Rayita, la gata de @Adosdelrio

Me dio por adoptar una gata de un par de meses de nacida que poco a poco se ha ido metiendo en mí, de una forma tal, que ya hasta la considero un miembro más de mi familia.

Ponerle un nombre fue toda una odisea, me pase días enteros ideando uno. No quería llamarla como todas las demás personas llaman a todos los demás gatos, quería algo propio de ella misma.

Las rayas que tiene desde el borde de los ojos hacia atrás de la cabeza me recordaban a la bella Nefertiti, y pensé llamarle Nefer; las rayas que tiene en la cola y que muestra muy oronda, traían a mi mente la imagen de un suricato, pensé llamarla Suri; las rayas que tiene por todas partes me parecieron rayas, así que simplemente la llamé… Rayita.


Desde el primer día en que la tuve a mi lado hablo con ella, la saludo efusivamente al llegar a casa, le comento mis inquietudes, y no puedo decir que me entiende, pero cuando levanta sus orejitas, sé que, al menos, está pendiente de mi voz.

Como a todo miembro de la familia gatuna, le gusta el juego, pero solo cuando ella quiere y con lo que quiere; como cuando le provoca saltar a mis piernas y clavarme las uñas al tratar de sostenerse o cuando quiere que yo la siga detrás de una pelota que se ha convertido en aquel ratón que nunca aprendió a cazar.

A veces, se acomoda entre los cojines que tengo en la cama y parece que fingiera dormir esperando que yo me recueste para írseme encima y morderme con todas sus fuerzas. Acto seguido, sale disparada y se esconde en cualquier rincón desde donde me mira como diciéndome, burlona, que no me le acerque mucho, que es más rápida que yo y que tiene los colmillos más agudos.

Mi gata no pierde oportunidad para hacerme recordar que tiene parientes bastante peligrosos, que debo estar muy alerta y que si ha tenido que vivir en mi casa y apegarse a las reglas de los humanos, es porque yo así lo quise, más no porque ella lo decidió.

Yo trato de acariciarla cada vez que ella lo permite, de pegar mi oído a su costado para casi extasiarme con su adorable ronroneo, de apreciar de cerca esos ojos tan expresivos, de pasar a su lado la mayor cantidad de tiempo; pero me cuido mucho de dejar que en las noches ella duerma en mi alcoba, no sea que de pronto, a ese encantador animalito, le dé por devorar mis sueños.

Armando Abril
@Adosdelrio


     

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