La bendita columna de @malditosudoku

Patriotismo a la colombiana

Estoy un poco molesta. Qué digo un poco, estoy muy emberracada. Lo tengo que decir así para que me tomen en serio (aunque a veces puedo caer pesada, más si está usted en ayunas). Bueno, me importa un cuerno, a lo que voy, con mucha dificultad,  casi arrastrándome, es a tomarme el atrevimiento, sin hielo, de decirles que se pongan serios con el país. 

No sé, ¿es que no les da pena sacar la bandera del cajón de las medias una o dos veces al año y ya? No me engañen,  que en mi casa hacen eso. Ni hablemos de las camisetas de la Selección Colombia, que un día es "mi selesión" y al otro es "esa partida de pendejos que no hacen nada acá". En serio, ¿no les sube el calor a la cabeza ni un poco? Bueno, lo de la selección vale huevo si somos sensatos y aceptamos que el fútbol no es para todos. Pero, en serio,  qué pena.

Ahora se inundan las redes (poco) sociales con mensajes de apoyo para los valientes campesinos que están arriesgando mucho más que un plato de comida para salvar no solo su pellejo sino el de más de un com(poco)patriota. Y nos invitan a vestir ruana. A mí eso me suena como a remedo de cosplay, esa práctica de fanáticos de series de ficción.  Perdonen mi atrevimiento, pero usar una ruana no se lo pueden tomar tan deportivamente como usar una camiseta de Superman o Batman (sí,  ese mismo que los tiene igual de "indignados" por quién lo interpretará...)

Puede usted, querido lector, decir que con qué autoridad moral, o molar, vengo yo a decirle esto. E inmediatamente le contesto: con ninguna. No tengo la más mínima autoridad para decir lo que digo, pero igual no me lo callo. Simplemente (y simple mente la mía) me canso de ver cómo algunos toman como juego algo que a muchos les cuesta sangre y lágrimas. Deberíamos vestir esas ruanas, sí,  pero no como una moda ridícula y sinvergüenza. Deberíamos saber de primera mano qué significan para quienes las usan, e interesarnos por conocer las historias escondidas bajo ellas. Deberíamos ponernos los pantalones donde es y una vez por todas hacer algo. Algo más que jugar a las muñecas o a la casita, en este caso disfrazándonos de patriotas y saliendo a las calles (en el mejor de los casos) a fingir por un rato que nos importa el país del sangrado sin razón.


  

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