¿Paz o guerra? @MiremosaVer qué está pasando...

El actual es probablemente el momento más crítico del proceso de paz entre el gobierno Santos y las Farc. Tal vez dos eventos anteriores de similar tensión se vivieron cuando el general Rubén Darío Alzate fue “secuestrado” por ese grupo armado ilegal en noviembre del año pasado, y cuando las Farc asesinaron a 10 militares y dejaron a 17 más heridos, en zona rural del municipio de Buenos Aires, Cauca, en abril pasado. En ambos hechos pareció que el gobierno se retiraba de la mesa de negociaciones. Pero no fue así, y el presidente de la República, fiel a su obstinado deseo de alcanzar “la paz”, fustigó pero continuó adelante.

Cuando las Farc decretaron el cese al fuego unilateral, el país pensó que esa guerrilla había decidido, por fin, equiparar lo que planteaba en la mesa de diálogos en La Habana con su accionar de guerra en el territorio nacional, y que iban a disminuir los ataques a la población civil, la Fuerza Pública y la infraestructura nacional. No hubo tal. En medio del cese al fuego planteado por ellos mismos, ejecutaron varias de las más brutales acciones militares y terroristas desde que se iniciaron las conversaciones en Cuba.

Las más recientes corren por cuenta de una serie al parecer ininterrumpida y demencial de ataques a los oleoductos en muchas partes del territorio nacional, con las inevitables consecuencias ambientales y humanitarias que eso conlleva. Sólo en el departamento del Putumayo ha habido más de 17 atentados a oleoductos; ataques en el Cauca; el vertimiento de más de 400 mil galones de crudo por el ataque al Oleoducto Trasandino en el río Mira, que abastece de agua a Tumaco, en Nariño, que produjo una crisis sanitaria sin precedentes en ese municipio por el desabastecimiento de agua, y causó la mayor catástrofe ecológica y ambiental de Colombia en una década. Se dice que el daño es irreparable, por la desaparición de enormes cantidades de especies animales y de vegetación fluvial, además del enorme perjuicio humanitario para las comunidades de todas las zonas aledañas.
Farc vuela oleducto Trasandino. El Tiempo

Y mientras las Farc parecen no tener freno en su espiral de barbarie, sus acciones alimentan las siempre guerreristas mentes uribistas, y no dan pábulo a las opiniones y críticas de los miembros del movimiento político propiedad del senador Álvaro Uribe. A raíz de las acciones de la guerrilla, él y sus muñecos de ventrílocuo en el Congreso, los medios de comunicación y la Procuraduría no han cesado un instante en sus vehementes clamores por más guerra, por su “paz sin impunidad”, y siguen obedeciendo irracionalmente a la lógica que con mucho acierto plantea el columnista Álvaro Forero Tascón en una reciente columna  de El Espectador“…el partido uribista se alimenta de oponerse a la política de paz basado en el odio a las Farc”.

Por su parte, el procurador Alejandro Ordóñez pidió, tal vez más motivado por sus inocultables motivos religiosos y su evidente desprecio por las Farc, y en una acción notoriamente mediática y efectista, la suspensión inmediata de la participación del gobierno nacional en la mesa de diálogos de Cuba, hasta tanto ese grupo armado ilegal no suspenda los atentados terroristas, como si esa fuera la solución.

Lo cierto es que el país está incendiado, hastiado de esta barbarie sin fin, y más actos de terror por parte de las Farc no van a conducir ni a cambiar la pésima percepción que tiene el pueblo colombiano de ellos, ni a acallar las voces delirantes que desde el Centro Democrático (incluidos sus congresistas, columnistas y directores de medios) no paran de pedir a gritos más guerra, parapetados en la comodidad de sus computadores portátiles y sus teléfonos inteligentes. Pero mucho menos van a hacer posible lo que supuestamente fueron el gobierno del presidente Santos y las Farc a buscar a La Habana: el fin del conflicto armado colombiano.

Lo que sí parece un hecho incontrovertible es que mientras las Farc tengan posibilidades de seguir narcotraficando no van a dejar la guerra, no van a renunciar a su principal fuente de financiamiento, y no van a firmar un acuerdo de paz, que tiene para ellos muchas más incertidumbres que certezas. Y todo indica que las Farc no van a detener su accionar terrorista, así éste tenga como principal consecuencia perjudicar a cientos de miles de colombianos, que el único daño que le han hecho a esa guerrilla es el de ser pobres en un país en guerra.

@MiremosaVer

      

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