Histórica declaración de amor de @acastanedamunoz .

Hay muchas maneras de declararle el amor a una mujer. Se puede hacerlo en voz alta o en susurro, en prosa o en verso. Se puede hacerlo a través de una canción, de una mirada o una ventana.  Se puede también declarar el amor en Transmilenio, en un taxi o desde una hamaca. Hay quienes declaran amor llevando una flor en la mano, o teniendo en el bolsillo mil pesos y en la cabeza una lata de cerveza. También es posible recitar amor con lágrimas en los ojos, completamente de luto o vistiendo bluyines y zapatos rojos.  Pero hacerlo a través de El Periódicko y usando la historia y la política como vehículo, eso solo está al alcance de un hombre como Andrés Castañeda Muñoz. @dicksalazar


Única y feliz

Corría el siglo XIX, inocente. Transitaba sobre calles empedradas y caminos de herraje, sucios de polvo y carbón. Las montañas eran verdes, más verdes y magníficas que ahora y el firmamento poderoso no imaginaba aún cuanto horror padecería esta tierra exquisita.

Corría el siglo XIX, pues, entre rumores de revueltas y descontentos, entre periódicos clandestinos, agitaciones nocturnas y mazmorras infrahumanas, entre el lujo monarca y la miseria criolla y esa voz callada emergió de pronto para hacer temblar la tierra del maíz.

Era un día de mercado como cualquiera y la multitud enardecida se aglomeró en torno a una voz poderosa y lúcida que inmortalizó sus palabras y sentó las bases de la revolución que murió después, a manos de nuevos monarcas que se pusieron otros nombres:

 “Si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y feliz, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes”.

No imaginaba aquel orador que sus palabras pasarían a la historia; no imaginaba José Acevedo y Gómez, aquel hombre magnífico, que iban a repetirse tantas veces. No imaginaba el Tributo que yo, un pobre insurgente de la palabra, iba a usufructuar su discurso en estas líneas para referirme a ti, mujer.

Es con ocasión tuya que se han desplegado sobre mí poderosas mareas de sentimientos encarcelados.

Es con ocasión tuya, de tu presencia y tu sonrisa, que el estómago –de donde creían los griegos que nacían las ideas- me ha dicho que todavía está vivo y que es más que una alacena voraz.

Es precisamente por eso, porque eres única y porque saber de tu existencia me hace feliz, que escribo ahora con la intención de no perder estos momentos de efervescencia y de no dejar escapar esta ocasión única y feliz, antes de que mi mente trate a mi corazón como un insurgente. Guerrillero, como dicen ahora.

No voy a llenar estas líneas de promesas y palabras estruendosas. Solo quiero aprovechar el discurso para pedirte, con el corazón agitado como aquella multitud de 1810, precisamente eso: que sigas, mujer, ¡siendo una ocasión única y feliz!

Andrés Castañeda Muñoz
@acastanedamunoz




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