Alberto Aguirre, aguerrido columnista. Por @DuverAlexPerez

A continuación usted va a leer dos textos intercalados, escritos con un cuarto de siglo de diferencia. Pero no se asuste: usted no sentirá el vértigo de viajar al pasado. Déjeme explicarle.

El primer texto es un artículo escrito hace poco por Duver Alex Pérez en el que este estudiante de comunicación reseña a un maestro del periodismo nacional: Alberto Aguirre, fallecido en 2012.

El segundo texto es, precisamente, una columna del maestro Aguirre escrita en 1980, pero que continúa con plena vigencia. Por eso, usted no sentirá el vértigo de viajar al pasado. Colombia es un país congelado donde pasado y presente son una misma vaina. @dicksalazar


Alberto Aguirre, columnista fuera de serie.

Periodista, ensayista, cinéfilo, editor, fotógrafo, comentarista deportivo y librero. Alberto Aguirre se concibió como un escritor y dedicó toda su existencia a darle golpes contundentes y sutiles a su máquina de escribir.


"Se está volviendo Colombia muy pequeña. Reside cada vez más en reductos más ínfimos y se acorrala en cubículos minúsculos. Es como si la piel de la patria se estuviese encogiendo. Hay un aire de mezquindad, imperan las pequeñas cosas y son ínfimas las emociones. Lo único desmesurado es el afán de lucro y la brutal exhibición de las riquezas. Desmesura y despliegue que dan la medida de una pequeñez espiritual. Es que el valor ha perdido su sustancia ética para convertirse en vulgar suma de monedas". 

A través de los periódicos El Mundo y El Colombiano, las revistas Cromos y Soho, los lectores se habituaron a los textos de un hombre osado que llamaba ineptos a los presidentes, que lloraba tras las teclas al enterarse de los asesinatos e injusticias del país, que defendía la libertad de prensa y criticaba al periodismo que servía al poder.

"Ningún propósito grande mueve hoy a Colombia. En medio de la ratería y la avidez, desfallece el alma nacional. Imperando la burguesía, el solo afán de lucro ocupa el aire de la nación. Y como la burguesía abarca hoy la escena social, es ella, con su avidez, la que da el tono histórico del país. Al destino de injusticia y escasez. Y espera. Aquí reside la esperanza de la Patria. Los partidos políticos son pura mecánica. La política, aritmética. El sistema económico queda liberado a su ejercicio voraz, dentro de un orden salvaje." 

Aguirre obligaba y obliga al lector que se sienta con sus textos, a hacerlo con diccionario en mano gracias a su amplio conocimiento de nuestra lengua. Sus columnas no son simples opiniones basadas en nimiedades, están llenas de citas que traen a colación a Nietzsche y a Kant, que pasan por Fernando González y Estanislao Zuleta, que referencian al pensador más ilustre pero también al hombre más despreciable.


"El Estado, llamado teóricamente a ordenar la vida social, es mero gendarme de los poderosos, para despejarles el terreno de todo peligro. Lo único potente hoy en Colombia, desde el Estado, es la represión: el gobierno es tibio para los opulentos y feroz para los humildes. Y los partidos políticos, que serían la mediación entre el estado y la sociedad civil, se han reducido a mera maquinaria: son carrocería (...) De mediación política se han convertido en mediación burocrática. Perdieron el hálito. Son un sarmiento seco en esta inmensa sequía que es Colombia".


El escritor Héctor Abad Faciolince lo definió como el Karl Kraus de Medellín. Sus textos, más que columnas, son ensayos en los que se evidencia toda una rigurosa y paciente labor investigativa.

Fuera de serie. Esa es, tal vez, la mejor denominación para hablar de Alberto Aguirre. Así lo calificó su amigo Carlos Gaviria. Entre sus columnas más recordadas se encuentra la que le dedicó a su amada ciudad, “Odio a Medellín”, y la que escribió en la revista Cromos como homenaje al humorista Jaime Garzón, asesinado en Bogotá en agosto de 1999:

“No matan solo a Jaime Garzón. Matan a la prensa. Matan a los periodistas. Todos nosotros, los del oficio, hoy hemos muerto (…) ¿Para qué escribir? ¿Para qué aventar y alinear palabras? No es miedo a la muerte; es asco de esta vida vil que nos pusieron a vivir en Colombia. Y lo que más duele es este sentimiento de inutilidad de la palabra. Y de su impotencia. Y de mi inutilidad y mi impotencia como simple ser humano. Y si la palabra no sirve ¿Para qué la vida?”.

Luchador incansable de la libertad de prensa. En 2003 a los columnistas del periódico El Colombianose les pidió que no opinaran sobre los candidatos a los puestos de elección popular del momento y de inmediato Alberto pasó su carta de renuncia a su directora Ana Mercedes Gómez.

Foto: archivo familiar
"Es tanta la indolencia del espíritu colectivo, es tanto el cinismo, que cuando una voz se alza sobre ese susurro general, aun discretamente, suena apocalíptica: ese que la dice es un desaforado. Todo el mundo se acomoda, se ensambla, se relaja, se ajusta, y busca su pequeño nicho de fortuna. Así, lánguidamente, se desenvuelve la vida colombiana. Es melancólica".

Alberto Aguirre era un revolucionario pero no de esos de cafetería. Nació incendiario pero no murió siendo bombero. Sus columnas y las constantes denuncias que hacía a través de ellas, lo llevaron al exilio en 1987. A penas a fines de junio de 1990 pudo regresar al país.

Se necesitarían miles de palabras para hablar de todas las proezas del maestro Alberto Aguirre. Como abogado, sacó de aprietos a los Nadaístas y su librería fue definida por el creador de este movimiento literario como un centro de la cultura. Allí se encontraban todos los libros que los diarios prohibían. Alberto fue el primero en traer a la ciudad El Capital, de Karl Marx. En el mundo del deporte cubrió el mundial de fútbol del 70 y a través de la fotografía -otra de sus pasiones- retrató lo “hermoso en medio del caos del mundo”, como lo declaró en una ocasión.

"Pero hay otra desmesura colombiana: el crimen. Cegados los caminos del espíritu, esa inmensa energía represada de los colombianos, su capacidad de creación, se ha volcado al latrocinio. Y qué potencia criminal es hoy Colombia en el mundo. Es el otro signo de nuestra mezquindad. Altos para el lucro y el crimen, pequeños, ínfimos, mezquinos para el espíritu. Este es el país que nos han construido. Otro habrá de construirse". Alberto Aguirre. Cuadro. Junio 25 de 1980.


Alberto Aguirre falleció el 3 de septiembre de 2012, producto de un derrame cerebral que había sufrido dos días antes. Los médicos no le ofrecieron asistencia pues años atrás había firmado una orden para que no le prestaran ninguna ayuda médica que intentara reanimarlo.

Este año, cuando se cumplen 90 años de su natalicio, quiero ofrecerle un pequeño homenaje a este gran intelectual colombiano. Y agradezco al azar, que hace las cosas muchas veces mejor que la propia lógica – como dijo Cortázar –, haberme cruzado con una recopilación de sus columnas llamada Cuadros en una estación del metro.

@DuverAlexPerez

      


CRÉDITOS FOTOGRÁFICOS
Las fotografías fueron tomadas por el periodista Luis Alfonso Yepes Bustos

Nota. El artículo de Duver Alex Pérez fue publicado originalmente en la revista Sole.com























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