Crítica a un tuit del gran @matadoreltiempo

Sin lugar a dudas, el pereirano Julio Cesar González, Matador, es uno de los mejores y más prolíficos caricaturistas políticos que ha tenido Colombia. Me encanta la sencillez de su dibujo, me gusta la claridad de sus planteamientos. Sus caricaturas tienen una gran cualidad: son de fácil comprensión. En ese sentido, Gónzalez es un gran pedagogo.

Es grande la contribución que ha hecho Matador a favor de la paz en Colombia, así como valiosa la lucha que ha librado contra las fuerzas guerreristas del uribismo.

Mil aplausos a Matador por su trabajo. Las nuevas generaciones de Colombia le estamos debiendo un monumento a este gran caricaturista. Por mi parte, hablaré con mi profesora para ver si en el jardín de mi preescolar le podemos construir una estatua en su honor.

Pero... debemos tener siempre presente que Matador es de carne y hueso. Y sucede que hasta los grandes artistas a veces meten la pata, como -a mi juicio- lo hizo en este tuit, un error que en nada desdice el valor de su pensamiento y obra.




Todos los colombianos estamos de acuerdo en calificar al Congreso como un nido de ratas, sin desconocer que en esa corporación hay un grupo de parlamentarios honestos que desarrollan un buen trabajo.

Pero ojo: esta indiscutible realidad no puede llevarnos a plantear la idea de que la institución del Congreso "debería acabarse".

No, lo que hay que hacer es otra cosa absolutamente distinta: reformarlo, limpiarlo, pegarle un revolcón, reestructurarlo,  revocarlo para elegir uno nuevo, reducirlo, bajar sus costos... lo que usted quiera, ¡pero no acabarlo ni suprimirlo!

Y la razón es sencilla: no es posible concebir la democracia representativa sin un cuerpo colegiado en donde se expresen los distintos sectores de la ciudadanía. No es posible concebir la democracia sin que un cuerpo colegiado de elección popular tenga a su cargo la elaboración de la leyes.

¿Acabar o cerrar el Congreso para que el Estado esté a cargo básicamente del Ejecutivo?  ¿No sería eso un tipo de dictadura presidencial? ¿Es eso lo que propone Matador? No lo creo. Pienso que Matador fue victima de la ligereza. Tomó -sin sopesarla- una idea peligrosa que circula folclóricamente por los salones del país, disfrazada de aguda, progresista y radical crítica:

"Como el Congreso es un aparato ineficiente y corrupto (crítica acertada), habría, entonces, que clausurarlo" (conclusión errada, que significaría abrirle las puertas a las dictaduras, y particularmente, a las dictaduras de derecha, que es el sector político que siempre ha tenido la sartén por el mango en nuestro país).



ESTADO DE SITIO

Y ahora que en nuestro país agoniza la guerra,  no sobra recordar que una de las causas de nuestro conflicto armado es que durante ¡treinta años! liberales y conservadores gobernaron este platanal anulando al Congreso y convirtiéndolo en un muñeco, haciendo de nuestra democracia una democracia restringida. ¿Cómo lo hicieron? Abusando del "Estado de Sitio", una figura de excepción que la Constitución del 86 (qepd) contemplaba en su artículo 121.

Personalmente, pertenezco a esa generación de colombianos que nacieron y crecieron bajo el Estado de Sitio. Mamado de la situación, decidí morirme a comienzos de los años noventa para resucitar no hace mucho. Ahora, orgullosamente,  pertenezco a la generación de la Paz.

Pero volvamos al cuento original. Gracias al Estado de Sitio, al presidente de turno le bastaba declarar que el orden interno estaba turbado, para adquirir automáticamente poderes legislativos que le permitían manejar al país con las normas que le daban la gana, dejando al Congreso de puro adorno o, cuando menos, como refrendador de oficio de las normas que al Ejecutivo se le habían ocurrido.

Paradójicamente, el Congreso de todos aquellos tiempos fue cómplice de esta situación: a cambio de dádivas del poder Ejecutivo, aceptaba quedar convertido en un cero a la derecha. Por eso, mucha parte de la legislación de aquella época no reflejó los intereses reales de los colombianos. Demostrándose así, que la ausencia de un verdadero Congreso, es fatal para la vida de un país.



Un artículo publicado en El Espectador resume el abuso que del Estado de Sitio hicieron los gobiernos de aquellos tiempos. Si asomarse a la cloaca de nuestra historia no le da vértigo, le recomiendo su lectura. Anímese, son tan solo 14 renglones:

"El estado de excepción se convirtió, por lo menos hasta 1991, en un instrumento ordinario de la política gubernamental. He aquí cuatro indicaciones de esta anomalía. 

1) La excepción era casi permanente. Así, por ejemplo, en los 21 años transcurridos entre 1970 y 1991 Colombia vivió 206 meses bajo estado de excepción, es decir, 17 años, lo cual representa el 82% del tiempo transcurrido. Entre 1949 y 1991 Colombia vivió más de 30 años bajo estado de sitio. 

2) Buena parte de las normas de excepción han sido legalizadas por el Congreso, lo cual ha convertido al Ejecutivo en un legislador de hecho. 

3) Hubo períodos en los cuales se impusieron profundas restricciones a las libertades públicas, a través, por ejemplo, de la justicia militar para juzgar a los civiles. A finales de 1970 el 30% de los delitos del Código Penal eran competencia de cortes marciales.  

4) La declaratoria y el manejo de la excepción desvirtuaban el sentido y alcance de las normas constitucionales sobre la materia, debido a la ausencia total de un control político y jurídico".

@dicksalazar




Colombia: un país de estados de excepción. El Espectador



A la mayor brevedad posible, Matador se pronunció sobre nuestra crítica. Y como corresponde a una persona madura, la aceptó. ¡Bravo Matador! Mostraste, una vez más, tu clase.


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