Crónica de una ausencia anunciada. Por: @MiremosaVer

Se posesionó JuanPa para su segundo periodo presidencial, y todo vuelve a la anormalidad.

Digo anormalidad, porque fueron normales los discursos: llenos de lugares comunes, aunque optimistas. Fueron normales el tono novedosamente airado del represidente JuanPa y el reluciente blanco de las damas de la familia presidencial. Hasta fue normal que patos y patas de todos los pelambres del estrato 7, adictos a las selfies, se tomaran la foto de rigor para etiquetar en el muro con ‘Doña Mechas’, la humilde llanera que hizo famoso a JuanPa.

Lo que no fue normal, valga decirlo, aunque era de esperar, fue el desplante que la bancada (¿o será más acertado decir la ‘bacrim’?) del Uribe Centro Democrático, le hizo al presidente Santos: no asistió al acto de posesión presidencial, como si se tratara de la simple inauguración de una sede de campaña. Lindo ejemplo para sus seguidores más jóvenes el que da el senador con cada una de sus salidas.

No duden ni por un instante que la decisión de no asistir a la posesión de JuanPa la tomó Uribe, y tampoco duden que todos y todas a su alrededor aceptaron sumisamente la orden, así se murieran por dentro de las ganas de ir al acto a tomarse la foto y ganarse su lugar en las primeras planas de los periódicos y los informes de los noticieros. Pero como donde manda capitán no manda marinero, ganas a la gaveta.

Todos y todas aceptaron la decisión del ubérrimo senador de hacer un vulgar y grotesco desplante al presidente y al país, con la disculpa de que no iban como protesta por la presencia de un Maduro presidente que nunca estuvo presente.

Ahora bien, que Uribe haga oposición con desplantes y grosería no debe sorprender a nadie. Él es un político acostumbrado a gestos y palabras propios del bajo mundo. Su célebre “¡Le doy en la cara, marica!” es una pequeña muestra de su talante pendenciero y de truhán, amén de otras salidas, más dignas de un jefe de pandilla que de un jefe de Estado.

No es gratuito que el presidente Santos lo haya llamado ‘rufián de esquina’: su pasado, sus ejecutorias y su actitud así lo promocionan. Aunque no se le puede negar a Uribe que es un político hábil, experimentado y con un enorme liderazgo, incuestionables méritos para ponerlo de panelista en una convención de partidos de derecha, no le alcanza para ponerlo de ejemplo para los hijos (de uno, aclaro, porque para Tom y Jerry debe ser el mejor modelo a seguir).

Un jefe de Estado que insulta y amenaza opositores o críticos, y que desafía y desconoce a las instituciones mientras pregona zafiamente que las respeta, es un peligro para cualquier democracia.


 “Desde el desayuno se ve lo que va a ser el almuerzo”, dice un muy conocido y popular refrán. El desplante de la banda uribista en el Congreso en la toma de posesión de JuanPa es un seguro abrebocas de lo que será su participación en el Legislativo.

Al mejor estilo del senador Uribe, todos a una, como Fuenteovejuna, moverán la cabeza de norte a sur y viceversa cuando les guste un proyecto, les convenga una iniciativa o de insultar a algún congresista “amigo del terrorismo” se trate.

Dirán que no en coro cuando lo tratado no les guste o no se acomode a sus intereses y mezquindades. 

Se abstendrán todos, cuando Uribe, como siempre, más en caliente que fruto de un mínimo análisis , diga que el uribismo se hace a un lado.

Y se retirarán del recinto congresional cuando el ubérrimo senador jefe ordene que deben hacerlo, porque hay el peligro de que cierto Maduro mancille la sacrosanta sede de la democracia colombiana. Tal vez el ilustre ex presidente no se ha percatado de que es él quien ya ultrajó la dignidad de la Patria, con su deleznable modo de gobernar y hacer política.

Si bien la ausencia del senador Álvaro Uribe y su bacrim, perdón, su bancada, fue noticia en todos los medios, creo que muy pocos se sorprendieron. Al fin y al cabo, y al mejor estilo del ilustre finado Gabriel García Márquez, se trataba de la crónica de una ausencia anunciada, pues para nadie es un secreto que el ex presidente es hombre de rencores viscerales y odios duraderos, y no acepta con buen talante las derrotas, por pírricas que sean, y menos a manos de personas que no se dejan manipular a su antojo. 

Espero que si María Fercha lee estas líneas, María Fe no me mande a morir en el infierno como hizo con Gabo. Aunque, valga decirlo, si Gabo está en el averno, no es tan mala idea terminar allá, si se han de poder cruzar unas palabras con el Nobel, así la ilustre y brillante esposa de José Félix no lo apruebe, o su jefe político amenace con partirle a uno la cara.

@MiremosaVer

Posdata 
Al cierre de este insensato escrito, no me he dado cuenta de ningún trino desatinado de Paloma ni de María Fercha. ¿Será que Uribe ya les prohibió hasta trinar sus pendejadas de siempre? Si algo saben, quedo atento.


    

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