Lo que aprendí de don Guillermo Cano

Este próximo 17 de diciembre se cumplen treinta años del asesinato de don Guillermo Cano Isaza, quien fuera director del diario El Espectador.

Tuve la suerte de colaborar con El Espectador cuando don Guillermo lo dirigía. Pero tuve la desgracia de conocerlo muy poco. Poco, muy poco. Lamentablemente casi nada. Lo vi personalmente dos o, máximo, tres veces. 

Por aquel tiempo yo era tímido y, sobre todo, invisible, a más de medio ermitaño y tres cuartos de anacoreta. Eso, unido a que don Guillermo era muy reservado, hicieron imposible que nos conociéramos, pese a que yo publicaba mis mamarrachos diariamente en las páginas editoriales.

Pocas veces iba yo a la sede del periódico. Trabajaba en mi casa, encerrado en mi cuarto. Una camioneta de El Espectador recogía diariamente en mi casa las caricaturas. Cada dos o tres meses iba yo al periódico a reclamar el cheque de mis honorarios, lo que significaba para mí un completo martirio. Como nadie me conocía, ingresar a las instalaciones del rotativo constituía una odisea. Convencer a los porteros de que yo era yo, era cosa difícil, y mucho más cuando por aquellos tiempos ni yo mismo sabía quién era ni a qué diablos había venido a este planeta. 

El único amigo que tuve en el Espectador durante la década que colaboré con el diario de los Cano, fue el conductor de aquella camioneta roja de estacas que recogía mis Locombias. Un viejito buena persona que a veces me hacía el favor de pasar más tarde de la hora reglamentaria a recoger mis mapicaturas. De no ser por él, muchas veces no habría alcanzado a enviar mi trabajo diario. ¡Qué vergonzosa ingratitud la mía: he olvidado el nombre de este buen hombre que en innumerables ocasiones se apiadó de mi lentitud! 

Pero si por desgracia conocí muy poco a don Guillermo Cano, afortunadamente puedo decir que aprendí mucho de él y de quienes lo sucedieron en la dirección de El Espectador.  Durante diez años continuos publiqué sin censura alguna mis monitos. De eso puedo dar fe. Soy hijo de esa libertad  (y también de mi papá y mi mamá).




Tan solo una vez me llamó don Guillermo para hablarme sobre  uno de mis dibujos. Me llamó telefónicamente una tarde de un día que no me acuerdo de un año cuyo número exacto olvidé.

Me saludó rápidamente e hizo un corto preámbulo para explicarme que la situación del país estaba bastante complicada. Luego me pidió autorización para retirarle el título que yo le había puesto a la caricatura que sería publicada al día siguiente. No recuerdo exactamente el título ni la caricatura, pero sé que contenía la palabra "paramilitar".

Eran tiempos en que el fenómeno del paramilitarismo estaba apenas naciendo en Colombia. El vocablo para designar a aquellas tenebrosas fuerzas todavía no estaba plenamente acuñada en los medios de comunicación. Era un término usado casi que exclusivamente por los sectores de izquierda. Todavía no estaba plenamente probado que había un nexo entre las autodefensas y sectores de la fuerza pública.  El tiempo le daría la razón a los zurdos.

El Ejercito se oponía duramente a que los términos paramilitar y paramilitarismo hicieran carrera. Presionaba a los medios de comunicación para que no emplearan esas  "calumniosas" palabras. Intentaba -desesperadamente- detener la rueda de la historia. El Ejercito estaba emputado, el país temblaba.

En el contexto de esa situación se producía el llamado de don Guillermo Cano. Le manifesté que no tenía ningún inconveniente con la supresión de aquel título. En realidad la caricatura no lo necesitaba para denunciar los hechos a que hacía referencia. Se entendía por sí misma.

Antes de colgar el teléfono le di las gracias por haber tenido el detalle de haberme llamado a pedirme mi autorización para amputar aquel titulo. Y agregué una de las frases más extrañas y misteriosas que yo haya pronunciado en toda mi vida, una frase que salió de mi garganta dictada por alguien que no era yo mismo; una frase cuyo significado vine a entender muchos años después, exactamente el lunes siete de noviembre de 2016:

"Permítame también, don Guillermo, agradecerle en nombre de los lectores de El Periódicko.com su llamada, pues esta llamada -en algo más de treinta años- saldrá a la luz pública convertida en curiosa anécdota escrita".

@dicksalazar




     

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