El método de @DuverAlexPerez para regresar a la infancia.

Duver Alex Perez acaba de inventar un método para retornar a la infancia. El negocio que le hemos propuesto en El Periódicko.com es que patentemos el método y nos dividamos las regalías. Treinta y tres por ciento para él (el 33 es un número de buena suerte) y el resto para nosotros.  Estoy seguro que con el dinero que nos corresponda, podremos sacar de pobre a El Periódicko y así convertirnos en un gran medio. Luego compraríamos a Actualidad Panamericana, a Semana, El Tiempo, El Espectador... y haríamos nuestro propio cartel; un cartel de papel no higiénico, es decir, de papel periódico, en el que publicaríamos para Colombia y el mundo entero cuanta miércoles se nos antoje. @dicksalazar
   


La lectura de El Principito como retorno a la infancia


“Si vienes a las cuatro de la tarde, a partir de las tres seré feliz”
Antonie De Saint – Exupéry


Probablemente la portada de El Principito desde su primera edición en 1943 ha sufrido cambios importantes; con la que yo me encontré, no es muy llamativa para un lector adulto: 

Un niño de rizos dorados, de ojos asimétricos, orejas inexistentes, una línea que hace las veces de nariz y un pequeño atisbo que representa su boca; un niño de risos dorados que utiliza una capa azul con bordes y fondo rojo, botas hasta la rodilla y enterizo blanco; un niño de rizos dorados que lleva una espada en la mano  plasmado en el centro de la cubierta como el protagonista de la misma

En la parte inferior, en letra mayúscula sostenida se encuentra el título El PRINCIPITO, hecho que termina de conformar una portada pensada para un libro infantil. Sí, quizá cuando Antonie De Saint – Exupéry escribió El Principito, lo hizo pensando en que sus lectores serían infantes.  Claro, esa suposición existe, pero queda en el universo de las posibilidades. Y en ese universo también hay cabida para la premisa de que escribió para explicarse a sí mismo algo que a través del simple razonamiento no logró discernir.





Sí, solo son hipótesis y quiero quedarme –aunque parezca arbitrario– con la última. Muchos escribimos para comprender  y explicarnos a sí mismos el mundo y en este instante lo hago para intentar entender la razón por las que al leer las 127 páginas que componen el libro del francés, me percaté de que soy un adulto, una persona muy "seria” y "trascendental".

A través de la historia de un príncipe que ama a su flor y de alguien que se avería en el desierto del Sahara, obtuve un tiquete que me llevó a mi infancia, abandoné por unos minutos el existencialismo, la pasión por lo mundano y olvidé lo lúgubre y melancólica que se puede tornar en ocasiones la existencia. 

Antonie De Saint me devolvió por unos segundos la alegría que una vez sentí al sacar en la chocolatina el caramelo que me faltaba para el álbum, encontrar en la noche de navidad el regalo pedido al Niño Dios o cuando veía que un mago sacaba de su sombrero una paloma o un conejo.





El Principito no lo leí solo con la vista, pasó por mis cuatro sentidos restantes y atravesó mis reminiscencias. Se convirtió en un polo a tierra, en el más inocente polo a tierra.

La historia del niño de los risos de oro sacó mi boca una sonrisa y “nada del universo puede volver a ser igual (…) y ¡ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto pueda tener tan importancia!”

Después de El Principito, nada podrá ser igual… la lectura de El Principito, fue ese retorno a la infancia.



Algunas frases que me dejó El Principito

  • Lo esencial es invisible a los ojos.
  • Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.
  • Viví mucho con personas mayores y las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.
  • Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.
  • Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo.
  • Para los vanidosos todos los demás hombres son admiradores.
  • Bebo para olvidar que soy un borracho.
  • Únicamente los niños saben lo que buscan.
  • Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo eres un verdadero sabio.

@DuverAlexPerez

Estudiante de periodismo
Redactor de la Asociación de Periodistas Deportivos de Antioquia (Acord). 




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