UTOPÍA, de @acastanedamunoz

Uno se pasa la vida inventando utopías para regalárselas a alguien. A alguien que merezca amor, porque el amor es también, de cierta manera –que no se puede explicar con palabras ni con actos sino que simplemente es– una utopía.

Uno se pasa la vida creando una utopía, puliendo sus bordes para que quepa en la sonrisa de una mujer de ojos claros e inmensos y para que, al despertar en la madrugada fría, pueda tocarla con el simple acto de extender la mano.



Construir utopías es librar batallas. La primera es reclamar el derecho a ser libre en un mundo de esclavos voluntarios y felices, la segunda es amar en un mundo donde el odio es ley y la banalidad legisladora.

A uno se le va la vida levantando utopías para entregárselas a alguien. A ella.

A uno se le va la vida anhelando ese instante en que dirá “Esta utopía es tuya, mujer, la hice a tu medida, colgué la luna a tres cuartas del horizonte midiendo con tus manos y su curvatura es la de tu sonrisa. El agua es del color de tus ojos y la tierra del mismo color de tu cabello; aunque la utopía entre en caos, seguirá siendo hermosa. La utopía eres tú. La utopía es verte abrir los ojos en las mañanas, traerte una taza de café a la cama unas veces o de té otras tantas, la utopía es pasarlos días leyendo páginas interminables y escribiendo mundos nuevos,  la utopía es que tu nombre esté en mis labios cuando la muerte venga a preguntar por mí, la utopía es esta vida junto a ti mientras dure”.

Uno se pasa la vida siendo arquitecto de una utopía. Pero, sobre todo, a uno se le va la vida juntando el valor necesario para mirarla a los ojos y decirle:
 “Esta utopía es tuya, mujer…”


Andrés Castañeda Muñoz
@acastanedamunoz


  

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