Escoliosis, la columna de @virtual8a

DE CRISIS Y OPORTUNIDADES

Es frecuente escuchar a los oradores motivacionales mencionar que en las lenguas del lejano oriente no existe diferencia entre las palabras "crisis" y "oportunidad". Esta información resulta ser apenas parcialmente cierta, si le creemos al traductor de Google: en chino, japonés y coreano, crisis y oportunidad no son palabras idénticas, pero sí tienen en común un ideograma. Del mismo modo podría decir el orador motivacional que el tomate de árbol y el de ensalada son exactamente iguales porque los dos tiene la palabra "tomate".





Durante los últimos años he visto y escuchado a los medios informativos de nuestro país utilizar la expresión "crisis ministerial" para referirse a una situación en la que los ministros del gobierno presentan su renuncia protocolaria ante el primer mandatario.

Con el tiempo llegué a entender que desde la perspectiva mediática la crisis sí se refiere a una oportunidad, no la que tiene el presidente de renovar su gabinete para que caras nuevas cometan los mismos errores, sino la oportunidad que tienen los medios de utilizar la palabra crisis, porque un titular de noticia debe excitar el morbo de los espectadores.

JuanMa (¿pensando?) AFP/GettyImages

Pero, volviendo a Juan Ma, la crisis ministerial que se produjo la semana pasada fue, en efecto, una oportunidad para el presidente, no para la renovación del equipo de trabajo, ni para redefinir estrategias de gobierno, ni para encarar la (cada vez menos posible) reelección.  Esta fue una oportunidad de lujo para mostrar el espíritu visionario del jefe de Estado.

Sí, cómo no. Juan Manuel Santos es un visionario, un futurista, un adelantado a su tiempo y, como todos los grandes genios de la humanidad, ha tenido que sufrir la incomprensión, el rechazo y hasta la burla de los espíritus mediocres de su tiempo.  Igualito que le sucedió a Galileo Galilei, y le sucede hoy a su descendiente Galy Galiano.


Galy Galiano y su antepasado Galileo Galilei

Fruto de su prolongada trayectoria en el sector público, Juan Manuel se ha convertido en un agudo analista del funcionamiento del Estado, y eso se nota en la reestructuración del gabinete.

Por lo general, luego de los cambios de ministros hay que esperar algunos meses o años para que se produzca una nueva crisis ministerial.  Eso es cosa del pasado.  Ratificando estratégicamente a algunos de sus ministros y ubicando con precisión quirúrgica aquí al hijo de... y allí al exesposo de... y acullá al cacique caribe... y  más allá al exgerente de... nos ahorramos esos meses de espera y, apenas saliendo de una crisis, ya estamos entrando en otra. ¡Qué forma futurista de gestionar! ¡Cuánto tiempo nos ahorramos!  Ya ni tenemos que esperar que los ministros se posesionen y comiencen a ejercer para saber si salen buenos o malos. Evidentemente son malos. Y ya estamos en crisis. ¡Este gobierno puso en marcha una locomotora de "oportunidades"!


Y ¿cómo le respondemos los colombianos?  ¡Mal! Con paros, protestas, marchas, asonadas, cacerolazos, tuiterazos expresidenciales, etc.  El hombre se devana los sesos reestructurando el gobierno para acercarnos cuanto antes a la próxima crisis, mejor dicho, a la próxima oportunidad, y nosotros nos ponemos el país "de ruana".  ¡Qué injusticia! Queremos quemar al Tony Blair colombiano como si fuera la bruja de Blair. Además lo castigamos con una caída en su popularidad que ya va por el 21%.  El presidente no está para descensos vertiginosos; se nos olvida que en sus años mozos fue marinero, no paracaidista.

¡País de ingratos!


           

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