Homenaje póstumo a Gonzalo Valderrama, @monobio

Bogotá, 25 de agosto de 2066.

A los 96 años de edad, en momentos en que celebraba su cumpleaños en su residencia, falleció anoche el comediante bogotano Gonzalo Valderrama Múnera, @monobio, considerado uno de los padres de la stand up comedy en Colombia. Murió de muerte natural, casi sin darse cuenta, sin sobresaltos, sin angustia, en absoluta paz y tranquilidad -la tranquilidad que da el deber terrenal cumplido-, trabajando aún con gran entusiasmo en sus sueños y proyectos, sin deberle un peso a nadie, rodeado por su esposa, Sheila Castellanos, su hijo Miguel, su nuera  y sus dos nietos, a más de varios familiares y amigos. El arte en Colombia está de luto; El Periódicko.com, también.

Valderrama se inició en el mundo de las tablas como cuentero en 1991, a la par que estudiaba comunicación en la universidad Javeriana.  En 1995 se graduó. Y según cuenta la leyenda, hizo su tesis de grado sobre el movimiento de la cuentería, sentado en su escritorio, muy quieto y muy juicioso. De allí le quedó tatuada para siempre en la mente el vicio de teorizar y reflexionar sobre todo aquello que tuviera que ver con su actividad artística.

Por esa misma época, Gonzzzalo dio un giro en su carrera: se bajó del bus de la cuentería -que iniciaba su descenso y entraba en decadencia- y resolvió incursionar en algo que hasta el momento muy poco se conocía en Colombia: la stand up comedy, un genero con mucha fuerza en Estados Unidos.

Pero Valderrama no se contentó con ser el pionero de la comedia en nuestro país, sino que se convirtió en un "reflexionador" sobre la materia. Su capacidad teórica, unida a su experiencia y vocación de pedagogo, lo llevaron a convertirse en un "formador" de comediantes. Famosos fueron sus talleres de formación personalizada o en grupo. Muchos de aquellos que triunfaron en la comedia "parada", pasaron por sus clases. Muchos otros que tuvieron discretos desempeños, también.

Valderrama saltó a la fama nacional cuando  formó parte del elenco de Los Comediantes de la Noche, un programa de stand up comedy que en 2010 lanzó RCN, un canal de televisión que desapareció hace aproximadamente veinte años por inanición: se quedó sin televidentes.

El Periódicko.com quiere hoy rendirle un homenaje póstumo a Gonzalo Monobio Valderrama Múnera, publicando un esbozo sobre la historia de la stand up comedy en Colombia que él escribió en abril del 2014. Nosotros no solo admiramos al comunicador social, al libretistas de radio y televisión, al locutor, al comediante, al humorista, al tuitero que fue Gonzzzalo, sino también al excelente escritor y ensayista que llevaba en su interior. Va nuestro gran aplauso para él. Y hacemos votos para que se tome el Cielo a punta de mamadera de gallo, crítica y reflexión. @dicksalazar



LA COMEDIA BIEN PARADA

Por: Gonzalo Valderrama Múnera


A comienzos de 1999, en Colombia, muy poca gente había oído mencionar el término anglosajón stand-up comedy (SUC). Los pocos que sabíamos de él lo teníamos referenciado por películas de diversa calidad (Lenny, Punch-line, Wired, Reality Bites), por series televisivas (Seinfeld, The Simpsons), o por especiales sólo visibles en los canales privados HBO o Comedy Central. Algunos privilegiados habían viajado a Estados Unidos, Inglaterra o Canadá, y lo conocían de primera mano, sentados en uno de los miles de clubs de comedia existentes por allá.

Cualquiera que fuera el contexto, la imagen relacionada al término era reiterativa: un tipo (muy eventualmente una tipa) parado ante un micrófono (muy eventualmente sin él), bebiendo de un vaso de agua o extrayendo humo de un cigarrillo, acompañado por un único elemento de utilería: una butaca. Delante de él, público (20 o 2000 seres humanos) atento-carcajeante. ¿De qué se reían? De las reflexiones en tono casi siempre pontificador o confesional que este personaje desparpajado esgrimía sobre temas de la vida cotidiana: desde la mota de polvo hasta la guerra del golfo pérsico, pasando por la masturbación.


Lenny Bruce, comediante gringo.

EL ENTRETENIMIENTO TRADICIONAL
Extrañamente ese formato de entretenimiento nunca antes se había ejecutado en este país de manera concienzuda y sistemática. Para divertir humorísticamente a las masas, lo que hasta ese momento se había planteado, desde que apareció la TV nacional, eran otros formatos menos complejos: el cuentachistismo, la imitación, el diálogo chistoso con posible acompañamiento musical, en dúo o en grupito; el sketch (una de las palabras foráneas más difíciles de pronunciar, sobre todo en plural, para las gentes de estas tierras), las chanzas pachunas, el payasismo… y ya.


En ese lapso (1954-1999), unos pocos actores cómicos merodearon el esquema stand-up comedy sin usar el término esnobista para denominar lo que hacían: el gordo Benjumea, Luis Fernando Orozco, Franky Linero, Jaime Santos, hasta el mismísimo Jaime Garzón, en su popular charla sobre Uribe pre-presidente. Pero el ejercicio no duró mucho, ni trascendió, ni tuvo demasiado revuelo mediático. El país aún no necesitaba tanto circo, aunque sí mucho pan; había otras prioridades… y la gente leía más.


Frankly Linero y el gordo Benjumea


LOS CUENTEROS
Entonces surgieron los cuenteros (1988) e invadieron las ciudades capitales con un formato ya existente, pero más engallado: el contador de historias (de la tribu, del pueblo, de la ciudad, del barrio o de los mundos imaginados en la literatura de todos los siglos) con consciencia de las leyes de la retórica y de la escena… y de los 11 trucos para mantener a un público cautivo por más de 11 minutos (el lapso de atención de un niño terrícola de 11 años); entre ellos, el viejo truco de inyectarle humor a las historias, a tal punto de que algunos tranzaron narraciones divertidas por chistes largos con empaque de cuento.


Luis Fernando Orozco

ANDRÉS LÓPEZ
Uno de ellos era un tal Andrés López: un estudiante de ingeniería de sistemas de la U de los Andes, quien, desde sus inicios, adoptó un esquema muy particular de humor narrativo, en el que sobresalían cuadros histriónicos de la cultura pop vivida por los jóvenes universitarios de la época: cosa que ningún cuentero se había atrevido a hacer hasta entonces. Tanta popularidad e histeria causó este hombre verborrágico, al que le apodaban Satán (él les contará la historia), que fue marginado del movimiento cuenteril en 1997. Gracias a esto, armó rancho de ladrillos aparte, y lo convirtió, poco a poco, en el castillo que todos conocemos.


Jaime Santos

LA GRIETA Y LA MELLA
Luego de su patada inicial, se abrió una grieta por la que entramos todos los demás, la gran mayoría, provenientes del mundo de la cuentería, que nos había dado la madera para dirigirnos a un público de manera eficaz; un don que sólo poseemos los cuenteros, los comediantes, los políticos y los asaltantes de bancos.

Se le comenzó a hacer una mella al esquema mental del público local, acostumbrado (por decir un eufemismo) a la hegemonía invulnerable de Sábados Felices (4 décadas de humor sin entrelíneas, inocuo, complaciente… sin querer decir que esto sea sinónimo de facilista o ramplón). Pero esa mella, que ya lleva 13 años siendo labrada con insistencia, se demorará mínimo otra década para ser demolición o reconstrucción (...)


Jaime Garzón

LOS PRIMEROS AÑOS
Los primeros 3 años de la stand-up comedy a la colombiana fueron guerreados en bares del parque de la 93, la zona rosa y Usaquén, en su mayoría. Hubo unas pocas réplicas menores en el centro y en el norte sucio; pero ese hecho aparentemente azaroso hizo que el género adquiriera una característica puntual desde sus inicios: era para la élite, como todo esnobismo que se respete; para un público al que se suponía que no le iba a quedar grande pagar la entrada a estos sitios ni pronunciar aquel término tan chic, pero, en el fondo, esencialmente popular, cosa que ninguno de ambos polos sociales ha querido aceptar aún.


El Parque de la 93 en Bogotá


PASA-BOCAS MENTAL
En Estados Unidos, la SUC existe desde finales del siglo XIX. Arrancó, como muchas creaciones humanas importantes, en bares portuarios, chochales post-pago y clubes nocturnos de mala muerte. Aquí, no. Consecuencia del contexto en el que detonó, se cotizó muy bien en el mercado del entretenimiento criollo desde el día uno… y esto implicó que la clientela se pusiera más exigente de la cuenta: “Diviérteme, bufón, que por algo te pago caro… y no me hagas los chistes así, sino asá”. Y los bufones (no más de 10), sin darse cuenta, fueron obedeciendo, moldeando su material al gusto del comensal.

El género dejó de crecer como un medio de expresión popular, como una válvula de escape ante la crisis y la opresión, como queja entretenida, para convertirse en un pasa-bocas mental en un buffet para mentes que sólo querían disfrutar. Si las cuestionabas o remecías un poco, se incomodaban y no te pagaban el cheque... o sencillamente, pedían que te bajaras de la tarima.


La Zona Rosa de Bogotá


ACTORES Y ACTRICES
Por conjunciones planetarias y conjuntivitis platanarias, los comediantes, que habían aprendido a hablar en los bares pupis, ascendieron a las salas teatrales, muy prematuramente (2002)… y en el río revuelto se sumaron (por decir un eufemismo) famosos actores y actrices televisivos: querían experimentar la adrenalina del riesgo del público en la cara… y ganar unos milloncitos a punta de gracia y chispa verbal. En Estados Unidos (¡disculpen la constante comparación!), algunos comediantes, luego de muchas millas acumuladas, se volvieron popularísimos actores de cine y TV. Aquí, al revés.


La localidad de Usaquén en Bogotá


LA PELOTA DE LETRAS
Poco a poco, la escena se fue depurando, y fuimos quedando solamente aquellos que no representábamos un papel, que no hilábamos chistes, que no contábamos anécdotas jocosas, que nos arriesgábamos a fracasar a través del método del intento y error, hasta solidificar un combo de al menos 10 rutinas eficaces que sumaran alrededor de 90 minutos para pararnos solos en un teatro… pero a ningún teatro le interesaba la idea. Hasta que Andrés López, luego de insistir más que todos los demás, le abrieron las puertas del Teatro Nacional; y su pelota letrada comenzó a rodar y rebotar.


Andrés López

EL BOOM DE LA PELOTA
Para la mayoría de colombianos, en ese momento (2004) nació la SUC, 5 años después de su verdadero y clandestino inicio. A partir de allí, el público no anglo-parlante tuvo que lidiar con aquellas tres palabrejas, y les halló las más diversas mutaciones: stand comedy, standard comedy, star comic, satán gomely, sand comet, stair-way to heaven… en fin. Durante 4 años, lo que duró el boom de la pelota, López se volvió el parámetro para el imaginario local, tanto para el público como para los controladores del negocio. Se llegó a pensar, incluso, que el hombre había patentado el género. El empecinamiento de la gente al respecto llegaba a límites como suponer que todos los demás que lo ejercíamos éramos sus imitadores. Es como decir que The Rolling Stones, The Doors, Nirvana o Korn son imitadores de The Beatles por el hecho de interpretar al unísono guitarras-bajo-batería y gritar melódicamente.




ANTONIO SANINT
Hasta que Antonio Sanint le puso la pata al cable del ascendente globo lopeziano, con su ¿Quién Pidió Pollo? No le hizo suficiente mella (sólo duró un semestre en la cartelera bogotana); pero logró lo que ninguno de nosotros: que los medios y el público empezaran a concebir la posibilidad de que existía más de un comediante en el panorama, y que la SUC era un género con múltiples posibilidades temáticas y estilísticas, tantas como oficiantes, como sucede en cualquier otro arte.


Antonio Sanint

EL VERDADERO COMIENZO
2007-8 fue el tercer y verdadero comienzo de la stand-up comedy colombiana, 8-9 años después de la detonación inicial. Antonio Sanint, Diego Camargo, Iván Marín, Alejandro Riaño estrenaron sus primeros shows (combos de rutinas) en teatros de diverso aforo… y, paralelamente, en otros bares y parques al sur de la calle 80, donde habita la gente real, germinó una semilla que nadie se esperaba: un grupo de jóvenes estudiantes de universidades públicas, quienes se apropiaron del género a su manera, e inventaron una mutación llamada cuento-comedia, 60% narración oral/40% stand-up comedy, con uno que otro chistecito camuflado, muy gustado por el público, llamémoslo, popular; un público harto del humor convencional, pero necesitado de que le hablaran de su cotidianidad, así se lo hicieran con lugares comunes e imaginarios trillados. Algo era algo.


Diego Camargo

ME PIDO LA VENTANA
Por su parte, Andrés López estrenaba su segundo combo de rutinas (las que se le quedaron entre el tintero desde LPDL): Me Pido La Ventana, el cual, como muchos especulaban (¿y ansiaban?), no tuvo el impacto de su primer batatazo. El público, en su ingenuidad, lo sintió como “más de lo mismo”, ignorando que todo espectáculo de stand-up comedy siempre se trata de eso: un ser humano parado ante un micrófono, al lado de una butaca, hablando mierda durante 5 o 180 minutos para hacer reír a su público a través de reflexiones jocosas sobre la vida cotidiana en ese accidente llamado Occidente. El decepcionado público lopeziano esperaba que esta vez el comediante hiciera algotra cosita: bailar tap, cantar punk, escupir fire… algo distinto a hacer SUC. No, señoras y señoritas… no sabemos hacer otra cosa. López redujo su impacto con su primer strike. Pasó de tener 20 millones de seguidores… a sólo 15.


Iván Marín

PRIMO ROJAS
Una nueva fuerza oscura crecía paralelamente mientras todos estaban concentrados en sus rutinas rutinarias: Primo Rojas. Escribí nueva en itálicas, porque sé que muchos no saben que Rojas viene haciendo lo suyo desde 1985, mucho antes de que muchas cosas escénicas pasaran en este país, incluso mucho antes de que nacieran ciertos personajes que hoy son parte del paisaje humorístico. Con su nadadito de perro anfibio rabioso, este cachaco, mezcla andrógina de ñero carroñero y profesor de retórica, fue calando, lustro tras lustro, en los diversos escenarios nacionales… hasta convertirse en un referente que nos movió el piso a todos.


Alejandro Riaño

LOS COMEDIANTES DE LA NOCHE
El público nacional, risa a risa, iba metiendo en su imaginario el concepto stand-up comedy de una manera un poco caprichosa y prejuiciosa (“Esa gente que se burla de todos, y que no hace sino rajar de las cositas”); pero aún faltaba el público televidente, el monstruo de los 45 millones de cabezas. A ellos se les entregaron nuestras susceptibles cabezas en junio de 2010, a través de un programa llamado Los Comediantes de la Noche, el cual duró casi un año al aire, y en el que todos sus integrantes terminaron rayados y millonarios… y yo, decapitado, a petición del público, consumidor de Uva-Po’tobón, que es lo que realmente importa.


Primo Rojas

LA AZCÁRATE
Ya había, al menos 8 nuevos claros personajes en el panorama; 8 mercenarios que marcaron una pauta en el entretenimiento local (¡Qué cultura ni qué ocho cuartos!) para la segunda década de este siglo (la última, como todos sabemos), incluyendo a la delgada Alejandra Azcárate, tan controversial y decidora de verdades ginecológicas.


Alejandra Azcárate


EL DESGASTE
Lamentablemente el programa de los comediantes nocturnos se desgastó en su esquema insostenible. En ningún país cuerdo existe un formato así de frecuente, con un elenco fijo y reiterativo. Es imposible no repetirse; la calidad de las rutinas es voluble, y el bendito público es un ente impredecible y caprichoso que se cansa rápido.

El programa ha ido y vuelto de temporada en temporada, intermitentemente. Ahora está en receso. Ha variado ligeramente su elenco, según los gustos estadísticos (y las decisiones ejecutivas). Dicen que volverá después del apocalipsis zombi… Mientras tanto, en este lapso de paz mediática, los que aún sobrevivimos con este desorden mental que nos impele a verbalizar nuestras cucarachas, seguimos horadando la roca del estoicismo a punta de chascarrillos y sarcasmos, que no son más que la cara inteligente del dolor, el dolor de vivir en un planeta que se muere con nosotros a bordo… ¡JA!

Gonzalo Valderrama
@monobio

   





LINKIPEDIA


¿Qué hice en los tres días en que me desaparecí? Gonzalo Valderrama. Soho.


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