La bendita columna de @malditosudoku

TENER UN "OPINADERO" PROPIO

¿Qué significa tener una columna? Si tomamos esta pregunta en su sentido más común, podría decirse que para los vertebrados lo es todo. Gracias a su columna pueden, entre otras cosas, proteger las delicadas fibras y terminaciones nerviosas de la médula espinal, y mantener su posición erguida (si digo erecta imagino sus risitas de doble sentido); y claro, gracias a esto, es posible hacer todo lo que viene en gana, desde caminar hasta lanzar comida al aire para intentar, sin éxito alguno, atraparla con la boca.
Además, de vez en cuando sirve para sufrir, cuando algún delicado disco intervertebral se sale de su sitio. Bueno, esta no pretende ser una desafortunada lección de anatomía, para nada. La verdadera intención de este escrito es reflexionar un poco acerca de qué significa para algunas personas leer una columna de opinión. 

Dentro de un periódico se encuentra gran variedad de contenidos, y con esto también gran diversidad de lectores. Algunos se conforman con la sección de chismes de pasillo y bambuco, otros van directo al horóscopo, buscando que las velas rojas les traigan amor; también hay quienes prefieren leer predicciones de otro tipo, no del astrólogo, sino del experto en clima o en mercado bursátil. Luego de escarbar un poco entre todo esto, encontramos las columnas de opinión. Como su nombre lo indica, la columna de opinión es la estructura que, para muchos, mantiene en pie a un medio escrito, virtual o audiovisual de comunicación. Pocos podrían concebir a estos medios sin su pulpa, su más jugoso órgano. 

Para muchas personas un periódico no sería nada sin una sección de opinión, y es lo primero que buscan en sus hojas (impresas o virtuales). Sin embargo,  habrá que hablar, inevitablemente, de un tipo especial de lector, al que en esta ocasión he querido llamar "parásito de opinión". Este personaje, luego de leer una columna de opinión y extraer su contenido, como si estuviese succionando médula espinal para un trasplante, toma como propia la opinión de esos columnistas, o como suelo llamarlos jocosamente, "quiroprácticos" (por aquello de su trabajo acomodando argumentos e ideas, algunas veces con más éxito que otras...sí, cual vértebras).

Al parásito de opinión le encanta reunirse con sus amigos a discutir sobre los temas del momento, poniendo en su boca, cual prótesis, las ideas que acaba de arrancar de las entrañas de la columna que leyó; exhibe sin vergüenza, e incluso a manera de trofeo, un conjunto de frases e ideas brillantes que, como la luz de la luna, solo son el reflejo de algún sol, muchas veces lejano.



Locombia
El problema principal de esta práctica radica en algo simple: ¡el parásito de opinión nunca tiene una propia!  Y cuando se le pregunta qué opina sobre algún hecho trascendental, o sobre lo que sea, no logra aterrizar una sola idea que le pertenezca totalmente; solo balbucea y parlotea, repitiendo lo que dijo su columnista de preferencia. Y sí, uno puede estar de acuerdo con lo que otro dice, puede que varios de sus argumentos coincidan con los de uno; pero eso no significa que uno deba convertirse en camaleón y mimetizarse en  lo que dice X o Y columnista. Solo digo, que sería mejor que cada uno se esforzara por crear sus propios argumentos y desacuerdos. Por desgracia, no siempre están disponibles las donaciones de médula, y bien complicadas que sí son. 

Así que, de vez en cuando, es bueno obligar al órgano argumentador, llamémoslo cerebro u opinadero, a regenerar y crear nueva médula, inyectándole estimuladores, como lecturas que amplíen nuestro conocimiento sobre ese tema que tanto nos interesa y sobre el cual quisiéramos tener una buena opinión. Discuta; sáquese las ideas con las uñas, pero de su propia cabeza; lea y analice de forma crítica; intente ver tantos puntos de vista como le sea posible. Estas son algunas ideas para que, en caso de identificarse como parásito de opinión, “enderece su camino” a tiempo; pero no le voy a dar más, porque es justo y coherente que usted cultive las suyas por su cuenta. Cada quien es responsable de ejercitar su propio opinadero.


                                 

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