en jugar, el 18% en arañarnos, el 22% en jalarnos el pelo,  y el 25% restante en llorar.

Al principio, nuestras mamás invertían el cien por ciento de su tiempo discutiendo sobre quién tenía la culpa del arañazo, quién había sido el responsable del mordisco, quién había iniciado la pelea…  Pronto descubrieron que no valía la pena hacerlo, pues mientras ellas discutían por las marcas que nos dejábamos y los mechones que nos quitábamos, nosotros ya estábamos –medio calvos y con cara de cristos- felices jugando de nuevo y preparándonos para el siguiente round.

Pero volvamos a la historia. Aquel día -cuando yo era muy niñita- mi mamá sacó un volante de publicidad que días atrás había llegado a la casa y se lo mostró a mi tía. Ambas estaban animadísimas. Mi primo y yo oímos el murmullo de la conversación. Decían que  era algo muy bueno para nosotros, pero no entendíamos de qué se trataba.  Solo oímos claramente que se refería una academia de adopción.

Entramos en pánico. Nos habíamos pillado que nuestras mamás planeaban deshacerse de nosotros dos y entregarnos en adopción; nuestras “cuchas” querían que otras mamás nos aguantaran los berrinches, los mocos, las descalabradas y las peleas. ¿Qué clase de familia nos tocaría? ¿Nos tratarían bien? ¿En qué clase de sótano no encerrarían? ¿Tendríamos derecho a tomar Cocacola? ¿Nos harían tomar toda la sopa? ¿Nos alimentarían a punta de agua y pan o solo a punta de agua? ¿Podríamos llevarnos nuestros juguetes a la nueva casa?

Lloramos con gran sentimiento al vislumbrar nuestro destino y tener que separarnos de nuestras familias. Todo se volvió oscuro para nosotros.  De pronto se nos ocurrió una brillante  y desesperada idea: destruir el maldito volante sin que nadie nos viera. La segunda parte del plan era también una cosa de mucho cuidado: botar en secreto los pedazos del aviso entre la caneca. Así lo hicimos. Y fue así como  abortamos el plan de nuestras mamás ¡y el alma nos volvió al cuerpo!

Al día siguiente, ellas -las dos hipócritas señoras que se querían deshacer de nosotros  y a quienes  les dábamos el sincero título de “mamás”- nos preguntaban  si no habíamos visto un aviso de una academia de “actuación” a la cual  querían llevarnos en vacaciones. 

“¿Aviso? ¿Cuál aviso? No mamitas, nosotros no hemos visto nada”, contestamos haciéndonos los imbéciles.   

“¿Academia de actuación? Carreta, pura carreta.  Las mamás también dicen mentiras; la academia que nosotros oímos era de adopción”, me dijo mi primo.  

Han pasado muchos años –no les voy a dar el gusto de decir cuántos- y el equívoco de la academia todavía hace reír a toda mi familia a carcajadas. No hay reunión en que la famosa anécdota no salga a relucir. A mí me toca reírme; reírme de mí misma, maldita sea, malditosudoku. Ya hasta inventé el cuento que “reírse de sí mismo es signo de inteligencia”.

Pero en el fondo tengo mis dudas, y esto es un secreto que quiero contarles: estoy segura que oí “academia de adopción”.  Creo haber sido la primera niña del país en desbaratar un irresponsable plan de un par de mamás. La Asociación Nacional de Niños me está debiendo una medalla.

A veces me pregunto si me hubiera podido educar otra familia. No lo creo. Ni la más experta academia de “actuación” lo habría logrado. Químicamente soy "ineducable","indomesticable", si es que se puede decir así. 

¿Qué habría  sido de mi vida si hubiera entrado a la dichosa academia de actuación? A lo mejor, Flora Martínez nunca habría protagonizado “Rosario Tijeras”. El casting me lo habrían dado a mí,  hoy sería una famosa actriz, mi familia no se burlaría de mis equívocos de niñez, y yo no estaría escribiendo estas pendejadas en un  periódico como estos.

@malditosudoku

No hay comentarios:

Publicar un comentario