El perro sabor de los tatuajes de Maradona


En América Latina el 2014 agonizó de manera histórica. El mítico astro del fútbol argentino Diego Armando Maradona, en un acto de inspiración que dividirá en dos la historia de los tatuajes, a finales de diciembre se gravó en el lado izquierdo de su pecho la palabra perra. Y no porque le profese un profundo amor a alguna hembra canina de su propiedad, porque Diego no tiene -ni ha tenido ni jamás tendrá- mascota alguna de esa clase (Dios no lo permitiría).  
La razón es otra.

Diego, de 54 años, se marcó esa palabrita cerca al corazón porque así llama "cariñosamente" a su novia de 23 años, Rocío Oliva, a quien en febrero del año pasado le pegó y en  abril la denunció por robo  ( "a más de perra, la tonta es ladrona", dicen que pensó Maradona cuando presentó la correspondiente demanda contra la muchachita).

Amores tormentosos, se llama esa novela. Una combinación perfecta entre dos sabios refranes colombianos: por una parte, de aquel que señala que"del amor al odio hay un guarapazo; y del odio al amor, tan solo una escupida"; y por otra, del clásico proverbio ñero que a la letra dice: "porque te quiero te casco, maldita gonorrea".

Como su apellido lo indica, Mar-a-dona es un mar de contradicciones con la dona (qué juego de palabras tan confuso e imbécil el mío. ¡Disculpe usted, amigo lector! Mi primera estupidez del 2015).

Tomen nota, caballeros: ya pasaron los tiempos en que uno apodaba a la novia con motes cursis como el  de: negra, gordita, mi vida, muñeca. mi cielo...  Ahora hay que ir directo al grano: perra, zorra, fufurufita, zunga, cachona. Al fin y al cabo estamos en el siglo XXI: la era digital, genital y genial. (¿Se pilló usted, amigo lector, mi magnífico juego de palabras en este último párrafo? Mi primer acierto del 2015. Arrancamos bien).

Pero esta sucia y escandalosa historia no termina ahí. Para que no quedara duda alguna de su tierno y delicado amor, Diego Armando se mandó también a tatuar en su brazo derecho el nombre de Rocío. Así, a secas, sin apellido.  (¿No resulta paradójico que Rocío, un nombre que implica humedad y gotas de agua, se tatúe a secas? Piénselo, medítelo, hermano lector. Tras este juego de palabras hay mucha filosofía, profunda filosofía.)

Por su parte, Rocío Oliva se grabó en su antebrazo el nombre de Diego. También a secas, es decir, sin ningún apellido. Lo que indica lógicamente que puede ser cualquier Diego: Rodríguez, Pérez, Sánchez... ahí está pintada la muy canina.

Cosa distinta sería si la muy pilla se hubiera grabado el nombre de Pelusa, que es el apodo con el que se conoce al astro del fútbol, o la palabra Pelusera, que es el sobrenombre con el que en el bajo mundo femenino se conocen a  las partes íntimas de Maradona. Así sabríamos con exactitud, en honor de cuál Diego se marcó la piel la muy bandida de la Rocío.

Pero hay que reconocerle a Rocío Oliva que no se gravó en su cuerpo ninguna palabra que denigre de su novio. No se tatuó, por ejemplo, términos como patán, bellaco, canalla, pirobo... Rocío podrá ser traviesa, pero decente; masoquista pero eso sí, muy decente...


Damas y caballeros: permítanme comunicarles que el tatuaje de Maradona me inspira. Yo también me voy a tatuar. Entraré en la nueva onda. Pero seré mucho más radical. Voy a grabarme en el pecho un vocablo de contenido altamente crítico. Voy a escribirme de tetilla a tetilla, y en letras mayúsculas, el sustancioso sustantivo en plural que a continuación, y con mucho respeto, me permito escribir: hijueputas. Y en el antebrazo derecho me tatuaré una palabra ruda, dura, cruda, una de esas palabras que vinieron al mundo sin ser bien cocinadas: malparidos.

Y no lo haré en homenaje a mi novia -que es una santa-, sino en nombre de nuestros congresistas, a quienes cada cuatro años los colombianos elegimos con amor y devoción para al final terminar denunciándolos por bandidos y ladrones. ¡Perros asquerosos!

Pensándolo bien, podría tatuarme esas dos palabras también en honor a las Farc, a los paracos, al Centro Democrático, al Partido Conservador, a los que organizan corralejas y abusan de los toros... en fin, la lista es larga y el camino culebrero. Por fortuna tengo todo el 2015 para escoger en nombre de quienes me tatuaré las susodichas palabrejas.

Pero una cosa le prometo de antemano:  si usted es lector de El Periódicko.com, tranquilícese. Bajo ninguna circunstancia me haré el  tatuaje en honor suyo.

@dicksalazar

Posdata:
"Enamórese de una persona que tenga tatuajes: ella sabe qué quiere para toda la vida..."


    


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