A propósito de un tuit del Doctor Fausto

El Doctor Fausto es uno de los tuiteros uribistas más exitosos. Se declara orgullosamente de derecha, asunto que nos parece completamente válido y respetable. No hay nada más patético que un derechista vergonzante o clandestino.

Ácido, agudo, poseedor de un tremendo humor negro, conocedor de la política nacional e internacional, este personaje -cuya identidad es un secreto bien guardado- se ha ganado a puro pulso algo más de 19.400 seguidores  y lo más increíble: sin seguir a nadie. Toda una verdadera proeza, ¡realizada en un lapso de apenas dos años! Aplausos.

Sin embargo, en ejercicio del sagrado derecho a cambiar de opinión, hace unos pocos días el Doctor Fausto optó por seguir a algunas pocas personas (41 a la fecha).

Álvaro Uribe, Plinio Apuleyo Mendoza, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Juan Carlos Pastrana, Ricardo Puentes M, Eduardo Mackenzie, Sergio Araujo Castro, Juan Lozano, Claudia Gurisatti, Fanny Kertzman, Hassan Nassar, María Fernanda Cabal, Jaime Restrepo ("el Patriota"), Erika Salamanca, Claudia Bustamante, Alejandro Ordóñez, Salud Hernández-Mora y Saúl Hernández son algunas de las personas que tienen el honor de ser seguidas por el Doctor Fausto. ¡Un elegante costal de lo más granado de la derecha dura! Mister Fausto también sigue a Donald Trump, de quien, por supuesto, es gran admirador.

Mi ejercicio de hoy es analizar  el tuit que actualmente encabeza la cuenta del Dr. Fausto, un trino que ha sido retuiteado hasta el día de hoy 1.200 veces y que ha sido marcado como favorito por 447 personas.




(Nota. En los primeros días de septiembre de 2016, Twitter cerró la cuenta del Doctor Fausto. En consecuencia, todos los tuis de dicha cuenta desaparecieron, al igual que el tuit a que hacemos referencia. Lo único que queda en pie es el "esqueleto" que arriba aparece).  

Para empezar, no sobra tener en cuenta que el tuit fue emitido en el contexto de la crítica del uribismo al proceso de paz. El Doctor Fausto pretende denunciar la doble y contradictoria postura -que según él- ha asumido la izquierda en dicho proceso o en general.

Ahora bien, para iniciar el análisis hagámonos la siguiente pregunta:

Dentro del espectro político colombiano, ¿qué sectores se consideran de izquierda?

En el campo estrictamente político-partidista, la izquierda legal está compuesta por el Polo Democrático, Progresistas, amplios sectores del Partido Verde, la Unión Patriótica, Marcha Patriótica, el Partido Comunista, y algunos otros pequeños movimientos. Existe también un gran sector de la izquierda legal conformado por un número considerable de personas sin partido, independientes, intelectuales... También, por supuesto, se inscriben dentro de la izquierda un sin número de organizaciones populares, sindicatos, organizaciones campesinas y de indígenas. La lista sería larga.

En la izquierda ilegal, estarían los grupos guerrilleros de las Farc y el Eln.


Ahora, volvamos al tuit.

Afirmar que la estrategia de la izquierda (en general) es la de "hablar de paz y matar a todo el mundo" implica acusar injustamente a toda la izquierda legal de cometer asesinatos. La izquierda legal es precisamente legal porque nunca ha empuñado las armas (o si lo hizo en algún periodo, ya las abandonó a través de un proceso de paz, como son los casos del M-19, el EPL y el Quintín Lame). Es clave tener presente que muchos sectores de la izquierda desde siempre se han opuesto frontalmente a la lucha armada como método para llegar al poder, constituyéndose en duros críticos de los grupos armados.

Así entonces, es perverso meter entre un mismo costal a la izquierda legal y a la ilegal. Sus diferencias son abismales, sus métodos de lucha históricamente han sido distintos. Incluso, entre los diferentes sectores de la izquierda legal existen también grandes contrastes. Es que la izquierda no es una sola, no es un cuerpo homogéneo. Tratarla como un solo todo es estrategia de mala leche. Borrar las fronteras entre ellas es un grave error. Considerar a la izquierda legal como auxiliar de la izquierda armada, es un peligroso desacierto. Si algo no ha permitido que la izquierda avance es, precisamente, la existencia de los grupos subversivos.

Ese es el veneno que contiene el tuit del doctor Fausto. Cicuta digital concentrada en 140 caracteres. Pero el asunto no para allí.

El trino de nuestro amigo Fausto no pasaría de ser una simple y folclórica calumnia, si no fuera porque -sin querer queriendo- lleva en sus entrañas una idea peligrosísima: "Si la izquierda legal es asesina, exterminarla físicamente es justo y legítimo". Estas concepciones son en buena parte responsables de la violencia que ha enlutado a Colombia.

De mil maneras la extrema derecha ha machacado este tipo de ideas a lo largo de los últimos cincuenta años en nuestro país. De esta forma logró crear una verdadera "cultura de la muerte", aceptada -lamentablemente- como legítima por miles de colombianos. Se trata de una cultura que tiene como objetivo eliminar a civiles desarmados que creen honestamente que la lucha política se debe dar con votos y no con balas; es una cultura que quiere ver como normal y plausible este tipo de crímenes; es el legado ideológico de Carlos Castaño; es la oscura concepción de que todo aquel que no sea de derecha es inevitablemente un guerrillo; es la idea que detrás de todo antiuribista hay un castrochavista...

Atajar esta clase de planteamientos es imperativo si queremos construir un país en paz. Desarmar los espíritus debe ser también un propósito nacional.

Como bien decía el famoso filósofo colombiano Demetrio Rodríguez Ruiz (1835- 1936): "Colombia entrará en el camino de la civilización política cuando trinos como el del doctor Fausto no sean retuiteados ni marcados como favoritos por ningún tuitero".


@dicksalazar


 


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