La columna de @malditosudoku

Alguien que me lea

Cada noche ella toma un libro del estante, lo abre y con su tierna voz deja salir una a una las letras y palabras que viven en sus páginas, letras y palabras que llegan a los oídos de su hijo en forma de melodía. Historias de gigantes, enanos, hadas, mares y de ríos de azúcar, madrigueras mágicas, todas adornadas con su sinfonía corporal. Cada noche, cuando veo esto, añoro que alguien me lea. Dos, tres, cuatro, ¡mil veces! Ese es mi sueño.


Ese niño no tiene idea de cuan afortunado es: disfruta de la compañía de su madre,  se cobija entre frases y entra al mundo de sus sueños acompañado de monstruos y princesas encantadas, brujas y hechizos, selvas y océanos jamás explorados. Aunque algunas de esas letras llegan a mí en forma de murmullo -los viejos tenemos descuadernados los oídos-, noche tras noche envidio a ese niño, a ese pequeño que se hunde entre sus sábanas y descansa en su lecho oyendo de la voz de su madre historias de magia y fantasía esculpidas en las páginas de un libro.

Añoro que algún día me lleven de la mano otra vez a recorrer campos abiertos, a correr entre
 criaturas y a percibir los más fantásticos colores y sabores. Y así, añorando, veo como un día la madre, con su particular aroma, se acerca a mí; su sombra me cubre, sus manos se posan sobre mí y me llevan junto al niño, hacia un lecho blanco que como un lienzo será cubierto de letras, como he esperado por tanto tiempo. Empiezo a ser parte de eso que tanto quería. Llueven sobre mí pedazos de una agradable historia, contada por una voz  encantadora. Soy feliz.

Veo al niño disfrutando una a una las palabras, mientras entra en un profundo sueño, acolchado en
misterios y sucesos extraordinarios; cierra sus ojos y abre su imaginación para escuchar  historias de estrellas fugaces, que caen sobre su cama llenándola de luz. Poco a poco me dejo llevar y empiezo a flotar entre hadas danzantes y estrellas, y la voz de la madre  lentamente se diluye entre mis letras, que vuelven en fila a su lugar de origen, a esperar una nueva oportunidad para salir a pasear.

Y entonces veo cómo esta hermosa mujer me toma y me regresa al lugar al que pertenezco, a mi casa, el estante, desde el cual, como si se tratase de un balcón, tengo un lugar de honor para observar una y otra vez este espectáculo. Reposo de nuevo en mi hogar de madera, y veo como la silueta de la madre se aleja, dejando a su paso su cálida presencia y aroma perfecto. Y añoro de nuevo que alguien me lea. ¡Soy un libro feliz!

@malditosudoku


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