Un cuento corto de @tuiterodactilo

En su perfil profesional, Taber Segura Argumedo asegura (y argumenta) ser diseñador gráfico. Se quedó corto. Es mucho más que eso: también es un soñador gráfico y uno de los mejores diseñadores de tuits con lo que cuenta el país.

Padre de dos hijos, teclista, ejecutor de notas y diseñador de sonidos, este poeta digital se bautizó a las orillas del Sinú con el nombre de @tuiterodactilo, nombre con el que se conoce a un mítico animal de "dedos alados que habita a orillas de espejos, donde pesca reflejos, huellas y sombras".


Al menos 12.600 tuiteros conocen los geniales tuits de Taber. Sin embargo, tan solo el 33% de ellos saben que Taber Segura escribe también cuentos cortos de más de 140 caracteres. Actualmente ese placer lo tienen únicamente aquellos que leen habitualmente El Meridiano, un medio regional de Córdoba y Sucre. 

Con el ánimo de que el porcentaje de tuiteros conocedores de las historias breves escritas
por Taber Segura suba al menos al 34%, El Periódicko.com se permite reproducir hoy uno de los cuatro textos publicados por El Meridiano, la soleada mañana del 5 de enero de 2013.  



HISTORIA UNO

Taber Segura utiliza siempre como 
avatar en Twitter una fotografía de 
su niñez. "Es el símbolo de que 
el man tiene aún corazón 
de niño", creo yo.

Durante muchos años tallaron con sus cinceles 9 rocas enormes, de cada una de ellas obtuvieron una letra hasta completar la palabra ESPERANZA.

La obra podía contemplarse a varios kilómetros de distancia y convirtió a aquella pequeña villa perdida en las montañas en un destino turístico importante.

Un mediodía cualquiera, cuando la multitud miraba y fotografiaba el exótico monumento, un movimiento telúrico los hizo dispersar.

Los 9 megalitos cayeron como cartas de naipe. Una vez se disipó la polvareda en torno a ellos los habitantes del pueblo y visitantes corrieron angustiosos a observar los daños causados por el siniestro natural. Siete estatuas reducidas a añicos, y curiosamente las dos letras E quedaron intactas.

Cuando todos lamentaban la tragedia, un niño tuvo una genial idea: que una de las E la dejaran tal cual y a la otra le quitaran la parte de abajo. Así se hizo, volvieron a levantar las dos enormes rocas talladas y desde muy lejos ahora se puede leer la palabra FE.




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