El peligro del "mejor" senador de la Historia. Por: @MiremosaVer

Cuando un movimiento político tan respaldado y reconocido como el uribismo hace de la tergiversación y la falsedad su lenguaje, del insulto y la amenaza su brújula, y de la evasión a la Justicia su ejemplo, la política colombiana puede estar transitando por senderos de peligrosas bajezas, y las futuras generaciones pueden estar recibiendo un legado que puede hacerlos avergonzar de sus instituciones y su patria.

La llegada de Álvaro Uribe al Senado, a la cabeza del Centro Democrático, movimiento político muy cuestionable desde sus procederes éticos, pero importante por el respaldo obtenido en las dos pasadas elecciones, marca un hito en la historia política de Colombia. Lo marca, porque no había antecedentes de un expresidente de la república que llegara a una curul en el Congreso, y porque ese expresidente es el líder y el faro de ese movimiento, y es quien impone el ideario, las estrategias, la línea editorial y hasta las declaraciones y opiniones que se dan, y todos a su espalda lo veneran y le rinden pleitesía sin hacer nunca cuestionamiento alguno y sin decir nada que él no les haya autorizado previamente, haciendo del unanimismo una curiosa y muy peligrosa forma de ejercer la política.

La llegada del Centro Democrático a la arena política ha estado signada desde el inicio por escándalos y cuestionamientos de toda índole. La elección de su candidato presidencial, Óscar Iván Zuluaga, estuvo marcada por señalamientos de supuesta escogencia a dedo por parte de Uribe en la convención nacional, con la consecuente sacada a sombrerazos del otro aspirante, Francisco ‘Pacho’ Santos, uno de los más serviles y obsecuentes seguidores del expresidente. 
Alvarito, cuando era un ángel de buena reputación

Ya en la campaña, es de todos conocido lo que ocurrió con el centro ilegal de interceptaciones descubierto por la Fiscalía, liderado por el oscuro hacker Andrés Sepúlveda, centro y hacker que estaban al servicio de la campaña uribista. También, las apresuradas sindicaciones de Álvaro Uribe, con más babas que pruebas, de supuestos ingresos de dineros del narcotráfico a la campaña del 2010 del entonces candidato Juan Manuel Santos, que enredaron al cuestionado asesor político venezolano J.J. Rendón. 

No está de más aclarar que en esa campaña, Álvaro Uribe apoyó y estuvo cerca del candidato Santos, pero nunca dijo nada de esa irregularidad que denunció con tanta vehemencia. Sus motivos éticos y morales habrá tenido el expresidente para proceder con tan sutil volubilidad.

Todo esto tiene una relación directa con el senador Uribe, jefe de la bancada del Centro Democrático en el Congreso, porque el estilo pendenciero y amenazante del expresidente se ha transferido en mayor o menor medida, en una suerte de copia del mal ejemplo, a todos los congresistas de ese movimiento: la virulenta politóloga Paloma Valencia; el exasesor en temas de seguridad Alfredo Rangel, que se volvió uribista después de 2002; el oscuro y satanizador ‘ideólogo’ José Obdulio Gaviria, primo de Pablo Escobar; la cuestionada María del Rosario Guerra de la Espriella, cuyo nombre fue vinculado con AIS; la exgerente interventora de Emcali, Susana Correa, adalid de los despidos laborales; la imprudente y falaz María Fernanda Cabal, gran "admiradora" de Gabo, y otros ilustres uribistas que da aún más pena mencionar.


Cuando era un joven sin lunar alguno
En la lista de ese movimiento hay desde sospechosos de delitos hasta personajes con más de un proceso penal en contra. El Centro Democrático le da la razón a quienes piensan que para ingresar al uribismo no se necesita hoja de vida sino prontuario criminal.

Llama la atención también que tanto el expresidente Álvaro Uribe como sus seguidores en el uribismo y en el Centro Democrático, siempre exigen pruebas de las acusaciones que desde muchos sectores nacionales e internacionales le hacen contra él por sus supuestos vínculos con el paramilitarismo y el narcotráfico, por su participación en los más sonados escándalos de sus dos periodos de gobierno (los ‘falsos positivos’, las chuzaDAS ilegales, la feria de subsidios de Agro Ingreso Seguro, la asignación a dedo de notarías, zonas francas, cargos diplomáticos en el exterior, etc.); por su enfermiza tendencia a señalar de terroristas a todos aquellos que lo cuestionan, y por lanzar indiscriminada y frecuentemente especies de contenido evidentemente calumniador o amenazante contra cualquier persona, incluido el propio presidente Santos, sin aportar nunca pruebas ni documentos que sustenten sus señalamientos. 

Mientras tanto, los uribistas -unidos y monolíticos- exigen para Uribe toda suerte de garantías, alegan persecuciones y replican todo lo que él dice, en cualquier contexto y escenario, sin importarles si es cierto o no. Es la versión uribista del viejo refrán “Con los míos, con la razón o sin ella”.

El uribismo se ha convertido en una ideología política que hace odas a la impunidad y cuyos miembros se burlan de la Justicia como si estuvieran en la función de un circo de quinta. Es un secreto a voces que el senador Álvaro Uribe ha recomendado a varios de sus más cercanos escuderos.  Primero, a la exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, la famosa ‘Coneja’; segundo,  al exasesor de Paz, Luis Carlos Restrepo, y tercero, al exdirector de Agro Ingreso Seguro, Andrés Felipe Arias, quien recientemente se fugó del país para evitar la condena que le impuso la Justicia. 
"Ojo: si me siguen mamando gallo estos
hijuepuercas de El Periódicko, me van
a volver un loco de mala reputación".

Esto es especialmente grave por el pernicioso ejemplo que se da a la opinión pública y la juventud, y por el vergonzante mensaje que se envía al mundo entero, de que en Colombia cometer delitos y ser amigo de Álvaro Uribe da patente de forajido para burlar a la Ley. Hasta ahora, el expresidente no ha dado ninguna explicación de estos hechos. No cabe esperar que las dé nunca.

La política colombiana, y ahora la nueva legislatura parlamentaria, corren el riesgo de volverse un tinglado de mentiras, amenazas y señalamientos por cuenta de la llegada al Congreso de uno de los personajes políticos más reconocidos, destacados y amados por unos, pero también uno de los más cuestionados, investigados y odiados por otros: el oscuro senador Álvaro Uribe Vélez, quien arrastra desde 1976, año en que ocupó su primer cargo público, hasta el día hoy, una fama que no quisiera uno para sus hijos, por interminables y recurrentes acusaciones de criminalidad y corrupción, y quien es considerado por sus admiradores y aduladores como “el mejor colombiano de la Historia”. Y en pocos días, "el mejor senador del Universo"...


 Clímaco
@MiremosaVer


    

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