Fernando Vallejo: candidato presidencial uribista

El novelista Fernando Vallejo tiene todas las condiciones para ser el candidato presidencial por el uribismo en las elecciones del 2018. Tengo argumentos contundentes: el hombre es un acérrimo crítico del proceso de paz y a la vez un furibundo amante (machucante, querido o mozo)  de la guerra.
Así quedó demostrado en la diatriba que pronunció el 6 de abril de 2015 en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, durante la Cumbre Mundial de Arte & Cultura para la Paz, a la cual fue invitado para que hiciera el papel de Anticristo. La cosa salió barata: de honorarios se le pagaron tan solo 30 monedas...


Muchos ignoran que Fernando Vallejo no solo es escritor, sino también estadista (ojo, he dicho estadista, y no estilista. Son cosas muy distintas). Y como estadista que se respete, tiene su propio diagnóstico sobre la realidad del platanal en que vivimos. Así describió Vallejo la tragedia de Colombia en su diatriba del 6 de abril:

"La ruina de Colombia es inconmensurable: económica, social, cultural, moral, total. Millones de exiliados, millones de desplazados, millones de desocupados, una deuda externa de 100.000 millones de dólares, un sistema financiero de estafadores, un Congreso de corruptos, un poder judicial corrupto, el campo en ruinas, el peso en picada, la prensa arrodillada, las ciudades en manos del hampa, la inseguridad en todas partes, y como última razón y causa de todos nuestros males, la desaparición del Estado... " 

No me cabe duda de que la totalidad de los colombianos -incluyéndome a mí, por supuesto- compartimos este análisis de la situación del país. En lo que yo -respetuosamente- difiero del presidente Vallejo, es en cuanto a la razón de ser del actual proceso de paz.  Él tiene su propia teoría, que yo -inexplicablemente- no comparto:

"... para tapar la realidad monstruosa con cortinas de humo que no dejen ver lo que pasa (en Colombia), al sinvergüenza (del Juan Manuel Santos) le dio por armar en Cuba un dizque 'proceso de paz' con la banda más dañina y criminal que haya conocido Colombia, los bandoleros de las Farc".

Así, pues, el proceso de paz -en opinión de Vallejo- no es más que una cortina de humo que el sinvergüenza (y mal nacido) presidente Santos ha tendido para ocultar las desgracias de este país. 

Así, pues, el proceso de paz -en opinión de Fernando Vallejo- nada tiene que ver con las aspiraciones de miles de colombianos que estamos mamados de la guerra.  


En general, Fernando Vallejo no es fotogénico. Pero toda
regla tiene su excepción. En esta foto parece, por efecto  óptico del fondo, 
que estuviera peinado con dos colas, una a cada lado de sus plateadas sienes. 
Y se ve muy bien. ¡Es que el color morado le sienta divinamente!
Así, pues, el proceso de paz no busca solucionar el grave problema del conflicto armado en nuestro país, sino en tapar y cubrir los problemas reales de Colombia.

Como si la guerra no fuera el más real de los problemas de esta sufrida expatria de Vallejo; como si los millones de desplazados no se debieran, precisamente, a esa infame guerra que los colombianos soportamos desde hace medio siglo; como si la guerra no fuera el principal problema que tenemos que solucionar para hacer de Colombia un buen vividero, un buen miadero. 

¿Por qué piensa así Vallejo? No porque tenga el cerebro sucio y la cabeza llena de inmundicias, sino por todo lo contrario. Es porque Fernando Vallejo tiene conceptos muy pulcros e higiénicos sobre las condiciones que deben reunir las partes que intervienen en un proceso de paz. Esa es la razón. Por eso denuncia que el Gobierno Santos adelanta un proceso "con la banda más dañina y criminal que haya conocido Colombia, los bandoleros de las Farc".

¿Y qué quería, don Fernando? ¿Que el Gobierno adelantara un proceso de paz con las Monjitas de la Caridad? ¿O con la Asociación Colombiana de Escritores Autoexiliados? No jodás, viejo Fercho. Hay que dejarse de maricadas. La paz se hace entre enemigos, entre caníbales, entre depredadores.
Históricamente la paz se ha hecho entre partes que tienen las manos sucias y las garras manchadas de sangre. En Colombia, por ejemplo, la paz tiene que pactarse entre ese ejercito responsable de más de tres mil falsos positivos, entre ese ejercito que históricamente apoyó a las bandas paramilitares, y la guerrilla, autora no solo de la masacre de 11 soldados en el Cauca, sino de muchísimos crímenes, secuestros, extorsiones, y cientos de porquerías más.

Esa es, precisamente, la "cochina y asquerosa" paz que el país del Sa(n)grado Corazón de Jesús requiere y pide a gritos. Y se requiere esta paz, "no para llevar a Colombia al Cielo, sino para sacarla del infierno". Así de simple. Después nos ocuparemos de la paz con los ángeles...

Pero Fernando Vallejo no solo descalifica a las Farc como parte del proceso de paz, sino también descalifica a su contraparte: el gobierno Santos. Así lo expresó en su diatriba:

"Que (Juan Manuel Santos) haya sentado en Cuba a sus enviados a negociar con los de las FARC como iguales se me hace perfecto porque lo son: alimañas todos. Unos bribones negociando con unos hampones".

Si uno quiere, si uno es imaginativo, de esta afirmación de Vallejo, puede derivar algunas conclusiones doctrinales. Como por ejemplo esta: para que  los colombianos podamos tener un proceso de paz políticamente correcto, se requiere que al frente de los destinos del país esté un gobierno decente, compuesto por hombres honestos y rebosantes de moralidad,  y al otro lado de la mesa, se encuentre una subversión impoluta, es decir, una subversión que de ninguna manera rime con un adjetivo terminado en uta.

¿En cuántos siglos se darán estas condiciones? Nunca, jamás, ni por el putas. Ni se han dado ni se darán. El mismo Vallejo, en uno de sus escritos, afirma que en toda su vida ha conocido tan solo a un político honesto: al ya fallecido Luis Navarro Ospina, el tuso Navarro, un godo paisa y ospinista fallecido hace mil años, cuando Vallejo tenía todavía el pellejo muy joven. Así, pues, los colombianos estamos condenados a la guerra eterna, a la guerra perenne y perpetua, que es, ni más ni menos, el verriondo sueño uribista.

Por eso decía yo al principio de este escrito, que Fernando Vallejo tiene todas las condiciones para ser el candidato presidencial por el uribismo en las elecciones del 2018: es un  acérrimo crítico del proceso de paz, tan acérrimo, tan exigente, tan estricto, que termina, sin querer queriéndolo, convertido en furibundo amante de la guerra. ¡En mozo de la guerra!

@dicksalazar




LINKIPEDIA


La diferencia. Alfredo Molano Bravo.

Commedia dell'arte. Antonio Caballero. Semana.

Una esquela para Fernando Vallejo. Por: Julio Cesar Londoño. El Espectador

Fernando Vallejo, visto por el ojo derecho

















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