Yo no me llamo como me llamo

He descubierto que yo no me llamo Dick Salazar.

Hay quienes dicen que realmente me llamo Ricardo. Y que me llamo así por puro accidente, es decir, porque el cura que me bautizó no quiso ponerme como nombre Dick -como era el deseo de mis padres- con el argumento de que en el santoral católico no había ningún San Dick.

Dicen las malas lenguas que de nada valió que mi madre le argumentara al cura que yo podría ser el primer san Dick de la historia. Y dicen también que mi papá, sabiendo desde antes de que yo naciera la clase de persona que yo sería, no se molestó en discutir con el cura. Y a la postre mi mamá no tenía razón: jamás he sido un santo, no soy santo, ni mucho menos tengo planeado serlo.


-Póngale el nombre que le dé la gana -cuenta la gente que mi papa le dijo en tono seco al cura-. Me da igual... y tengo dos razones para pensar así.

-¿Y cuáles son esas razones, si se puede saber? -aseguran  que muy intrigado le preguntó el sacerdote a mi padre.

-En primer lugar, porque de todas maneras cotidianamente al niño lo llamaremos Dick y lo que es más importante, él mismo se autodenominará Dick.  Hacer que lo llamen con ese nombre será una de las tareas que tendrá a lo largo de su vida, independientemente de cual sea el nombre que le hayan puesto en la pila bautismal.  

-¿Y cuál es la otra razón, señor Salazar?

- Me da igual que le ponga cualquier nombre, porque cuando este niño, alias Dick, esté grande entenderá que uno debe asumir un nuevo nombre en cada circunstancia, en cada coyuntura...

Y fue así como descubrí que en estos momentos no debo llamarme Dick Salazar, sino Feliciano Valencia, como se llaman hoy por hoy todos los colombianos decentes que estamos en pie de lucha ante un nuevo atropello que se está cometiendo contra las minorías indígenas.

@dicksalazar

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