Espina Dorsal, la columna de @AlaNata_


Confesiones

De un país donde el llanto disfrazado de risa es la constante, donde cada noche es un milagro y cada día una esperanza. De un país contaminado por el bicho malsano del regionalismo, vengo a hacer mi confesión: ¡Soy paisa! 

Habitante de una ciudad que se retuerce entre los hierros de una esclavitud a la que a voluntad se somete. De unas calles que mientras brotan vida, acunan a la muerte. De un lugar donde se vive a plenitud la primavera, mientras el frío de la indiferencia se cuela por entre las rendijas. De aquí, de este pedacito de tierra en donde aún me nacen sueños. 


Pero soy paisa de horizontes: 
De esos que se abren más allá de las montañas. De ríos que surcan valles y planicies. De cielos azules, dorados y grises. De selvas milenarias pletóricas de vida. De espumas blancas besando playas.

Soy paisa de aquellas que espera ansiosa un descanso para correr a encontrarse con su mar Caribe. Que se conmueve con la sencillez y la humildad abrigadas bajo una ruana boyacense. Que no puede contener las lágrimas cuando a sus ojos se abre la puerta de un inmenso llano verde. Que se maravilla ante el exuberante follaje de los árboles que cubren inmensos pueblos escondidos.  Que guarda en sus recuerdos de niña un “Al sur, al sur, al sur del cerro del Pacandé…” cantado por su abuelo. 

Soy paisa de carnaval de Barranquilla, de caras pintadas en blanco y negro, de diablos bochincheros.De corralejas en enero, de gaitas al viento, de caderas llenas de porros y de cumbias, de festivales vallenateros. De joropos, bundes, pasillos y guabinas, de danzas ancestrales entre trajes coloridos, de salsas que se bailan fluidas, allá, donde “lo demás, es loma”. 

Soy paisa de las que saborea frutas arrancadas de su árbol con apenas estirar la mano, de las que a su paso encuentra flores llenando el alma de aromas y colores, y de las que cuando viaja, no se pierde de probar sabores de todas las cocinas. 

Paisa de caminos polvorientos y calores intensos. De caras quemadas por el sol de las planicies. De niños sonriendo en medio de las dificultades, de padres, hijos, hermanos, todos ellos con mi misma sangre. De metrópolis capitalinas llenas de ensordecedores ruidos, de pueblitos apenas levantados en medio del silencio y de otros tantos olvidados en algún sitio muerto.   

Paisa de tristezas acumuladas en el olvido de los héroes, de desdichas apilonadas en el cuarto de la injusticia, de rabias y de miedos, de críticas ahogadas que no alcanzan los oídos de quienes podrían escucharlas. 

Paisa de filósofos y poetas, apenas conocidos y de los que mueren sin ser leídos, de pinturas irreverentes que cuentan otra historia, de embajadores no oficiales que con sus glorias, ondean nuestra bandera en aires extranjeros, de músicos que arrancan melodías de donde pueden, de Francisco, El Hombre, cantando versos al viento.

Sí, soy paisa… paisa de PAÍS.

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Créditos fotográficos.

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