Carta desde ultratumba

Señores
Ciudadanos sobrevivientes de Colombia 
E.        S.         M.
Estimados compatriotas:
Ustedes son una generación maldita, ¿o qué es la joda? Si liberales y conservadores pudimos hacer la paz después de La Violencia, esa que empezó hacia 1948 con el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, ¿por qué ustedes, los colombianos del siglo XXI, no han podido hacer hasta el día de hoy la paz? ¿Cuándo van a dejar de creerse un pueblo vampiro y amante de la sangre?
Si la paz les queda grande, me avisan y resucito con un grupo de amigos de mi generación y les damos una manita. Aquí, bajo tierra, la muerte está aburrida. Es eterna y monótona. Un poco de acción no nos sentaría mal.

Quienes vivíamos a mitad del siglo pasado, nos cansamos de tanto muerto. Nos cansamos de tantas viudas, de tantos huérfanos. Nos aburrimos de que Colombia tuviera tres océanos: el Atlántico, el Pacífico y el mar que se conformó con las lágrimas que derramamos de tanto llorar a nuestros difuntos. Nos aburrimos de tanto desplazado y despedazado. Nos cansamos de llenar las ciudades con tugurios formados por campesinos que huían de la violencia, dejando atrás sus tierras y con el estómago vacío. En una palabra: ¡nos mamamos de la guerra! Y por eso tuvimos el valor de buscar la paz.
Liberales y godos encontramos finalmente una forma de zanjar nuestras diferencias y pactar la paz. Claro, una paz con todos los defectos del mundo que ustedes quieran: nos repartimos la torta del país entre unos y otros por partes iguales. Cuatro años gobernábamos nosotros y los siguientes cuatro, los desgraciados del otro partido. Y así sucesivamente por 16 años consecutivos, entre 1958 y 1974. Y como si fuera poco,  en cada período presidencial la mitad de los ministerios eran de ellos y la otra mitad, de nuestros bandidos.  Y no les dejábamos nada -ni las sobras- al resto de gente. ¡Qué vergüenza! Todo era para nosotros. Pero la culpa no era nuestra, ¡era de nuestro apetito! 
Tan grande era nuestra ambición que cuando el general Gustavo Rojas Pinilla en 1970 le ganó las elecciones a Misael Pastrana Borrero, el candidato oficial del conservatismo, no nos tembló la mano para robarle las elecciones  a Gurropín -así le decíamos al general haciendo alusión a las iniciales de su nombre-. Mandamos a apagar la radio, decretamos el toque de queda y a la mañana siguiente Misael era el nuevo presidente. A Misael lo hicimos ganar por 60 mil voticos. Claro, a no todo el mundo le gustó la maroma. En ese tiempo también había resentidos. Y a los muy envidiosos le dio por organizarse y fundar el grupo guerrillero M-19.   
A ese contubernio entre liberales y conservadores tuvimos la desfachatez   de bautizar con el nombre de “Frente Nacional”. Nos inventamos que el bipartidismo era la Nación y que la Nación era el bipartidismo. Y nos inventamos que el resto era loma y que no tenían derecho a existir. ¡Maldita sea! (No se rían ni se burlen, por favor. Ustedes no se quedan atrás: se inventaron que la Patria es el expresidente y que el expresidente es la Patria y que el resto son terroristas. ¡Maldita sea!).
Fue así como creamos una democracia restringida que con el tiempo casi asfixia a la Nación colombiana. Ya lo dijo un sabio: “Las soluciones de hoy son el problema de mañana”. Esa democracia restringida que creamos (y que de una u otra forma alargamos más allá de los 16 años inicialmente pactados); esa democracia restringida que se manejaba a punto de “Estado de Sitio”, mejor dicho, a punto de dictadura presidencial;  esa democracia restringida en buena parte fue el caldo de cultivo en el cual nacieron las guerrillas que hoy vomitan balas y cilindros de gas en Colombia. Ese chicharrón fue una de  las herencias que les dejamos a ustedes, colombianos del siglo XXI.  Y que les corresponde a ustedes enfrentar como varones: mirando a ver cómo hacen la paz. Si no quieren que la Historia les dé en la cara, ¡generación de maricas!
En verdad nosotros pecamos gravemente con la solución del “Frente Nacional”. No discuto eso. Pero evitamos más muertos. O los redujimos a sus justas proporciones, como diría el presidente Turbay Ayala. El hecho es que  muchos litros de sangre dejaron de derramarse. Si no hubiéramos parado o reducido la violencia, muchos de ustedes no habrían nacido. Sus abuelos habrían venido a “vivir” bajo tierra antes de parir hijos, es decir, sus papás no habrían nacido. Y sin que nadie lo engendre a uno, es jodido aparecer en la Tierra. ¿Si me entienden?
Ya sé que me van a decir que por razones de “principios” ustedes no pueden sentarse a negociar con terroristas. Claro que no es fácil sentarse a negociar con gente que tiene manchadas las manos de sangre. Nosotros lo sabemos. Nuestra generación  pactó la paz con el conservatismo, que por ese entonces era un partido terrorista. A su servicio tenía a los Pájaros y a los Chulavitas –los paramilitares de esa época- que se especializaban en realizar cortes de “franela” a los campesinos que olían a liberal. Como en ese tiempo no había motosierras, les cortaban el cuello con un machete manual, de esos que funcionan solo a punta de mano dura y corazón desalmado.
Nuestra generación  pactó la paz con el liberalismo, un partido que había organizado guerrillas para defenderse del gobierno conservador. Sí señores, así como leen: guerrillas para defenderse del conservatismo; guerrillas que, por supuesto, en esa guerra defensiva acabaron injustamente y brutalmente con muchas vidas inocentes; guerrillas que con el tiempo desembocaron en la delincuencia común y el bandolerismo.
Sí, negociar la paz con personas que tienen manchadas las manos de sangre es difícil. Pero acaso, ¿alguien aquí tiene las manos limpias? No lo creo. En este país nadie tiene las manos limpias, empezando por la “mano negra” que en los años 80  asesinó a miles de militantes de la Unión Patriótica, el partido desarmado que se formó al calor del frustrado proceso de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc.
¿Ustedes no negocian la paz porque desconfían de los guerrilleros? Ciertamente es difícil confiar en la palabra de las Farc. Desconfíen, eso está bien; desconfíen, eso no los vuelve uribistas. Pero que la desconfianza no los lleve a pensar que la paz es un imposible, ni que la guerra es nuestro destino inexorable. Eso sí los hace uribistas. Recuerden: ahí está el proceso de paz con el M-19 como ejemplo de que sí se puede.
Ahora pónganse la mano en el corazón y respóndanme una pregunta: ¿creen ustedes que los guerrilleros de las Farc confían en el establecimiento después de que cerca de 3.500 militantes de la UP fueron asesinados?
¿Ustedes no negocian porque tienen fresco en la mente el “conejo” que las Farc le hicieron al país en  el Caguán? Ciertamente las Farc nos dejaron colgados de la brocha en 1999. ¡Miserables! El Caguán fue una comedia macabra. A Tirofijo no le dio la gana cumplirle una cita a la Historia y el muy vergajo dejó la silla vacía. ¡Malnacido!
Pero responsabilizar únicamente a las Farc del fracaso de los procesos de paz es una posición muy cómoda, ingenua o medio pendeja. ¿En Colombia únicamente los guerrilleros le han hecho conejo a la paz? No señores. El establecimiento también le ha puesto zancadilla  a la paz.
Por ejemplo: ¿recuerdan ustedes por qué en 1984 Belisario Betancur sacó como Ministro de Defensa al general Fernando Landazábal? Por oponerse activamente al proceso de paz que impulsaba el propio presidente. “Lanzabalas” –como le decían al general- era solo la punta del iceberg. “La paz tiene enemigos agazapados dentro y fuera del gobierno”, dijo el liberal Otto Morales al pasar su carta de renuncia a la Comisión de Paz que había creado el gobierno.
Pero el establecimiento no solo le ha hecho zancadillas a la paz. También le ha hecho la guerra sucia. No ha vacilado en “acostarse” con los paramilitares para acostar en el cementerio a todo aquel que piense distinto. ¡Establecimiento malnacido!
Colombianos sobrevivientes del Siglo XXI:
No busquen pretexto para no intentar la paz. La guerra es el infierno de los pueblos. No se atortolen: quienes pactan la paz normalmente tienen las manos untadas de sangre. La paz no se hace entre ángeles. Acaben con la guerra para que se den cuenta que en Colombia la gente no solo muere por las balas, sino también de hambre. Y pónganse a solucionar ese problema. Ahí les dejo ese chicharrón.
 Cordialmente,
 Yo, el único muerto que escribe a favor de la vida.
@dicksalazar

Nota: Este artículo fue publicado originalmente en septiembre 2 de 2012 en KienyKe. 
       

1 comentario :

  1. Realmente el escrito es muy bueno,,yo soy venezolana,pero siempre he seguido sus problemas de cerca,tengo familiares colombianos,(el abuelo de mi nieta era de Medellin,la esposa de mi hijo es bogotana),y me ha dolido mucho cada vez que se de un evento de la guerrilla.Es verdad,la paz hay que pactarla,para evitarle a las futuras generaciones el dolor por lo que han pasado uds.,eso si,no permitan que un regimen comunista se les implante,ya nosotros vamos directo a eso.Dios los y nos ampare.

    ResponderEliminar