"La culpa es de la vaca (y de los maestros)", @MiremosaVer


El paro de Fecode dejó algunas cosas claras y algunas nebulosas, en un país que se ha ido acostumbrando a ver a los gobiernos cediendo a las exigencias de diferentes sectores sociales, con improvisados arañazos al presupuesto nacional. (Aclaración: cuando hablo de gobiernos, no debo incluir al reciente de 8 años, que cedía pero no con plata sino con plomo).

Ajuste salarial, digna atención en salud y una evaluación de competencias más acorde fueron el eje de la prolongada y acalorada disputa entre una ministra muy bonita y muy pila pero muy soberbia, y los directivos del gremio docente, que piden directamente una cosa pero quieren disimuladamente otra.

Y, si bien, la lucha de los profes es justa, creo que debe hacerse una diferenciación entre Fecode y los maestros de a pie, del día a día en los salones de clase, que hacen un gran esfuerzo en medio de las condiciones más desmotivadoras. 

Pero veamos este análisis de un visitante europeo, que fue testigo del paro de Fecode:

La culpa de la pobre calidad de nuestra educación no es del Estado, porque siempre asigna el presupuesto suficiente y a tiempo para atender las necesidades del sector, legisla en beneficio de los profesores y los estudiantes, y tiene ministros preocupados por mejorar nuestra calidad educativa, como la ministra Gina, enconada defensora y experta conocedora del tema educativo, y el ministro de Hacienda Cárdenas, muy preocupado por el sector y quién desde el anuncio del paro estuvo dispuesto a asignar los recursos que fueran necesarios para solucionar la problemática.

La culpa de la pobre calidad de nuestra educación no es de la ministra Gina, una fea, humilde y conciliadora funcionaria, que llegó a la mesa de negociación del paro con la disposición de escuchar a los directivos de Fecode, muy informada de la situación del sector y de los niveles salariales de los profesores, con unos estudios de muy acertados promedios y estadísticas, y a buscar soluciones que los beneficiaran. Con la humildad que la caracteriza, cumplió con el mandato presidencial de buscar todos juntos hacer de Colombia la más educada.

La culpa de la pobre calidad de nuestra educación no es de las instituciones educativas. Al menos, no de las oficiales. Los colegios privados tienen grandes dificultades para formar bien a sus estudiantes, por sus bajos presupuestos, porque no pueden contratar docentes formados en licenciaturas o pedagogía, y menos con posgrados, porque no tienen instalaciones adecuadas para una enseñanza efectiva, y porque deben hacer grandes esfuerzos para poder competir en condiciones más o menos equitativas con las poderosas instituciones del Estado.

Estas merecen capítulo aparte. Los colegios públicos cuentan con asignaciones presupuestales cada vez más amplias, los sucesivos gobiernos han invertido muchísimo dinero y han nombrado los más capacitados ministros de Educación para lograr que todo ese dinero se invierta en garantizar la menor educación: pagan sueldos excelentes, tienen las mejores aulas, con toda la dotación, los laboratorios cuentan con tecnología de punta para los experimentos y las clases, los contenidos curriculares están actualizados y son acordes con las más altas exigencias de la educación mundial, en fin.

La culpa de la pobre calidad de nuestra educación no es de los estudiantes. Por lo menos, de los estudiantes de los colegios estatales. Ellos cuentan con todo a su disposición: tienen excelentes aulas, completísimas bibliotecas, los mejores docentes. Pero lo más importante: son los estudiantes más dedicados al estudio, se esfuerzan cada día por obtener las mejores notas, no pierden tiempo en veleidades tecnológicas, como estar ‘chateando’ en clase con sus smart phones ni perdiendo el tiempo en redes sociales. No. Los estudiantes de los colegios públicos están dedicados a estudiar. Lo de las pasadas Pruebas Pisa fue, tal vez, un error en la contabilización final de los resultados.

Entonces, si la culpa de la pobre calidad de nuestra educación no es del Estado, ni del gobierno, ni de la ministra, ni de los colegios (de los públicos, valga aclarar), ni de los estudiantes, ¿de quién es entonces? 

¡Pues de los maestros! ¿De quién más? De esos maestros de Fecode que protestan por protestar y dejan a los muchachos dos semanas sin clases, teniendo sueldos tan buenos, beneficiándose de un servicio de salud excelente y trabajando en las mejores condiciones.

Si desean leer el contraste de este texto, lean la muy despalomada y desenfocada columna de María Jimena Duzán cuyo link les dejo abajo. 

@MiremosaVer


      



LINKIPEDIA

El estilito. María Jimena Duzán. Semana

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