Peste bubónica arrasó con Bogotá en el siglo XXI

Una reciente investigación de la Universidad de San Marino, dirigida por la profesora Mélida Gómez, reveló que Bogotá -la metrópoli que fuera capital de Colombia hasta hace algo más de cuatro siglos-, fue atacada por la peste negra unas semanas antes de su desaparición definitiva como consecuencia de un gran terremoto ocurrido a comienzo del siglo XXI. 

Hasta hoy se pensaba que Bogotá y sus habitantes habían desaparecido bajo el movimiento telúrico que azotó al altiplano de Cundinamarca en 2013. La verdad es algo distinta:  si bien el terremoto acabó con la infraestructura de la ciudad sepultándola completamente, la peste negra había diezmado unas semanas antes a todos sus habitantes. 


Es la primera vez que se tiene noticia de que una pandemia de esta naturaleza hizo presencia en territorio colombiano. Históricamente la peste negra o bubónica está ligada a Eurasia, cuya peor manifestación se produjo en el siglo XIV, cuando cercenó la vida de aproximadamente 60 millones de personas en el lapso de un par de décadas. 

El estudio interdisciplinario dirigido por la profesora Gómez sostiene que la peste negra azotó a Bogotá en los primeros días de diciembre de 2013, aniquilando de un solo golpe a la totalidad de sus habitantes. De ser así, esta sería la pandemia más grave ocurrida en América, después de la que sufrieran los indígenas con la llegada de los conquistadores españoles, quienes portaban enfermedades como la viruela, sarampión, tifus y gripa, contra las cuales los indígenas carecían de defensas biológicas. Algunos historiadores calculan en 50 millones el número de nativos que murieron bajo los "bichos" y la pólvora de los arcabuces de los peninsulares en un lapso de 150 años (1550-1700).


Con una velocidad que se considera récord histórico, la peste negra mató en Bogotá siete millones de personas en un lapso de pocos días. Una suma casi igual al número de víctimas que produjo el conflicto armado que sufrió Colombia entre 1948 y 2099, desangre al que se le puso fin mediante un tratado de paz firmado por las guerrillas y el presidente de la república  Justin Ferney Garnica. 

Según la profesora Gómez, "cuando el terremoto sepultó a Bogotá en el fatídico 21 de diciembre de 2013 (la verdadera profecía Chibcha), todos sus habitantes habían muerto quince días atrás, víctimas de la peste negra". El foco infeccioso se había incubado hacia finales del 2012 y permaneció latente durante un año antes de explotar con furia como consecuencia de un conjunto de factores climáticos y sociales.

Jamás en la historia de Colombia y del mundo se había visto una infección tan agresiva como la que atacó en esos momentos a los bogotanos. La peste negra se manifestó en todas su modalidades: bubónica, pulmonar y septicémica. Las personas se contagiaban no solamente a través de la picadura de la pulga de la rata negra, sino también a través del aire. De tal forma que toser equivalía a convertirse en asesino y respirar en una forma de suicidarse; quien se rascaba estaba ya condenado. La agresividad de la enfermedad era tal, que no se manifestaba en tres o cinco días -como normalmente ocurre-, sino en cuestión de horas y minutos.

"La peste negra se evidencia en las ingles, axilas o cuello de las personas.  Los nódulos del sistema linfático se inflaman de manera considerable; aparecen pústulas de sangre -hemorragias cutáneas de color negro azulado-, acompañadas de abundantes supuraciones de color amarillo verdoso. Las fiebres altas provocan en los enfermos escalofríos y delirios", explica el médico Roberto Paternina, integrante del equipo investigativo de la Universidad San Marino.

No es fácil establecer las causas por las que la peste negra se desarrolló de manera virulenta en la antigua capital de Colombia. Tras el terremoto, la ciudad quedó sepultada 50 metros bajo tierra y el área fue declara Campo Santo Nacional. Las excavaciones que actualmente realizan los arqueólogos de la Universidad San Marino avanzan de manera lenta por cuanto los suelos son peligrosos, inestables y propicios al hundimiento, como consecuencia del secamiento del subsuelo a que fue sometida durante años por los bogotanos. Por eso se prohibió volverlo a habitar. Sin embargo, los arqueólogos han podido encontrar algunos elementos y datos que arrojan pistas sobre lo que pudo haber ocurrido. 

Documentos hallados por el equipo de investigadores probarían que la peste se incubó entre el 18 y el 22  de diciembre de 2012, cuando la ciudad inició un cambio en el esquema de recolección de basuras. El burgomaestre de aquella época intentó quitarle a cuatro empresas del sector privado el monopolio sobre el negocio de la recolección de desperdicios. La batalla fue encarnizada y la guerra, sucia.  Días antes de que vencieran sus contratos, las empresas dejaron de recoger varias toneladas de basuras. En los primeros días, la incipiente empresa creada por la Alcaldía se vio a gatas para cumplir su cometido. Y fue así como las basuras permanecieron en la calle tres o cuatro días creando un poderoso foco de infección que un año después desembocó en la mortal peste negra.


El procurador general de aquella época, Alejandro Ordóñez Maldonado, advirtió sobre las graves consecuencias que para la salud de la ciudadanía acarrearían las basuras no recogidas por el burgomaestre Gustavo Petro y le entabló un severo proceso disciplinario. Cuando lo destituyó de su cargo, era demasiado tarde: la peste bubónica se había devorado prácticamente a toda la población de la capital, incluídos el alcalde y al mismo procurador. 

Varios factores explican la virulencia de aquella peste: los inicios del cambio climático, el hacinamiento y la crisis del sistema de salud.

El recalentamiento global que hoy padece el mundo tuvo sus primeras manifestaciones en Colombia hacia comienzos del siglo XXI. El clima empezó a tornarse inestable e impredecible. A días de torrenciales lluvias podían seguir días de calores intensos. Estas condiciones climáticas no solo pudieron favorecer las mutaciones de bacilos y microorganismos, sino también generó dos fenómenos aparentemente contradictorios, pero que son caras de una misma moneda: que los microorganismos adoptaran un estado de letargo o hibernación durante largos periodos de tiempo para repentinamente despertar con inusitada virulencia. Eso explicaría cómo basuras dejadas de recoger en diciembre de 2012 tuvieron gravísimas consecuencias sanitarias un año después.

El hacinamiento pudo ser el segundo factor que contribuyó a la proliferación de la peste negra.  Miles de personas se transportaban en las horas picos en buses públicos completamente atestados y a punto de reventar. Transmilenio -como se denominaba por aquellos tiempos a la empresa de transporte público- fue el caldo de cultivo perfecto para la diseminación de la peste bubónica. Cerca de dos millones de personas -hacinadas y apretujadas- se movilizaban cada día en los buses articulados.  La cercanía corporal de los pasajeros, respirando el mismo aire y compartiendo los mismos efluvios, facilitaba el contagio de la enfermedad.

Pero el hacinamiento también se presentaba bajo otra modalidad: los "trancones" de carros en las vías. Dado el alto número de automóviles particulares que recorrían las pocas y malas  vías existentes, la movilidad era muy baja, llegando a congelarse totalmente en muchos momentos. Eso facilitaba que el Yersinia Pestis -el vacilo productor de la peste bubónica- pasara de automóvil a automóvil, de conductor a conductor. Como si fuera poco, los bostezos frecuentes de los automovilistas en los trancones, como producto del aburrimiento, facilitaba la introducción del bacilo en sus pulmones.  

Por su parte,  la gravísima crisis que afectaba al sistema de salud en esos momentos  impidió darle una rápida y efectiva respuesta a la epidemia. Los bogotanos quedaron así condenados a una muerte masiva en medio de la impotencia. Aprendieron de una vez y para siempre -pero demasiado tarde- que el acetaminofén no cura todas las enfermedades. 

Los arqueólogos que realizan las excavaciones en la antigua capital, han encontrado miles de esqueletos en lo que fueron las calles y avenidas de la ciudad. La muerte sorprendió a los bogotanos en sus casa, oficinas, centros comerciales, buses. Se han encontrado grandes fosas comunes en donde apilaron miles y miles de cadáveres. Un hecho ha llamado la atención de los investigadores: en las ruinas del estadio de fútbol fueron encontrados cerca de dos millones de esqueletos y en la plaza de toros, un millón (pero extrañamente no se encontró el esqueleto de ningún toro). Seguramente, ante la magnitud de la enfermedad, las autoridades no tuvieron otra alternativa que convertir estos dos escenarios en fosas comunes, las más grandes que recuerde la historia universal. Pero todo fue inútil. No alcanzaron a recoger a todos los muertos, ni hubo quien enterrara a los sepultureros.

@dicksalzar

        


4 comentarios :

  1. articulo horrible,se parece al programa de Orson Welles de la invasion extraterrestre,ni Dios quiera que eso suceda,plis,humor muy negro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Puedo entender tu molestia, estimada Magaly. Ofrezco mis disculpas. A mi favor tan solo puedo alegar que he creado una historia exagerada para tomarle el pelo a una situación también exagerada. La culpa realmente la tiene el señor Procurador, por extremista. Cordial saludo.

      Eliminar
  2. DIOS MIO QUE SADISMO ESTO DE LA PESTE NEGRA EN BOGOTÁ COLOMBIA Y LO DEL TERREMOTO QUE SEPULTO 50 METROS BAJO TIERRA LAS FECHAS LOS CONTAGIADOS SON AUTOMÓVILES WTF QUE IMAGINACIÓN TAN GRANDE Y SÁDICA TIENE LA PERSONA QUE ESCRIBO ESTA CRÓNICA TAN LOCA Y FUERA DE CONTEXTO ��

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me imagino que no eres colombiano, mi estimado señor anónimo. Por eso seguramente no conoces a fondo la situación de nuestro país ni su historia ni su devenir cotidiano. Ocurre que El Periódicko es un panfleto de carácter esencialmente político. Y es bajo este puno de vista que se debe juzgar sus artículos. Precisamente este exagerado artículo tiene como objetivo la crítica política a una acción exagerada del procurador Alejandro Ordóñez contra el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Es por eso que no encuentro acertado calificar mi imaginación de sádica y fuera de contexto. En que sea loca y grande, podríamos estar de acuerdo. Saludos, mi desconocido amigo. Y gracias por leer estas carajadas.

      Eliminar