El uribismo o el arte de perpetuar la guerra Columna de @MiremosaVer

La polémica por la decisión del gobierno de Juan Manuel Santos de incluir militares activos en una comisión que va a brindar apoyo técnico sobre el desarme y dejación de las armas por parte de los hipotéticos desmovilizados de las Farc después de los diálogos de La Habana, apenas comienza. Cosa jodida

Nadie podía esperar que el uribismo, a través de los integrantes del Centro Democrático y sus congresistas y sus columnistas, estuviera de acuerdo con esa decisión. No sólo porque se trata de una idea que involucra militares, a quienes los uribistas consideran una especie más allá de lo humano, sino porque es una idea del presidente Santos, y a las ideas del presidente Santos hay que oponerse por oponerse. Sin embargo, escuchar opiniones tan despalomadas y tan mal sustentadas como la del general en retiro Harold Bedoya Pizarro, ex comandante general de las Fuerzas Militares, hace pensar que en el partido del senador Álvaro Uribe algunas personas no tienen muy claro el discurso de oposición.
El pasado 12 de agosto fue asesinado por las mafias del 
narcoparamilitarismo el periodista Luis Carlos Cervantes en 
Tarazá, Antioquia. Una vez más, las pistolas y las balas le ganaron
 la batalla a la pluma y al teclado, (pero no la guerra...). Gran dolor me 
produjo el hecho. No conocí personalmente a Cervantes, 
pero leí todo sobre su valiente lucha. Rindosentido homenaje.  

Fue así como recordé una caricatura que publiqué en El Espectador 
en un mes cualquiera de 1987, época en que se recrudeció la moda  
de matar periodistas que, tal y como van hoy las cosas, parece que 
no concluye aún.

@dicksalazar 

La muerte del periodista Luis Carlos Cervantes. Semana.

El general Bedoya se queda dando vueltas, como el perro que intenta ingenua e infructuosamente atrapar su cola con el hocico, en que los militares no pueden participar en escenarios de discusión política ni pueden ser deliberantes, porque la Constitución se los prohíbe. Ahí, no dice nada nuevo el ex oficial, y su argumento es comprensible. Pero da unos rodeos enormes y hasta risibles cuando intenta justificar su rechazo a la decisión presidencial, y no explica nada diferente a que los militares no pueden participar en escenarios de discusión política porque no pueden ser deliberantes.

Se puede decir sin temor a equivocarse que los argumentos del general Bedoya, pero también los de Óscar Iván Zuluaga, director del Centro Democrático, y los de Alfredo Rangel, y Paloma Valencia, y Rafael Guarín, y Francisco Mejía, y Alejandro Ordóñez, y todos los uribistas que rechazan la idea de que los militares “se humillen” a sentarse en la misma mesa con los “narcoterroristas” de las Farc, no obedecen a un análisis de la actual coyuntura política y de las particularidades de lo que se está negociando en Cuba, sino a un muy curioso unanimismo en torno a la plana y dogmática opinión del senador Álvaro Uribe, que lo pone todo en blanco y negro, y cierra los ojos a la gran cantidad de grises que tiene la realidad colombiana.

La premisa bajo la cual parece regirse la extrema derecha, dignamente representada por el uribismo, en una esquina, es la de perpetuar la guerra, continuar el desangre, en aras de no cederle nada a los narcoterroristas. Eso es entendible, si se ve el conflicto que ellos insisten que no existe, desde la comodidad de las mansiones, las ubérrimas fincas, los aparatos electrónicos y las cuentas de Twitter. Mientras, en la otra esquina, las víctimas ven con ilusión el espacio que se les ha abierto en la mesa de La Habana, no sólo para reclamar las explicaciones a las que tienen legítimo derecho por parte de los jefes guerrilleros, sino por su clamor de que cese por fin la barbarie y llegue la reconciliación. La posición de las víctimas es desconocida e infravalorada por el uribismo, como tan vergonzosa e irrespetuosamente lo dejó en claro la representante a la Cámara María Fernanda Cabal, quien se empeña en demostrar con cada trino que es más merecedora de una lobotomía que de lástima.

Los militares que viajaron a Cuba no van a arrodillársele a las Farc, ni van a entregar información, ni van a convalidar una legitimación de las fortunas ilegalmente obtenidas por los jefes guerrilleros, ni van a nada de lo que los áulicos y adláteres de Álvaro Uribe pregonan tan apocalíptica y sesgadamente. Van a aportar la visión de quienes combaten a los criminales y conocen la verdadera realidad de una guerra infame, que los portavoces de la derecha sólo conocen desde la distancia y frente a las pantallas de televisión. Por eso es que para ellos, es más fácil  y rentable que la guerra no acabe, y quienes sí la viven sigan sacrificándose para garantizarles su calidad de vida.


Posdata
Aclaro que estoy más que convencido que de La Habana no va a resultar el fin del conflicto, por la simple razón de que las Farc pueden dejar de combatir al Estado, y ahí es válido y posible que se desmovilicen y dejen las armas, pero nunca van a dejar el narcotráfico, y ahí sí no hay ninguna posibilidad de que abandonen la guerra que los nutre y alimenta. Este será un tema que desarrollaré en próximo escrito.

      

¿Quién entiende al Uribismo? Columna de León Valencia en Semana

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