Las desgracias de @merv59 con un francés

Mi hijo, cibernauta consumado, tuvo a bien recibir en la casa a un antropólogo francés, amigo virtual, que aquí entre nos, creo que lo utilizó para vengarse de mis errores como madre. ¡Qué venganza, por Dios!

Paso a continuación a narrarles mis desgracias de estos días.

Mi hijo, con carita inocente, me anuncio el arribo de Jacques a la casa. El joven huésped tenía como tarea realizar una investigación acerca del ambiente que se vivía en Bogotá por la culminación de los acuerdos de La Habana.
Lo primero que me molestó es que el antropólogo me trajo como presente un tónico para mejorar la memoria. Más le hubiera valido traerme unas almendras (tipo Casa Nariño), un buen vino o un coñac. (Puse cara de agradecimiento y más tarde procedí a botar el regalo. No recuerdo en dónde, pero que lo boté, lo boté). 

Jacques nos anunció en buen español que no quería molestar. Solo anotaría la dirección del apartamento y se lanzaría por su propia cuenta a “invadir” Bogotá. No necesitaría que le sirviéramos de guías (¡menos mal!). Que tan solo necesitaba que le respondiéramos un par de preguntas (¡qué miedo!) :

"¿No tienen metro en esta ciudad?"

"¿Acaso piensan ustedes que una ruta de buses puede transportar los habitantes de esta ciudad?"

Claro, se me subió el patriotismo y le dije que nuestro flamante alcalde estaba luchando por construirlo y que sería un metro de "elevada" calidad, marca Volvo y bla bla bla.

El antropólogo decidió guardar prudente silencio cuando observó que ninguno de la familia (ni siquiera el gato) poseía una respuesta satisfactoria. 

Jackes salió a recorrer la ciudad. Pasaron las horas, muchas horas, infinitos minutos. Ya nos estábamos preocupando, cuando llegó cargado con un bulto de nuevas preguntas: 

"¿Cómo así que después de cincuenta años de guerra, ustedes deben empujar con publicidad el SÍ a la paz? 

"¿Cómo es posible que después de cincuenta años de guerra, algunos creen que acá no hubo ningún conflicto?" 

"¿Por qué los partidarios del Centro Democrático piensan que debe existir cárcel para los actores del conflicto, si durante cincuenta años se le ha dado bala sin derrotarlos?" 

Yo trataba de explicarle que el problema se centraba en que la oligarquía colombiana tenía miedo a la dictadura castro-chavista. Y quién dijo miedo, arremetió otra vez: 

"Los venezolanos nunca han creído en una salida violenta. ¿Ustedes los colombianos -que son más guerreristas-, cómo creen que van a aguantar hambre como los venezolanos?

"¿Por qué no les preguntan a las víctimas del conflicto si quieren la paz? Para mí, los que opinan negativamente acerca del plebiscito son los que nunca han estado en la guerra".

Yo quedé como en trance y decidí guardar prudente silencio. Minutos más tarde se me ocurrió pedirle consejo al gran negociador Humberto de la Calle, para que a través de la W, le contestara las preguntas al franchute.Así que puse a Jackets a oír radio, y de paso me salvé de ese bombardeo de preguntas. ¡Gracias, Humberto!

Ayer el antropólogo se largó para su casa lleno de porqués sin lógica respuesta. Se llevó tantas misteriosas incognitas, que no me extarñaría que en el aeropuerto le hayan cobrado sobre-equipaje.

El francesito me recomendó encarecidamente que le siguiera comentando acerca de los acontecimientos futuros. Difícil tarea, que creo no poder cumplir sola. Por eso, acudo a ustedes, amables y sabios lectores, para que me ayuden con semejante empresa, digna de romanos y muchas manos. Mil gracias de antemano.


Martha Elena Rangel
@merv59

Posdata: A quien más me ayude a contestar preguntas, le regalaré un tónico para mejorar la memoria
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