Escoliosis, la columna de @virtual8a

Cuento para dormir a una cucaracha.



- Mami, ¿la chancleta nos odia?, preguntó el pequeño cucarachito cuando su madre lo arropaba esa noche en su nido.

- Sí, hijo. Eso parece.

- ¿Por qué? ¿Le hicimos algo malo?

- No, hijo, para nada. Nos odia porque no nos conoce, y las mentes primitivas odian lo que no conocen, porque en el fondo le temen.

- Pero no somos malos. ¿Entonces por qué nos teme?

- Nos teme porque no nos conoce, hijo. Ya te lo dije. La chancleta cree que somos unas criaturas despreciables que solo merecen ser aplastadas. Le parece que somos bichos inferiores, repugnantes y asquerosos. ¿A ti te parece que lo somos?

- No, mami, claro que no.

- Ella no lo sabe, hijo, pero somos criaturas extraordinarias. Somos muy resistentes y trabajadoras y no nos dejamos vencer por las dificultades. Nos enfrentamos a las peores condiciones con tal de traer un poco de comida al nido. Tenemos que luchar contra el sol, la lluvia, el viento, contra los insectos malos que roban, contra los venenos... somos sobrevivientes casi a prueba de todo.

- Mami, ¿las cucarachas que elegimos no nos pueden defender de la chancleta?

- Podrían, pero tal vez no quieren hacerlo. Cuando una cucaracha es nombrada por las otras como su representante, a veces se convierte en una rata, como esas que ves en la tele, que se dedican a llevarse para su nido lo que es de todos nosotros y no les importa dejarnos sin nada. Hay otras cucarachas que se convierten en cerdos y se dedican a engordar y a revolcarse, y luego nos miran con desprecio y dicen que somos unos zarrapastrosos. Hay otras que cuando son elegidas se vuelven mariposas y sólo quieren ser admirados y escuchados, pero no nos escuchan ni nos ayudan.

- Mami, no quiero que salgas mañana a la calle a trabajar. Me da miedo que la chancleta te aplaste.

-Tengo que trabajar, hijo. Tus hermanos y tú necesitan comida. Hay que pagar el colegio y las medicinas de tu abuelita. No puedo darme el lujo de quedarme en casa.



- Mami, ¿y si te vuelves hormiga?

- Lo intenté, hijo. Pero ninguna colonia quiso contratarme. Dicen que ya estoy muy vieja para trabajar con ellos, que solo contratan cucarachas jóvenes que vengan de buenas escuelas. Además, como saben que a tu papá lo pisó una bota, dicen que no me contratan porque debo hacerme cargo de la familia y eso me hace una mala trabajadora. También creen que por el accidente que tuve ya no puedo hacer muchos oficios. Por eso tuve que poner mi puestico en la calle. A veces hay que correr y esconderse cuando viene la chancleta, pero cuando se va, todas las cucarachas volvemos a nuestros puestos y seguimos con nuestra vida.

- Mami, yo odio a la chancleta.

- No la odies hijo, tú tampoco la conoces. Te voy a contar un secreto: la chancleta, en el fondo, es tan cucaracha como tú y como yo, pero no lo sabe. Lo que pasa es que las ratas se la llevaron para que trabaje para ellas, y la pobre se creyó muy importante porque piensa que puede aplastarnos. Las ratas nos pueden comprar muy fácil con sus engaños porque saben que tenemos hambre. Pero algún día las cucarachas entenderemos que somos más que las chancletas, que las ratas, que las mariposas y que los cerdos, y entonces podremos exigir un trato igual para todos los animales. No sé si tú o tus hijos o tus nietos podrán ver ese día, pero sé que llegará. Por eso los cucarachitos como tú deben ser valientes. No hay que tener temor, sino esperanza hijo.

Y se durmió el pequeño cucarachito con una sonrisa de tranquilidad en su carita de insecto mientras su madre le decía estas cosas y le acariciaba tiernamente las antenas. Cuando oyó su respiración pausada, su madre lo arropó y se alejó cojeando... ya no puede caminar bien porque le falta una patica. Buscó el rincón más oscuro de su nido y se puso a llorar en silencio, para que sus hijos no la oyeran, porque no quiere ser ella quien les aplaste la esperanza.


Dedico este breve relato a la señora Luz Marina Castrillón, coordinadora de espacio público de la ciudad de Neiva. Sepa, señora, que aunque se las dé de muy chancleta, es tan cucaracha como yo y como todos los demás




Fotografía: na.pulpit.com

1 comentario :

  1. Que se puede decir... Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

    ResponderEliminar