El fundamentalismo ambientalista

El pasado 14 de abril, el presidente Juan Manuel Santos suspendió la resolución 0286 del 18 de marzo de 2016 que autorizaba la exploración petrolera en zona cercana a la serranía de La Macarena, luego de que se generara un gran polémica en diferentes sectores y redes sociales por la posible afectación al río Caño Cristales.

Una semana después,  Alfonso Cuéllar, columnista on-line de la revista Semana, conocido en Twitter con el nickname de @Fonzi65, arrojó esta bomba:



"El quinto poder. De manera creciente, el fundamentalismo ambientalista es quién decide el desarrollo económico en el país".

¿Fundamentalismo ambientalista? ¿Qué clase de locos componen este grupo extremista que, según denuncia Alfonso Cuéllar, se apoderaron del timón del desarrollo económico de nuestra patria querida?

Para resolver este interrogante solo tengo un camino: la ciclovía.

Es domingo. Son la nueve de la mañana. El deber y la curiosidad me llaman. ¡Qué pereza! Me levanto. Me pongo mis tenis viejos, mi pantaloneta gris -mejor dicho, mi pantaloneta de color negro desgastado- y mi camiseta blanca percudida, -mejor dicho, mi camiseta gris-.

Me lavo toda la cara y algunos dientes, me peino la personalidad, y me monto en mi bicicleta falsamente gris (de poco lavarla). Mi meta: ir a la casa de Alfonso Cuellar a preguntarle de frente el asunto, como todo un varón.

Empleo 35 minutos en llegar a la casa del columnista, es decir, 1.050 pedalazos y 3.500 gotas de sudor puro. Timbro en la puerta. No han pasado más de 700 segundos cuando Cuéllar aparece debajo del dintel.



- ¿Quién diablos son los ambientalistas fundamentalistas?, le pregunto a quemarropa.

Alfonso se toca el cuello (por increíble que parezca, los Cuéllar antes de contestar cualquier pregunta se tocan esa zona) y sin titubear me responde:  

 -"En el imaginario popular son pequeños héroes que combaten contra los grandes conglomerados y 'transnacionales' que quieren destruir la naturaleza. Se presentan como los débiles. Parecen hermanitas de caridad; su único interés, la verdad y el bienestar de la humanidad. Su credibilidad en los medios es estratosférica; la carga de la prueba mínima, casi inexistente".

-¡Qué vergajos tan insoportables, Alfonso! -le digo con ironía.

Entonces ocurre algo extraño: Fonzi otra vez se toca el cuello (siempre había creído que los Cuellar se tocan el cuello tan solo una vez por respuesta) y continúa con su explicación sobre los fundamentalistas ambientalistas:  

-"Disfrutan de una ventaja comparativa: alegan defender un bien común, el medio ambiente y el futuro de nuestros hijos y nietos. Son descritos -y se autoproclaman- como nuestra única salvaguardia ante las hordas capitalistas. Criticarlos equivale a blasfemia".

Qué hijuepuercas angelitos tan desgraciados, Alfonso! -le digo con ironía elevada al cuadrado, pero Fonzi no se percata del tono de mi comentario, o sencillamente no le da la gana de darse por enterado porque quiere que publique en El Periódicko.com toda su respuesta.




Entonces ocurre algo que hace añicos para siempre mi falsa creencia de que los Cuellar, al responder una pregunta, nunca se tocan por más de una vez la parte que une el tronco con la cabeza: por tercera vez consecutiva, Alfonso se toca el cuello con la mano derecha mientras amplía su respuesta sobre los "fundamentalistas ambientalistas".
 
-"Son a la vez profetas y expertos. Sus opiniones infalibles. Son maestros de la propaganda y de la comunicación. Entienden que la manera más fácil de transmitir un mensaje en este mundo de información instantánea y masiva es acudiendo a la exageración y al sensacionalismo. Y especialmente, cuando lo que dicen coincide con el pensamiento de muchos".

-Muchas gracias por la explicación, Alfonso. Nos vemos en otra oportunidad.

-A sus órdenes, joven.

Cuando me disponía a dar el primer pedaleo para marcharme, Fonzi, tocándose el cuello, me dice con voz dramática:

-"Va ser muy difícil atraer inversión al país si cualquier decisión gubernamental puede ser revocada a punto de desinformación y twitterazos".




De regreso a mi casa, tres ideas me vienen a la cabeza.

1. Toda la vida los dueños de este país han explotado (y maltratado) los recursos naturales como les ha dado la puerca gana. Por eso estamos como estamos. Que hoy los ambientalistas se les atraviesen, me parece muy bien. ¡Y democrático! Estos debates podrán llevar al respeto por la naturaleza. El medio ambiente no es una cosa que podamos dejar únicamente en manos de los políticos y de los empresarios. Empre$ario viene de pre$a...  ¡Viva el glorioso Partido Tuitero de Colombia!

2. Es tendencioso y exagerado calificar de fundamentalista al movimiento ambientalista en un momento histórico en el que el concepto "fundamentalista" huele a terrorista.
Una de las cabezas principales de este movimiento ambientalista fue el profesor Manuel Rodríguez Becerra, el primer ministro del Medio Ambiente que tuvo Colombia. ¿Es él un fundamentalista?, ¿un desinformador?, ¿ un sensacionalista? Acusaciones sin fundamento.

3. Alfonso Cuellar no solo es un fundamentalista, sino también un integrista: se toca el cuello fundamentalmente (e íntegramente) con la mano derecha.

@dicksalazar 




Dickcionario Básico:
Fundamentalismo: actitud contraria a cualquier cambio o desviación en las doctrinas y las prácticas que se consideran esenciales e inamovibles en un sistema ideológico, especialmente religioso.

El quinto poder. Alfonso Cuéllar. Semana.


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