Lo árboles estrenan nueva manera de morir


"Los árboles cobardes agonizan antes de morir;
 los valientes, ni se enteran de su muerte". 
Arbusto Guaduales 

Hay muchas maneras de morir. Se puede fallecer de causas naturales, de viejo, debido a un accidente, de diez disparos, de dos tiros o de una sola bala. Hay también maneras dulces de morir: oyendo una bala-da, por ejemplo. Se puede uno morir de amor, de una infección o de la pura envidia, mejor dicho, de rasquiña en el alma.

Uno también puede morir de una puñalada, o simplemente de media. Se puede fallecer en el campo, o en la ciudad en medio de una manifestación de apoyo a un paro agrario, a manos de la policía, o mejor, bajo sus pies y sus botas. En fin, son infinitas las maneras que existen de estirar la pata, con estilo o sin estilo. Clasificarlas supuso una tarea titánica que la ciencia tan solo pudo efectuar hacia mediados del siglo XX.


Ese mérito le correspondió al científico francés Jean Pierre Chancleau, profesor de la Universidad Eiffel de París, quien en 1949 estableció que “el ser humano  puede morir básicamente  de dos modos: sentado o acostado. Morir parado o de pie, es modalidad reservada exclusivamente a los árboles”.

Esta última afirmación del profesor Chancleau causó mucha polémica en los círculos académicos. Pero finalmente su tesis se impuso por la contundencia de sus argumentos: “No es posible que las personas puedan morir de pie. Quien sufra de un fulminante ataque cardíaco mientras camina o corre, por ejemplo, en realidad no muere de pie: muere desplomado en el piso, es decir, acostado sobre el suelo”, expuso el profesor Chancleau en la página 654 de su obra cumbre: La Clasificación Científica de las Formas de Abandonar el Planeta, traducida impecablemente al castellano por el emérito poeta colombiano Willington Ortíz Trespalacios.


Según demostró Chancleau en su libro, “para morir de pie se requeriría un imposible: permanecer ‘congelado’ verticalmente durante un lapso de tiempo considerable. Fenómeno que hasta ahora no ha ocurrido ni jamás ocurrirá, en virtud de que la fuerza de gravedad tiene prohibido que algo así suceda. Expresión de la obediencia a esta ley es el hecho de que a quien está en trance de morir le sobreviene automáticamente flacidez muscular, circunstancia que necesariamente hace desplomar su cuerpo. Tan solo los árboles  están autorizados para morir de pie. Y esto es así  por una sola razón: para que el español don Alejandro Casona pueda publicar su inmortal obra que lleva por título, precisamente, Los Árboles Mueren de Pie. Sin embargo, está autorización no es eterna. Tendrá una duración máxima de 65 años, a partir de hoy, 1 de febrero de 1949”.

Para El Periódicko.com es un orgullo dar a conocer a sus lectores una chiva de carácter mundial: el plazo fijado por el profesor francés ha concluido. Y lo más sorprendente es que el sitio del planeta escogido para que los árboles empiecen a morir de una nueva manera, es honor que le ha correspondido a la ciudad de Bogotá, capital de la República de Colombia.  

En efecto, desde inicio de este lluvioso mes de marzo,  cientos de árboles bogotanos están estrenando una nueva manera de morir: cayendo  directamente al piso, sin avisar y sin ningún tipo de trámite burocrático previo. Lamentablemente, en ciertos casos, antes de tocar tierra, algunos árboles han hecho una pequeña escala en el techo de algún carro o edificación, o en la frágil humanidad de algún distraído peatón. Se trata de una peligrosa moda que debe ser prohibida cuanto antes por las autoridades distritales, antes de que empiece a echar raíces y se vuelva una tradición cultural entre los árboles capitalinos.

@dicksalazar


   

¿Por qué se están cayendo los árboles en Bogotá? Semana.

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