Colombia: la felicidá. Por @marajita

David Durán, mi admirado tuitero, poeta y escritor venezolano, aquel "eterno aprendiz, curioso de la música y la palabra" (como él mismo se auto-describe en su biografía de twitter), al que sigo hace ya bastante tiempo y con quien me he identificado muchísimo, publicó hace poco un tuit que me puso a pensar sobre Colombia y Venezuela, sobre qué significa la felicidad y la tristeza para un pueblo, y cómo esa felicidad a veces se confunde con negación.



Pienso especialmente en mi país, Colombia, que según el "barómetro global de felicidad y esperanza" sigue ocupando los primeros lugares como uno de los países más felices del mundo, y en cómo el resultado de una encuesta global nos genera tantas posiciones diversas: a algunos los espanta, a otros nos alegra, a algunos les da rabia, a otros nos divierte, a algunos les resulta irónico, a otros nos maravilla seguir viendo la capacidad que tenemos los colombianos de transformar nuestro realismo trágico en algo mágico, de reírnos de lo bueno, de lo malo, y de no perder jamás la esperanza:


Será que todo este realismo mágico es en el fondo nuestra forma de negarnos a la dura realidad que vivimos, o será quizás que somos un pueblo tan maduro en el manejo de nuestras emociones que hemos aprendido, a fuerza de soportar tantos dolores y decepciones, que la mejor forma para mitigar nuestras tristezas es la de adoptar una actitud folclórica y mamagallista frente a la vida?

Yo creo que no es negación, tampoco ignorancia; la mayoría de los colombianos sabemos perfectamente cuál es nuestra realidad. Incluso muchos -y esto me duele decirlo-, desayunan, almuerzan y comen pegados a las pantallas de sus televisores viendo las noticias 'frescas' que publican los grandes medios sensacionalistas (calcule!). Por eso insisto, no es que no sepamos qué pasa, es que somos prácticos; hemos desarrollado esa capacidad de "enfrentarse a una mala situación precisamente con una pequeña broma heroica en lugar de someterse a ella simplemente sin comentarios" (Elizabeth Lukas citando a Viktor Frankl). 

Son esos comentarios los que, día a día, le ponen sabor a nuestras vidas y pintan sonrisas en nuestras caras; son esos comentarios los que hacen que nos queramos quedar en nuestro país (a pesar de); porque preferimos tener con quien reír, con quien llorar, con quien tomar del pelo, con quien despotricar, con quién hacernos más amable la vida.

Y sí, a pesar de lo duro de nuestra historia, aún no hemos perdido esa calidez humana reconocida en todo el mundo, esa amabilidad innata que hace que la mayoría de los colombianos que vivimos acá prefiramos quedarnos y que los que viven en el exterior anhelen regresar. Aún sabiendo que al aplicar los estándares internacionales para medir aspectos como la expectativa de vida, la educación y la calidad de vida en nuestro país los resultados no son los mejores y que los indicadores de desigualdad, frente a otros países del mundo, no pueden sino avergonzarnos en medio de tanta riqueza, acá estamos y acá nos la gozamos a punta de chistes buenos, flojos, malos y re malos.

El Tiempo. Colombia tiene la tercera peor desigualdad entre 129 países del mundo


Precisamente, regresando a la pregunta que se hace mi querido David Durán, sólo le puedo decir a él, y a todos los venezolanos que están viviendo momentos tan difíciles en su país, que la respuesta la tenemos los colombianos: "Una sonrisa sobre uno mismo rompe el hechizo del miedo". (Viktor Frankl)

Y es que casualmente en este comienzo de año cuando salió la noticia que Colombia había sido señalada, una vez más, como uno de los países más felices del mundo, me encontraba yo leyendo varios libros sobre la vida y obra de Viktor Frankl, aquel psiquiatra austriaco judío que padeció y sobrevivió el horror de los campos de concentración nazis y que nos dejó como legado la logoterapia, 

Tratando de buscarle un sentido al sinsentido que el resultado del "barómetro global de felicidad y esperanza" parecía reflejar, de la mano de Frankl encontré una posible respuesta: "La libertad humana es libertad finita. El ser humano no está libre de condiciones, sino que sólo es libre de adoptar una actitud frente a ellas. Pero estas no lo determinan inequívocamente, porque, al fin y al cabo, le corresponde a él determinar si sucumbe o no a las condiciones, si se somete o no a ellas (...) El humor es, junto con la confianza, la mejor terapia (...) el sentido en el sinsentido". 


Todos los días lo injusto y lo absurdo de las cosas que pasan en Colombia y en el mundo nos hacen rabiar, eso es innegable. Después del impacto inicial de las noticias tenemos dos opciones: echarnos a reír o sentarnos a llorar. ¿Cuál cree usted que sea la actitud más esperanzadora a tomar, sin dejar de lado la responsabilidad de hacer y exigir un mundo mejor en todo y para todos?

María José González
@marajita

Dedicada con todo mi cariño a:
Alelí, que me animó a leer en busca del sentido.
@_buenafortuna, que me animó a escribir sobre el sentido.


   

2 comentarios :

  1. Colombia es más grande que los problemas por los que pasa actualmente.Colombiano es su gente y su gente es una maravilla.

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  2. Como dice el dicho "al mal tiempo buena cara" no es d sorprenderse q seamos el país mas feliz pues con tantos malos tiempos mantenemos con una buena cara

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