@acastanedamunoz: Nacer, crecer...

Nacer, crecer, reproducirse y morir. El ciclo vital, el camino irremediable de la vida, la lección que enseñan en el colegio y que repetimos como máquinas sin alma que repiten por repetir: mentes programadas. 


Nacer. Salir del vientre materno, de la comodidad de la matriz, de la primera zona de confort, abrir los ojos al mundo, a la luz, a la oscuridad, al amor, al odio, a lo incomprendido, a las palabras que no se conocen, a rostros extraños, a todo aquello que no se ha visto jamás. A uno no le preguntan si quiere nacer, lo empujan al mundo así nada más, sin decirle nada. O quizás sí, pero uno no lo recuerda. 

Crecer. Caminar, correr, memorizar los rostros antes extraños, darle nombre a todo lo que se ve y antes no se había visto, desarrollarse, relacionarse, trabajar, soñar con tener dinero, anhelarlo, desearlo como no se desea otra cosa, buscar afanosamente a alguien para el siguiente paso. 

Reproducirse. Prolongarse, buscar la eternidad –ese egoísta ideal de vivir para siempre así sea por medio de los hijos y creer que con ello se garantiza que la propia huella sobre la Tierra no desaparecerá-, conseguir dinero, acumularlo, volverse rico, tener casa (si es una mansión, mejor), carro (o carros, puede ser un auto deportivo, importado, de diseño exclusivo, una camioneta blindada, varios carros de colección), beca, una esposa supermodelo, dos o tres hijos maravillosos y perfectos y felices, mascotas y una maldita vida perfecta. 

Morir. Colgar los tenis (cosa que se hace mucho acá en Colombia: mire usted por la ventana y de seguro en los cables de luz encontrará un par de tenis colgados), dormir en pijama de madera, irse pa’ donde Chuchito a averiguar finalmente a qué huele la nada de Dios, cortar por completo los pensamientos y el accionar del corazón, abandonar el mundo cruel. Dejar de existir. 

Nacer, crecer, reproducirse y morir. Un ciclo perfectamente inservible de una humanidad que camina sin trastabillar hacia su homogenización, hacia su final transformación en una máquina que escupe y traga seres humanos con voracidad insaciable.

Se nos olvida vivir. Deberíamos saber que crecer es parte de eso, y que crecer implica más que seguir pasos. Que vivir es mirar más allá, es detenerse a mirar que el mundo no se detiene y poder burlarse de ello:

 “¿A dónde van con tanto afán? –puede preguntarse uno- De todas maneras, van a llegar al mismo sitio”. 

Vivir es comprender que el tiempo es un dictador y contra todo dictador no queda más remedio que rebelarse.

Deberíamos entender que la vida tiene reglas que se pueden romper, que se puede amar a cualquiera porque el amor no es una fórmula matemática, lo importante es amar y no hay vida más vacía que la que transcurre sin afectos. Que hay que enamorarse y escribir cartas y componer canciones y maldecir de vez en cuando

Y deberíamos también dejar de obsesionarnos con la muerte porque finalmente ella saldrá victoriosa, pero podemos al final jactarnos de haberle dado una buena batalla.

@acastanedamunoz



       

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