El asustadizo vecino de @Adosdelrio


 El alquiler de ese apartamento era el más barato de todos los que había intentado rentar. Tal vez se debía a la humedad que tenían sus cimientos, o a la poca luz que lograba colarse por sus  devencijadas ventanas, o a la mucha oscuridad atrapada entre sus viejas paredes, o al hecho de que -según decían- lo habitaba un fantasma. Lo cierto es que llevaba muchos meses deshabitado, ocupado únicamente por ermitañas arañas y sus tétricas telas. A decir verdad, el pequeño apartamento no era bonito; tampoco muy feo.  Pero como yo andaba en época de vacas flacas y la necesidad tiene cara de perro, decidí tomarlo en arriendo.
¡Y resulto cierto!

En cuanto inicie la mudanza, empezaron las cosas raras. Yo colocaba esto acá, alguien lo quitaba del sitio y lo ponía en otra parte; yo encendía una luz, alguien la apagaba; yo clavaba una puntilla, alguien ponía el cuadro. 

No soy de los que se amedrentan fácilmente; así es que decidí tomarlo a la ligera, dormir un poco y esperar al otro día para ver que más sucedía. 

Pero el fantasma no esperó. Serían aproximadamente las once de la noche, cuando salió de entre las sombras enfundado en una larga sábana blanca y dijo: ¡buhhh! 

No sé cuál era la reacción que él estaba acostumbrado a ver en los demás, pero yo me le planté de frente y lo increpé con tono desafiante: 

-¿No se te ocurre otra cosa que no sea ese ridículo buhhh? ¿Qué clase de fantasma eres? ¿Es que en todos los años que supongo que tienes, no has aprendido otra palabra? ¡Y esa sabana!, ¿es que no sabes lo qué es la moda, que siempre llevas ese trapo tan raído? Bueno, menos mal que no arrastras cadenas, porque eso si sería el colmo de la lobería... 

Y acto seguido tomé el atizador de la chimenea, dispuesto a enseñarle quien era quien. No puedo decir que puso pies en polvorosa porque supongo que los fantasmas no tienen pies, pero salió casi volando y no se volvió a aparecer en toda la noche. 

Al otro día, lo alcancé a ver asomando tímidamente lo que podía ser la cabeza y me moví rápidamente hacia él; desapareció como una bala, no sé por donde. 

De eso ya van casi seis meses, y yo no me cambio por nadie. El dinero me rinde mucho más que antes, cuando llego al apartamento encuentro todo en orden: mis camisas siempre están bien planchadas, mi cama inmaculada y hasta la comida, calientica en el horno. Me siento superbién. 

Respecto al fantasma, no sé por qué no se ha largado; tal vez en este sitio tiene muchos recuerdos de tiempos pretéritos, quizá no tiene a dónde más ir, puede ser que la soledad lo haya goleado mucho en tantos años y prefiere algo de compañía, ¡qué se yo! 

De lo único que estoy seguro, es que mi compañero de apartamento, es el único fantasma asustado del que se tenga noticia.

Luis Armando Abril Del Río

@Adosdelrio


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