No hay Esperanza. Por: @RuthAbello

Cuando no tengo motivos para llorar veo películas de drama. Seguramente mi vida pasada fue en la antigüedad y ahí fui plañidera, o simplemente ya me estoy convirtiendo en mi abuela, o interioricé mucho la canción de que por cada risa hay diez lágrimas.

Así que dándole paso a mi emotividad busqué una película de esa línea y encontré una llamada “Esperanza”. Guiándome por la foto y el nombre pensé que era una historia tipo “Los niños del cielo” donde la adversidad y las dificultades conmueven el alma pero al final hay felicidad. Y pues no.




LA PELÍCULA 
Esta película relata la historia de una niña de ocho años que camino al colegio fue secuestrada, torturada y abusada sexualmente. La niña sobrevive a ese brutal ataque, hubo captura del culpable (no presunto) y juicio, donde el maldito delincuente fue tratado con indulgencia.

La impotencia del padre de la niña lo hacía querer matar al causante de tanto dolor. Yo, como espectadora protagónica, esperaba la escena (que nunca llegó) en la que el padre efectivamente cobrara venganza, a falta de cadena perpetua o pena de muerte.

En mi espera iba elucubrando la escena en que se hiciera “justicia”, pero lo justo sería que eso no sucediera. Convertir al padre en criminal no hacía  que la pequeña regresara a su niñez feliz. No existen las máquinas del tiempo

LA REALIDAD 
Un par de días después la realidad me muestra la trágica noticia de que una pequeña también fue raptada, torturada, violada y asesinada. Esta Esperanza no sobrevivió.  Aquí no hay Esperanza, hay Yuliana.

Ante este caso real y cercano no quiero que el padre se vengue del monstruo, quiero que la desprestigiada justicia ¡actúe! Aquí, como en la película, no hay cadena perpetua ni pena de muerte. ¡Afortunadamente! (de haberla, me horrorizaría pensar en la "desfiladera" de inocentes por el corredor de la muerte).

Admito que, sin expresarlo y hasta casi sin darme cuenta, me alivió que hubiera gente reunida en un plantón y que la turba enardecida le hiciera saber al criminal todo el repudio que los colombianos sentimos. Incluso, sentí admiración por personas reconocidas como un escritor que dijo: “Los abusadores sexuales NO tienen cura. Todos reinciden. Para ellos cadena perpetua o que alguien me preste un arma y yo los mato”

Que este tipo de sucesos no son novedad, que las estadísticas son alarmantes y que hay muchas Yuilanas o Esperanzas que no han tenido este cubrimiento mediático, es cierto; pero este caso tiene un componente adicional: fue ejecutado por un integrante de la élite nacional, mal llamado de “buena familia”.

Aquí confluyen el poder y el crimen, perfecta combinación para que el monstruo crezca y se debilite la fe. En esta historia la niña no volverá a la escuela y nos deja el interrogante de cuántas Yulianas habrá habido antes.




LA FÁBULA 
A través de fabulas les hemos dicho a los niños que el peligro existe, que el monstruo está bajo la cama y que sale en la oscuridad con un temible “buuu”. Que es un lobo que se comió a la niña, pero que el cazador la rescató. O que un príncipe despertó a la víctima del sueño eterno para ser felices para siempre.

Pero en nuestro cuento contado a la colombiana, el cazador puede dejarse comprar por el lobo y por eso, llevados por el odio, anhelamos el monstruo anti-monstruos que violente la violencia.

Nos acostumbramos tanto al monstruo, que creemos que la culpa es de la madre por no estar con la niña en el infortunado momento; nos acostumbramos tanto al monstruo, que hacemos cotidiana la palabra “culpa”.


TWITTER
Nos creemos mejores porque nuestra solidaridad la mostramos con un “hashtag”, pero en realidad NO hay tal #SoyYuliana. No somos la víctima y estamos lejos de serlo, porque la víctima lo menos que desea es más violencia. Al contrario, ya la bebió toda.

Unos han politizado esta tragedia, otros la han estratificado y otros conformado con etiquetas como “feminicidio” que no es otra cosa que una clasificación del crimen (para decir esto último no necesito ser abogada).

LA TURBA A LA QUE PERTENEZCO
Finalmente yo en la única turba en la que quiero seguir estando es en la que va a conciertos de música a gritar al unísono y en tono destemplado el estribillo de una canción, o en la que va al estadio a gritar ¡Dale, rojo dale!

Ya basta de que el coco se lleve a los niños, ya es hora de que el gobierno los proteja de esa vulnerabilidad. No obstante tenemos derecho a indignarnos y a opinar y a exigir justicia (no venganza) y a velar porque realmente la ley sea pesada y recaiga toda sobre ese hijueputa. 


@RuthAbello

   

1 comentario :

  1. Me gustaria pensar q vivimos en una fabula y q la verdad el bueno siempre tendra su recompensa y el malo su castigo; mmmmmm pero que lejos estamos de algo asi lo peor de todo es q estams en un mundo donde no se sabe cual es cual y lo unico claro es q un angel como yuliana solo fue un motivo mas para ser popular y realmente poco o nada importa ya si su crimen sera castigado. Un llanto de dolor por este angel y q su luz este brillando en el infinito eso quiero pensar

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