Espina Dorsal, la columna de @AlaNata_

SILENCIOS

A veces el alma está tan esquiva que ni una hoja en blanco le seduce. Es como una cometa sin hilo, cuyos colores palidecen ante la ausencia de viento.


La soledad entonces se viste de gala y danza a sus anchas por los recintos del recuerdo. Despiertan las nostalgias y la melancolía se adueña de la casa. Reviven fantasmas que exhiben como trofeos las culpas pasadas, resuenan melodías lejanas que hablan de amores olvidados, palpitan ausencias que, como tatuajes invisibles, marcaron su calma y el corazón se instala en las yemas de los dedos que se niegan a escribir.

El escritor, pluma en mano, se queda inmóvil mirando cómo se seca el tintero. Desvanecidas están las imágenes, no hay metáforas. Entonaciones, rimas y métricas se quedan guardadas en el cajón de las musas. 

Y a los ávidos ojos de un anónimo lector, solo llegan rumores de llantos contenidos.

Silencio.


              

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