@marajita, el derecho a ser "voltiarepas"

Hay un viejo refrán que dice que "hablar de religión, política y fútbol termina siempre en discusiones bizantinas".  Casi desde que tengo "uso de razón" he estado sumergida en ese tipo de discusiones que poco a poco han ido formado mi carácter y mi criterio.

Gracias al sinnúmero de ocasiones en que desde niña me sentaba con mis padres o con conocidos de la familia a discurrir sobre temas políticos, cotidianos, históricos, literarios o simplemente a "rajar" de la vida, siempre terminábamos sumergidos en alguno de esos asuntos en los que cada uno tenía su opinión y en los que los argumentos, aún los más maravillosamente bien sustentados, resultaban inútiles para convencer a quienes tenían un punto de vista diferente.


Lo cierto es que la persona de ideas más "fijas" en la familia siempre ha sido mi mamá, una mujer que cuando quiere, adora, y cuando no quiere, borra de su mente la existencia de la persona; una mujer radical, de familia ultra conservadora, que en su vida no ha matado ni a una mosca pero que conoce bien las armas de fuego y sabe cómo usarlas; una mujer que creció en medio de la violencia de los años cincuenta en Colombia, cuando las amenazas de la guerrilla tocaban a las puertas de la finca de mis abuelos todos los días, no quedándoles más remedio que armarse para defenderse; una mujer maravillosa, pero... uribista acérrima (¡deje así!).

Esa mujer que amo, siempre termina nuestras discusiones 'bizantinas' sobre política con un "tú lo que eres es una voltiarepas". Es su manera dulcemente insultante de no esgrimir más de "sus argumentos", de reclamarme y decirme que no está de acuerdo con mi movilidad de afectos políticos, por no ser "de una sola pieza". Sí, es verdad, tal vez a excepción de Antanas Mockus, a quién elegí, seguí y admiré por muchos años, aún no he encontrado el político que me convenza. Suelo evaluar las cualidades de uno y de otro político, y al final decido mi voto con tan sólo una semana (o menos) de anticipación a las elecciones. También es verdad, como ya lo he confesado varias veces -aunque aún no haya recibido suficiente látigo por eso-, en alguna época fui uribista (¡deje así!)


Justo en este momento político que estamos viviendo en Colombia, me pregunto si el hecho de ser "voltiarepas" es una ventaja o una desventaja para mí y para este país que amo, y justo hoy leo un artículo de opinión en la revista Semana escrito por Marta Ruiz que me encantó y me dio la respuesta: "Saldremos a votar como un acto de fe en ese puñado de gente decente, bien intencionada, que posiblemente saldrá elegida y llevará nuestra voz al Congreso. Porque el voto se ha convertido más que en un acto de soberanía popular, en un acto de fe."

Votar, ese acto de fe. Columna de marta Ruiz en Semana

Tal vez no es que sea 'voltiarepas' solo por serlo, simplemente me gusta hacer constantemente "actos de fe" en los políticos. Esa es mi forma de responder al sistema electoral que tenemos, que si bien puede que no sea el mejor, también es cierto que a su manera funciona. O por lo menos consuela saber que no estamos sumergidos en una dictadura, aunque a ratos parezca tiránico.


Una democracia representativa, aunque esto se les olvide a la mayoría de nuestros representantes una vez electos, exige de nosotros sus soberanos, precisamente vivir informados. Antes de elegirlos, debemos saber quiénes son, qué hacen, cuál es su programa de gobierno. Y una vez electos, debemos analizar cómo nos representan, en qué han acertado, en qué han fallado.

Una democracia representativa nos da el derecho inalienable a evaluar una y otra vez a nuestros gobernantes, y si nos toca como resultado ser "voltiarepas" pues seámoslo una y otra vez, hasta que demos con el mejor y lo mejor para Colombia.


      

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