Así vio @ProcuOrdonese a Petro en Barranquilla

Cinco notarías y cuatro cargos en el Ministerio Púbico fueron suficientes para que Dick Salazar me permitiera evangelizar al populacho colombiano desde El Periodicko.com, así que todos los domingos a partir de hoy –después de misa de 6:00 p.m.- se alistan para una nueva y purificadora entrega.

Pues bien, debo empezar diciendo que tuve un orgasmo cuando vi que Juan Manuel ‘Mermelada’ Santos llenó el estadio de beisbol Tomás Arrieta hace apenas 15 días en Barranquilla. El hecho de que se haya necesitado de orquestas famosas, contratar buses, ofrecer comida y camisetas, etc. además de arrestar a varios opositores, es algo menor y sin importancia. Y no es para menos: vi cómo Santos se orinaba… de la risa por ver que la oposición estaba anulada ante ese caudal de barranquilleros incondicionales a él. La capital del Atlántico parecía, como él mismo lo dijo, su “novia fiel”.

Pero como la envidia es un mal del que padecen los guerrilleros izquierdosos, al bandido del Petro también se le dio por visitar ‘La Arenosa’. Por supuesto que no podía perderme esa ridiculez: me imaginé que sólo unos 20 o 30 revoltosos con boinas rojas estarían escuchando al caballo inhabilitado, quien estaría gritando con un megáfono encima de una banca. Me empecé a preparar para pasar desapercibido entre los del ‘eme’: me dejé la barba y no me bañé durante 5 días. 


Esa plaza, la misma que muchas veces ha sido colmada en torno a figuras emblemáticas de la historia nacional como Roberto Gerlein y Efraín Cepeda, se llenó esta vez con 20.000 de mamertos. Quizás son empleados del Distrito, me dije, pero de inmediato recordé que la menina alcaldesa Elsa Noguera es de Cambio Radical -el partido del que tiene la mano menos untada, aunque sea porque le falta media mano-. 

Me imagino que los líderes progresistas de Barranquilla tuvieron que peluquear y bañar a todos esos estudiantes de la Universidad del Atlántico porque hasta parecían gente de bien, carajo. Ahora el indignado era yo. Quise llevar a los más de 200.000 votantes que apoyaron a ‘Robert’ y a ‘Fincho’ para armar el holocausto, pero recordé que esos sufragantes sólo fueron conservadores durante cinco minutos: lo que duraron devorando el tamal que se les entregó. Descarté la estrategia contrainsurgente; guardé calma.


Decidí dedicarme a contemplar mi alrededor: vi un mensaje que aseguraba que “Santos se había meado en Barranquilla y la había cagado en Bogotá”; otro que maldecía el “aparato excretor” que me había parido, como si yo fuese el fiscal Montealegre, que es un malpa%$#?%.

Y así seguí hasta que habló el indio inmundo zurdo que mandé a la lona por 15 años por haber vulnerado los derechos de los indefensos contratistas que se encargaban de recoger la basura bogotana… y no hablo de Lucho Garzón y Alfonso Prada, que quede claro, sino de los desechos.

Al final fue más de lo mismo: dignidad del pueblo, derechos humanos, reivindicación social, igualdad popular, diversidad cultural, entre otros conceptos propios de la izquierda mañosa y mariguanera.

Y cuando al únísono las 20.000 personas presentes gritaban "¡nopasarán!", yo gritaba: ¡Ya pasamos, y sin vaselina! Incluso, Petro, recordó que yo había quemados libros de "Gabo" porque

los consideraba impuros. ¡Y cómo no! ¿Acaso hablar de “mariposas amarillas” no es un claro guiño a los gais del Polo Democrático? 

Me aparté sin llamar la atención. La próxima vez me traigo un grupo de autodefensas urbanas, es decir, a los del Centro Demoníaco. Ya verán que esa plaza no se llena más, y si se llena, habrá fiesta de falsos positivos. De todas maneras no me preocupa que la novia de Santos tenga un mozo: finalmente por la mermelada las “novias” más fieles terminan siendo putas, mientras el pueblo se sigue comiendo la tostada seca.

Con benevolencia,


Alejandro Ordóñese Mal-donado.
          @ProcuOrdonese


Post Scriptum
Cabe advertir que si Francisco ‘Picachú’ Santos llega a la Alcaldía de Bogotá no va a repartir mermelada sino compota, mostrando -con su alma de niño- el claro distanciamiento familiar.


   

1 comentario :

  1. Primero no se llama Alejandro sino Aleja-andro por aquello del retiro a sombrerazos de un prohombre para ejercer sus libertades públicas. Segundo no se apellida Ordóñese sino Ordénese, por aquello del autoritarismo y el celibato...Y por último, me pregunto por qué no se le habrá ocurrido cerrar la tal plaza y destituir a la Alcaldesa por permitir reuniones de tantos izquierdosos en un mismo lugar...

    ResponderEliminar