Manejar una tusa con filosofía Por: @Lina_Margarita8

Mujeres hay de todos los tonos, tamaños, sabores, colores y genios. Todas valiosísimas e igualmente bellas en espíritu, cuerpo y razón. El asunto - o mejor el problema- surge cuando pierden –perdemos- nuestra individualidad por querer responder a las exigencias de una sociedad dominante y llena de prejuicios.

Lamento mucho cuando veo que una mujer vive en función de los intereses de un hombre. Obviando los nuevos tiempos, la historia en general nos ha educado para ser mujeres sumisas, tiernas, y entregadas cuando no deberíamos. Nos han enseñado que los hombres esperan -o peor aún, necesitan- compañeras capaces de sostener un hogar, amarlos incondicionalmente, cocinar bien y educar a los niños; pero nunca o muy pocas veces nos enseñan a blindarnos un poco de los males del amor y el peligro de entregarnos desinteresadamente a una causa que casi siempre desconocemos. 

No nos han enseñado que ser profesionales exitosas y tener un amor que nos quiera y respete, no son condiciones mutuamente excluyentes, sino que es algo que cualquier mujer, que así lo quiera, podría tener. No nos han enseñado además, que para querer a otro es requisito innegociable el querernos primero a nosotras.

No nos digamos mentiras, todas absolutamente todas nos hemos desvivido por un hombre... y eso no es necesariamente malo, sólo hay que saberlo - y como todo en la vida- medirlo. Cuando perdemos nuestra libertad y capacidad de decisión, ya dejamos de ser mujeres enamoradas y pasamos a ser más bien, sujetos maleables y ausentes de criterio. Aunque lo aprecio, yo no creo mucho en el feminismo –no lo entiendo-, además porque por fin entendí el mensaje de Fito y comprendí que los ismos no sirven de mucho.

De lo que sí estoy convencida es que las mujeres tenemos que aprender a entender y reconocer nuestras emociones para no errar tanto en nuestras decisiones. No se trata de caer en una perfección innecesaria que nos deshumanice, pero sí de aprender a caminar cuidando nuestro corazón. Si nosotras no lo hacemos, nadie se encargará de esa tarea.

Muchas únicamente hemos tenido que vivir una tusa, que aunque difícil de superar, tampoco es algo tan grave como para no poder seguir adelante. Sin embargo, hay otras mujeres que no cuentan con la misma suerte y terminan irremediablemente sometidas a un matrimonio o relación casi esclavizante y que por alguna razón, casi que ajena a su voluntad, no pueden abandonar.

Esto último es lo que resulta preocupante, porque al final de su camino se dan cuenta que perdieron toda una vida y no supieron cómo. Creo que ese es uno de mis mayores miedos, perder mi esencia, mi espacio y mi yo, por un amor. 

Mujeres: amemos con locura, con despeluque desenfrenado, demos todo - porque al final de eso se trata la vida- vivamos y suframos el amor, intentemos aprender a hacer arroz y a no quemarlo, cocinemos no con el objetivo de mantener un hogar sino para prever el momento en el que viajemos o vivamos solas y necesitemos sobrevivir, aprendamos a mantener un hogar por pasión y utilidad, no por satisfacer el gusto de otros. Todo en la vida es válido siempre y cuando no caigamos en excesos.

Y aunque el asunto de los excesos suene cliché... ¡es cierto! Cuando sintamos que ese amor por el hombre soñado nos está robando libertad y paz individual, es mejor hacernos a un lado y revaluar la situación. Si es amor, debe darse con serenidad, nada de dramas y apegos innecesarios. No es fácil, pero el que no lo sea no nos exime de luchar e intentar alcanzar el objetivo: el de no perder nuestra bellísima naturaleza noble y entregada, pero siempre conservando nuestra independencia emocional con inteligencia, gracia y fuerza. 

Que no se nos olvide que darlo todo y saberlo abandonar en el momento oportuno no son antagónicos, sino complementos justos y necesarios.

Lina Margarita Perea M

 

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