Espina Dorsal, la columna de @AlaNata_

RENUNCIAS

Desde que se desaloja la cálida caverna donde somos uno con el universo materno, nos hacemos renuncia.

Cada paso dado es una renuncia al camino que queda en nuestras huellas.  Cada peldaño de días escalado deja tras de sí horas marcadas de historia. Cada amanecer es el abandono de los sueños soñados en la noche y cada noche se lleva consigo el calor del día vivido.


Renuncia el niño al juego cuando lo vence el cansancio, el adolescente a la ilusión cuando la desesperanza lo deprime, el joven a su deseo cuando el desgano lo confunde, el adulto a su sueño cuando el deber se le impone, el anciano a la vida cuando el peso de la experiencia se le hace incontenible.

Se renuncia al amor en cada pérdida, al llanto en cada risa, a la alegría en cada lágrima. Se renuncia a correr tras la cometa cuando el hilo se rompe, a deshacer entre las manos los colores de las burbujas de jabón, a pintarse la cara del rosa de un algodón de azúcar, a llenarse los bolsillos de ranas y a ver rodar el mundo entero en una canica.

Renunciamos al sueño en cada despertar, al canto, al llanto, al vuelo, a quedarnos, a la despedida, al regreso, al cielo, a la tierra, al infierno... a la vida misma renunciamos.

Y siendo como somos renuncia, se nos ha negado el derecho de renunciar a la muerte, esa sombra oscura que nos obliga a quedarnos sin los seres a los que jamás habríamos renunciado. Y es ella la única que inevitablemente permanece, pero es también en ella que aprendemos de otras renuncias.

Renunciamos al silencio de las voces amadas,  al olvido de sus marcas indelebles en la piel de nuestras almas, del paraíso de su risa, de su abrazo, incontenible avalancha de cariño. Renunciamos a su ausencia, a despojarnos de su memoria, a desconocerlos en lo que somos, a volar sin su viento en nuestras alas, a borrarlos de nuestras palabras.


Renuncio a ver tu imagen en mi espejo, a escuchar tu risa incontenible, a que tus ojos se paseen en mis letras, a que mis sonidos colmen tus oídos, a tus consejos sin discursos, a  tus aciertos y a tus dudas. Renuncio a un futuro caminado a tu lado... pero jamás a ti en mi vida. Renuncio a renunciarte, prodigio de mis días. 

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