Lágrimas en el paraíso. Por: @nanatejada

En la lejanía se escucha el sonido de la tristeza que viene lentamente con sus lánguidos brazos arrastrando bajo su manto los colores del dolor; ella, la tristeza, recorre los caminos de la oscuridad como un fantasma acechando en la noche y dejando a su paso el olor desmesurado de la muerte.

Nubes que se levantan de las olas de un mar de polvo y destrucción que se desborda por las calles de ciudades abandonadas por el mundo, donde la mirada de un niño se pierde en la inmensidad del desconsuelo y taciturno, empieza su peregrinar por lugares en que la mente se pierde en absurdas realidades.


Los niños en Gaza también lloran
Desiertos de infelicidad que crecen sobre tesoros inciertos que la tierra oculta bajo sus entrañas; madres que siembran a diario sonrisas en los rostros de niños inocentes. Hoy esas hermosas criaturas caen en esas manos destructoras que propagan angustias y tormentos; tierra estéril que solo hace brotar lágrimas de sufrimiento en el paraíso.

Voces que en el silencio hacen temblar la existencia, cuando cuentos secretos se gritan a voces en un lugar donde hasta el respirar de un niño se vuelve una sentencia, cuando la codicia refunde las conciencias entre abismos y avernos, convirtiéndolos en verdugos de sus propios pueblos; son esas voces sumergidas en la inmundicia de sus temibles ambiciones.

Las bombas también matan niños
¿Dónde está la humanidad que habita este planeta?
Tanta gente sin compasión que deambulando por el camino, absortos en la mundanidad de sus vidas e inmersos en la imposibilidad de su ignorancia, coexisten  entre la pasividad incoherente de sus almas y el silencio que su complicidad les obliga a guardar como secretos lacrados en el corazón.

Adriana Tejada Schmitz
@nanatejada




   


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