"Dios nos libre de los cristianos que no quieren la paz": @Merv59

Muchos de nosotros hemos argumentado continuamente en Twitter que Colombia necesita la paz y que después de 52 años, ya es hora de reconciliarnos. Yo estaba preparada para argumentar de manera racional el acuerdo de La Habana punto por punto.

Lo que sí no me esperaba es que saliera Dios a bailar en el asunto y menos que los cristianos le cerraran la puerta a la reconciliación.

Como ustedes sospecharán, yo soy católica y francamente me escandaliza cuando dicen que “Dios no está en los Acuerdos”.



Me quedé sorprendida porque el Dios que yo conozco dice: “Si estás en el templo y recuerdas que tienes una pelea con tu hermano, sal corriendo, reconcíliate y después vuelve”. 

Ni para qué recordar la época de la Patria Boba cuando los centralistas, dirigidos por Camilo Torres, enfrentaron a la Virgen del Rosario contra El Señor Caído de Monserrate, esgrimido como arma por los federalistas ¡De llorar!

La parábola más reveladora sobre la reconciliación y la misericordia, es la del hijo pródigo, que si les interesa pueden encontrar en la Biblia. Yo les voy a narrar esta misma, pero en versión moderna. 






Hace cinco años, conocí a Ricardo Navarrete, un joven que aparentaba unos 45 años de edad, debido a las drogas. Ricardo nos contaba que venía de una familia de rancia estirpe católica, goda y que su papá era militar. Cuando se enteraron de su vicio, el papá sin ningún miramiento lo echó de la casa, con maldición incluida y todo.

Una vez, salió de la droga, o como él decía "controló su vicio", sentía la falta de su familia. Llevaba tres años intentando acercarse a su casa, pero el recuerdo del patriarca, autoritario y prepotente, al que él mil veces había robado para mantener su vicio, le impedía siquiera intentarlo. 

Le dimos una solución: "Acércate el viernes en la noche, deja una nota debajo de la puerta y dile a tu papá que vas a pasar el sábado hacia las 11 a.m. Si tú ves un pañuelo blanco amarrado a la verja del jardín, vas a timbrar porque eso quiere decir que tu papá desea verte". 

Ricardo así lo hizo, pero la mañana del sábado resultó terriblemente lluviosa. Ricardo tomo un taxi y se dispuso pasar por el frente de la casa, pensando que no iba a ser posible ver el famoso pañuelo debido al mal tiempo. Cuando pasaba por allí, casi se desmaya. La verja del jardín tenía seis pañuelos blancos amarrados y por si fuera poco, en la mitad, estaba un viejito forrado en un impermeable amarillo, con sombrilla y botas, agitando un consabido pañuelo blanco. Era su papá y lo único que le decía era que tenía el temor, que debido al mal tiempo, no los pudiera ver. 

Yo les dejo a su imaginación el beso y los abrazos de este par de hombres. De Ricardo no volvimos a saber nada en una semana, y claro ya estábamos preocupados cuando se apareció por allí de la mano de su papá. ¿Saben? Tenía un discurso preparado para su familia que nunca llegó a expresar, porque el primero que pidió perdón fue aquel coronel del ejército autoritario y prepotente. 

Esta clase de milagros son los que Dios hace en el corazón de los hombres. Lo que más recuerdo de este testimonio es que el papá nos decía: "Primero nos reconciliamos y después vinieron los perdones". 

El Dios que yo conozco dice: "No juzgues y no serás juzgado". Cristianos colombianos no me digan que ustedes conocen a otro dios distinto, porque entonces yo ya me condené.

Dios nos libre de aquellos cristianos que no quieren la paz.

Martha Elena Rangel
@merv59















     

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