El método Cupido de pedir perdón

Haberse peleado con su novia a finales de la primera semana de julio tenía a Ricky Martínez hecho trizas. Sabía que en aquella dura discusión que había sostenido con Laura, él no tenía toda la razón (tan solo el 93%). Pero ese siete por ciento en el que había estado equivocado, le martillaba la cabeza, le demolía el corazón.

Ricky, en un acto de arrepentimiento (y replanteamiento), decidió que un nuevo lema guiaría su vida:

"Las discusiones se ganan cuando se tienen como mínimo el ciento treinta y cinco por ciento de la razón, o no se ganan. Y mucho menos, cuando se discute con la mujer que uno ama".

Fue así como, siguiendo la nobleza que lo caracteriza, Ricky resolvió pedirle perdón a Laura. Y para demostrarle que lo hacía de corazón, decidió hacerlo al estilo de Cupido, aquel ángel que con su arco y flecha, patrocina el amor.

Ricky escogió con cuidado el momento en que daría a conocer al mundo su nuevo método de rogar perdón. Estaba seguro de que su invención revolucionaría para siempre el mundo del amor y los sentimientos.

Cuando el reloj marcó las diez de la noche del 14 de julio de 2015, fecha en que la sonda Nuevos Horizontes pasaba por Plutón,  Ricky sabía que había llegado el trascendental momento: se lavó con cuidado las manos, se lavó los dientes, se espichó varias espinillas que afeaban su rostro, se peinó  y acto seguido le mandó a Laura,  a través de su "flecha" -su viejo y humilde celular-, varios mensajes que había escrito cuidadosamente sentado bajo el arco de la puerta de su casa, teniendo como secretaria y consejera la luz de la luna y las estrellas.

Ese era ni más ni menos el método Cupido, método sencillo, económico y romántico al alcance de miles de colombianos. Una verdadera revolución democrática y pacífica, que solo exige como arma un arco y un "flecha".

Ricky le envió a Laura siete sentidos mensajes suplicándole perdón (como todo un caballero, uno por cada porcentaje en el que había estado equivocado, uno por cada día que había transcurrido después de la fenomenal gresca). Y no se trataba de mensajes comunes y corrientes, eran especiales: tres mensajes los escribió en verso, en románticos versos, y cuatro en la mejor de las prosas amorosas, que es la que se escribe teniendo enfrente de los ojos un ramo de rosas rojas. (Tome nota, caballero).

Pero Laura no contestó. Ni un solo mensaje le respondió al pobre Ricky.  Ni uno solo. Nada, absolutamente nada. Silencio total hasta el día de hoy. Y como si fuera poco, Laura se esfumó, como se esfuman los cigarrillos cuando un par de labios se los fuma.

Fue entonces cuando Ricky entendió una cosa: que es falso que la "caída" de las llamadas de celulares sea el problema más grave que aqueja a los colombianos.

Ricky sabe ahora que el problema más grave es el de los mensajes de texto caídos en desgracia, de los textos caídos al vacío, a la nada, en razón de que a su ofendida destinataria no le da la gana de leer, ni mucho menos responder.

Y son más graves que las caídas de las llamadas, porque con la caída de textos muere de despecho un poeta, un soldado de la literatura, un héroe de las letras (que sí existen), el peor de los crímenes que puede acontecer en el universo y en un país necesitado de seres sensibles y sentimentales ...


Posdata
¿Y Laura? Está viva, con un hematoma en el alma, pero viva. Pronto se recuperará. La conozco, sé que si leyera estas líneas, preguntaría con ironía: ¿Método de Cupido o método estúpido de pedir perdón?


@dicksalazar




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