La preguntadera es mi enfermedad

Pareciera que he venido a este mundo con un solo objetivo: coleccionar preguntas. A lo largo de mi vida me he formulado preguntas de toda clase: históricas, histéricas, geográficas, gráficas, etológicas, ecológicas, escatológicas, ontológicas, políticas, sociales, económicas... En esas me la paso todo el día y parte de la noche: haciéndome preguntas, conjugando el verbo preguntar, un verbo que para mí es absolutamente irregular porque a las preguntas que me hago no siempre les encuentro una respuesta acertada. ¡Qué enfermedad!


¿Por qué me pasa eso a mí? Esa es otra -precisamente- de mis preguntas a la que no le he podido dar respuesta. Lo sé, mi enfermedad es grave; y lo peor: va en aumento, es progresiva e irreversible. He notado que a mi manía de hacerme preguntas, últimamente se le ha ido añadiendo otro mal: las preguntas que me formulo son cada vez más difíciles de responder. Algo maluco me está pasando.

El empeoramiento de mi enfermedad empezó semanas atrás. Exactamente el sábado 3 de mayo a las 3:33 de la tarde. Ese día y a esa hora me hice esta pregunta de carácter histórico:

¿De qué color eran las medias que tenía puestas Simón Bolivar el día que libró la batalla de Boyacá?

Sin duda, obtener la respuesta a este interrogante es sumamente difícil. Sobre las medias de Bolivar poco se sabe. Al respecto nada dice la Historia. Y preguntarle directamente a Bolivar es complicado: los muertos no hablan y, mucho menos, de asuntos personales.

Ocho días después, el 10 de mayo, volví a hacerme otra pregunta de esas muy difíciles de contestar:

¿Cuántas medias de aguardiente necesita tomarse una media para quedar medio borracha?

Esta es la hora en que todavía no he podido resolver con certeza esa pregunta. Y creo que nunca podré hacerlo. El tema es complejo, intrincado, oscuro, etéreo, etílico.  Añoro los tiempos en que me hacía preguntas simples y sencillas y era absolutamente feliz e indocumentado. Añoro la época en que una pregunta sin respuesta no me retumbaba en la cabeza día tras día, como me sucede ahora. ¡No puedo más!

No hay nada más martirizante que una pregunta que pide a gritos ser respondida. Me hago el sordo, pero ahí sigue la pregunta gritándome a todo pulmón que la responda. Me siento impotente. ¡Quién diablos va a saber cuántas medias de aguardiente necesita tomarse una media para quedar medio borracha..! Nadie, absolutamente nadie.

El sábado pasado, exactamente el sábado marcado con el número 17 en el calendario de mayo de 2014, una luz de esperanza brilló sobre mi salud mental. Ese día pensé que mi enfermedad había empezado a ceder. Afloraron a mi mente dos preguntas difíciles de responder, pero no imposibles. Mi mejoría era notoria. 

1. Cuando una media mete la pata... ¿se puede decir que quedó como un zapato?
2. ¿Es de buena educación mandar a comer mierda a una mosca?

Durante toda la semana pasada estuve contento. Creí que mi enfermedad de la preguntadera había vuelto a sus "justas proporciones". Me sentía feliz. Mi cabeza seguía con la maña de formularme preguntas, pero tan solo preguntas relativamente difíciles de contestar. No absolutamente difíciles o imposibles de responder. Por ejemplo, el viernes 23 de mayo, se me vino a la cabeza esta pregunta: 

A partir de una parte inferior del cuerpo humano y de un alimento básico hecho de masa horneada de harina de cereales, ¿se puede obtener una prenda de vestir? 

Debo reconocer que la pregunta es difícil, algo enredada, pero no imposible. Con trabajo y paciencia se puede responder. Un bachiller promedio emplearía 30 días en responderla. Pero tranquilos: un mes en el mundo de la ciencia de la preguntadera no es mucho.

El complicado acertijo tiene la siguiente respuesta lógico-matemática:

1. ¿Cuál es una parte inferior del cuerpo humano? Sencillo: la pierna, sea la derecha o la izquierda; de la pierna la parte inferior es el pie, sea este el izquierdo o el derecho. Y del pie -sin importar cual de los dos- escogemos el talón. ¿Por qué esta escogencia?  Porque sí. 

2. ¿Qué alimento básico se hace horneando harina de cereal? La respuesta es pan comido: el pan.

Tenemos, entonces, los dos términos de la ecuación: talón y pan.

Ahora bien: ¿Qué prenda de vestir se puede fabricar con, por una parte, un talón y, por otra, un pan?

Procedemos entonces a despejar la incógnita realizando una inversión de los términos, operación que arroja automáticamente la respuesta:

Pan-talón. Un pantalón es la prenda de vestir que se puede hacer con una parte inferior del cuerpo humano y un alimento básico. ¡Sí señor!

Pero no hay recuperación de mi salud que dure más de una semana. Ayer sábado 24 de mayo de 2014, las esperanzas de recuperar mi salud mental se fueron al piso, por no decir al comedor de las moscas. Otra vez las preguntas de infinita dificultad bombardean lo poco que me queda de cerebro. Una pregunta especialmente jodida me martilló la cabeza:

¿Por quién votaré hoy domingo 26 de mayo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia?

Vida tetrahiju... No lo sé con certeza. Le he dado vueltas y vueltas al asunto y no tengo la respuesta. Esta vaina es para enloquecer...

¿Por quién votar? ¿Por quién diablos votar? ¿Por quién putas votar?

Veo todo negro (menos esta frase que escribo ahora mismo). ¡Qué situación tan complicada! ¡Qué difícil! Hay tan solo un asunto que me indica que no estoy a punto de enloquecer y me da una chispa de esperanza:

No sé exactamente por quién votar,  pero SÍ sé por quien NO votaré. Y eso es bastante. ¡Tengo resuelto casi el 50% del problema!

No votaré por Álvaro Uribe Vélez, perdón... por Oscar Iván Zepúlveda, perdón por Marta Lucía Zuluaga... porque yo no voto por un muñeco eco eco eco eco eco eco...

@dicksalazar

    

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