El taxi del senador Toño Navarro

Desde diciembre del año pasado, el senador Antonio Navarro Wolff anunció con bombos y platillos que quería trabajar como taxista durante un mes, aprovechando el receso del Congreso. 

Y lo logró. Hace pocos días empezó a conducir el taxi de placas TEO 535. ¡Qué horror! A los fundamentalistas ateos nos pareció sospechosa esa placa por su tufillo religioso. No obstante, no tomaremos represalia alguna contra él porque no nos parece suficientemente grave la ofensa. Simplemente le enviaremos una carta llamándole fuertemente la atención.


La noticia de Navarro me hizo ver que él y yo en algo nos parecemos, a pesar de que somos diametralmente opuestos. Por ejemplo: Navarro es de Pasto, yo soy de maleza y otras yerbas; la dicción de Navarro es pésima, mi dickción es insuperable y única. La lista sería extensa. Sin embargo, como decía atrás, por increíble que parezca, Navarro y yo tenemos un punto en común.  

De niño yo quería ser ¡taxista!... y también policía, bombero, celador, soldado... incluso, algunas tardes soñaba con ser vaquero. Como todo niño, gozaba yo de una febril imaginación. ¡Ahh tiempos aquellos que nunca volverán! En la medida en que fui madurando, mis sueños fueron transformándose. Fue así como empecé a soñar que me gustaría ser mago, mentalista, el Hombre Invisible, Batman, Supermán, Acuamán, Dick Tracy...

Desafortunadamente no he podido cristalizar ninguno de estos sueños. Miento, excúseme, estoy exagerando. A decir verdad, al menos uno de esos sueños se me cumplió. No totalmente, pero sí en un 50%. Si bien no pude ser Dick Tracy -el detective de las historietas-, conseguí convertirme en Dick, el escribidor de historieticas como esta. Algo es algo... Sin embargo, estoy sumamente agradecido con la vida, así me haiga dado muy poco.

Antonio Navarro quiere ponerse en los zapatos de un taxista durante 30 días para conocer a fondo la situación de ese gremio y así poder legislar con mayor propiedad sobre el particular. El hombre de la prótesis prepara un proyecto de ley que busca formalizar el oficio de taxista. Es un proyecto que tendrá un gran alcance social (y muchos réditos políticos). Calcule usted: tan solo en Bogotá hay cerca de 600.000 taxistas.

Dada su investidura de congresista, Navarro no podrá lucrarse de su pasajera actividad como profesional del volante. Así que los pasajeros y pasajeras que recoja en su taxis no pagarán por la carrera, sino que harán una donación, cosa que es muy distinta. Depositarán en una cajita lo que a bien les venga en gana (al fin y al cabo, estamos en un país libre). Y, como si fuera poco, tendrán derecho a pedir vueltas, "devueltas" o cambio, como a usted le suene mejor.

Pero ojo: el dinero que se recoja no irá al bolsillo de Navarro, sino a la Fundación Cardio Infantil. Mejor dicho, al pobre Toño le tocará poner de su plata el combustible que consuma el taxi  y también las vueltas de las donaciones que reciba. ¡Qué tristeza! Otro colombiano que se empobrece...

Extrañamente los grandes medios de comunicación le han hecho eco a esta fenomenal untada de pueblo que se craneó el pilo exguerrillero del M-19. ¿Por qué diablos le han hecho tanto eco, eco, eco? Averígüelo, Vargas, gas, gas...

(ATENCIÓN. Si usted es uribista, amigo lector, en el anterior párrafo no lea "el pilo exguerrillero" sino: "el pillo exguerrillero". Atentamente: El Periódicko.com, un panfleto democrático y para todos los gustos).

Pues bien. Si Antonio Navarro quiere ser taxista y untarse de los de abajo, yo, que soy tan distinto de él, quiero ser presidente de la república por un mesecito, no para untarme de los de abajo, sino de los de arriba. Permítame le explico.

Ocurre que soy como los gallos gigantes: nací para picar bien alto. Mi arribismo es genético.  Pero no crea usted que todo lo mío es esplendoroso: desafortunadamente también tengo mi lado gallina. En verdad no quiero ponerme en los zapatos del presidente, sino más bien en sus pantuflas de peluche, que es muy distinto y más cómodo. Los pusilánimes somos así.

Mi objetivo es doble: por una parte, quiero experimentar el lado bacano de la vida de un presidente común y corriente (como el doctor Santos); y por otra parte, quiero saber qué se siente ser un maravilloso expresidente (como el doctor Uribe, por ejemplo).
  • Quiero saber si la viudez del poder es de color negro o de tono azabache.
  • Quiero saber a qué saben exactamente  las mieles  del poder. ¿A almibar? ¿A mermelada? 
  • Quiero saber si el poder es para poder, o el poder es para joder, o el poder es para poder joder. 
  • Quiero saber si en este país es lo mismo tirar en la Casa de Nariño que tirarse al país desde la Casa de Nariño.
Quisiera que los colombianos me dieran esta oportunidad. Quiero untarme de la crema y nata del poder y... chuparme los dedos. Quiero que los grandes medios hagan eco de mis deseos. Quisiera que Dario Arizmendi me entreviste estando yo sentado en el solio de Bolivar y él, respetuosamente, a mis pies arrodillado; quisiera que Julito me llamara al despacho presidencial a pedirme una entrevista, y tener así la oportunidad de colgarle el teléfono y mandarlo a la M...19.

Quiero que los lectores de El Periódicko.com me apoyen en mi sueño de ser presidente de la república.Y no por cuatro años, ni por ocho (como el caso de los ambiciosos señores Santos y Uribe) sino tan solo por un miserable mes. ¿Qué son 30 días en un mundo donde el tiempo vuela? Nada, absolutamente nada. Si es así, ¿por qué diablos no concederme un deseo tan simple y sencillo? No sean egoístas. Así ustedes podrán leer en El Periódicko.com divertidas historieticas de mi paso por el poder. Piénsenlo, es por su propio bien.    

Si Navarro -que tiene una pata de palo- se convierte en taxista, ¿por qué yo, que tengo una mano de hierro -que es lo que este país necesita-,  no puedo ser presidente?

Si usted es uribista, hermano lector, me imagino lo contento que se puso al oírme hablar de "mano de hierro". Y le tengo una sorpresa que le encantará todavía más: esa mano mía de hierro, al entrar en contacto con el oxígeno, se me pone completamente negra, un tipo especial de óxido que nos da exclusivamente a nosotros los arribistas.

Así, pues, lleno todos los requistos que se necesitan para ser presidente de este país. Durante mi corto gobierno manejaré a Colombia con  mano de hierro y mano negra, para que usted, caballero, tenga el corazón contento y lo de abajo blando. Y usted, señorita, todo lo contrario: lo de abajo contento y lo de arriba temblando. 

Prometo desde ya una cosa: donar el sueldo que me gane como presidente a Corazón Senil, una fundación que pienso organizar mañana mismo con el objeto de recolectar fondos para mi propia jubilación. Lo juro: será mi único chanchullo como presidente de este platanal. ¿Qué es un chanchullito en un país donde ocurren cientos de negociados por segundo? Nada, absolutamente nada. No sean envidiosos.

@dicksalazar

    



LINKIPEDIA
El senador Antonio Navarro empezó como taxista. El Tiempo.




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