"Las madres: un verdadero milagro", @AlaNata_


Un vientre que se abulta, una cadera que se ensancha, unos senos que se hinchan. Náuseas, sensibilidades, malgenio. Dolor que desgarra las carnes, fluidos que tardan en parar… así empieza el milagro que hace de una mujer un ser incondicional, invencible, inconmensurable.

Aquello que empezó como un anhelo, una sorpresa, un descuido, un plan, una bendición, un accidente, una obligación, transforma la vida y llena de motivos los días.

Y como un vientre, una cadera, unos senos, también el alma se abulta, se ensancha, se hincha para abrir espacio al más puro de los amores.

La felicidad se disfraza de insomnios por la incomodidad de la panza, por prodigar de cuidados al bebé en su cuna, por las pesadillas del niño asustado, por la tardanza del adolescente que no llega, por la enfermedad del que con sus propias manos sana, por las angustias de ese que es ahora padre o madre.

Pero todo, hasta lo impensable, justifica su mirada de dulzura sin límites, su sonrisa capaz de opacar al sol, su voz llena de cantos.

Qué importa la flacidez del cuerpo si es la templanza del corazón la que se afirma. Quién piensa en la tersura de la piel si es en el carácter donde se tensan las fuerzas. Cómo no dejar en segundo plano las propias, si se están tejiendo las esperanzas de un pequeño que crece.

Y aunque el pasar de los años mengüe los ánimos, jamás se agota la ternura que puede brotar de sus manos. Qué importancia pueden tener sus caprichos si la fortaleza de su espíritu se mantiene intacta.

Quién más si no una madre, para saber que el amor sí es eterno, tanto que ni la muerte misma puede acabarlo.

@AlaNata_

Ilustración:  @HistCotidianas


    


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