Can viene de carne. Cuento corto de @adosdelRio

Siempre le habían gustado los animales, sobre todo los perros. Y por eso, al llegar y ver tanto can hambreado, sintió que se le partía el alma, que se le salían las lágrimas.

Desde que la gente se había marchado del pueblo, seis mes antes, tras el accidente en la planta nuclear, no hubo nadie que se volviera a preocupar por aquellos que desde siempre cuidaban las casas, el ganado, los niños. 

Los habitantes del pueblo se fueron sin pensar en los amigos de cuatro patas que meneaban la cola cada vez que los veían llegar, en aquellos que les lamían la cara cuando lo sentían tristes y que, casi siempre, se contentaban solo con las sobras.


Pero él, Iván Ivanov, iba a remediar eso, aunque fuera por un par de días. 



Con la ayuda de una gran barra de metal había destrozado una puerta del inmenso almacén de abarrotes y llevaba, como podía, un enorme bulto de alimento concentrado; y a medida que se acercaba a la más de una docena de animales famélicos, pensaba en que ellos, al menos por un par de días, comerían hasta hartarse.

Los mejores amigos del hombre, con los ojos fijos y ansiosos, también lo miraban. Veían, relamiéndose el hocico, cómo un delicioso montón de carne y huesos se acercaba a ellos cargando sobre sus hombros un insípido fardo de concentrado...

Can viene de carne.

Armando Abril

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