Un infernal país que mata un ángel. Por @MiremosaVer

Colombia se estremeció hace pocos días con el brutal asesinato y la violación, tortura y secuestro de Yuliana Andrea Samboní, una niña campesina caucana de 7 añitos. ¿Su asesino, violador, torturador y secuestrador? Un depredador, una bestia, una hiena de nombre Rafael, y cuyos apellidos mejor omito. Yuliana se sumó a un listado de víctimas tan largo, tan ignominioso, que convierte a la sociedad colombiana en una especie de infierno de Dante con aroma a café y orquídeas, sabor a frutas y sonidos caribeños.




La de la pequeña Yuliana es una tragedia mediática más en medio de incontables tragedias anónimas, que se ven invisibilizadas una tras otra por la siguiente. Natalia Ponce de León, cuya vida destruyó un animal enfermo de celos; Dora Lilia Galvez y Rosa Elvira Cely, cuyo mortal error fue confiar en sendas bestias dignas de la peor de las ejecuciones; todos los niños y niñas asesinados durante años en todo el país por Luis Alfredo Garavito; las víctimas de los asesinatos despiadados cometidos por las Farc; las de las asqueantes masacres y descuartizamientos de los grupos paramilitares; las miles víctimas de más de tres décadas de narcotráfico, en fin. El listado no acabaría.


Vergüenza de nosotros mismos
¿Qué es lo que hizo que el demencial asesinato de Yuliana sacudiera tanto las fibras de la sociedad colombiana? Quizás que se trató de una niña muy pequeña e indefensa, ejecutada fríamente y con sevicia por un depredador oculto tras los prejuicios y privilegios del poder económico y las superficiales apariencias sociales. Con este telón de fondo, los medios de comunicación (1. Los serios y analíticos, 2. Los amarillistas y verduleros, y 3. Los poderosos comprometidos con el mismo poder económico del violador y asesino de Yuliana), todos, hablaron de esta tragedia, y nos hicieron sentir vergüenza de nosotros mismos como sociedad.

El presidente Santos, la directora de Bienestar Familiar, Cristinas Plazas, autoridades de todos los niveles, columnistas y analistas políticos, opinadores de diversos pelambres comprometidos con intere$e$ económicos, ciudadanos indignados, todos, expresaron su rechazo por el infame y vil asesinato de Yuliana. Sin embargo, algo que (me) llamó la atención fue la ausencia casi absoluta de expresiones de rechazo (de hecho, la ausencia de expresiones de cualquier tipo) de los más conspicuos y mediáticos líderes de las iglesias cristianas y sus conexas.






Sepulcral silencio
Personas como el destituido por corrupto y venal ex procurador Alejandro Ordóñez, la ex fiscal Viviane Morales, el autoproclamado“concejal de la familia” Marco Fidel Ramírez, la bella y astuta doctora Alexandra Piraquive, el medíatico y farandulero pastor Miguel Arrázola, etcétera, que tan airadamente rechazaron en las calles, los medios y las redes sociales la tal “ideología de género” inventada por ellos mismos, y que pusieron el grito en el cielo cuando vieron en peligro sus intere$e$ económicos en sus respectivas iglesias, con las cartillas de pedagogía sexual tan necesarias pero tan mal promocionadas por la ex ministra Gina Parody, han guardado todos y todas ellos un sepulcral silencio con respecto al secuestro, tortura, violación y asesinato de Yuliana. (Si algo ha dicho alguno de ellos, no se ha sabido por estos lados, valga aclarar).

Las indignaciones y rechazos por la brutal y aberrante acción del tal Rafael (de nuevo omito sus apellidos), el depredador de la pequeña Yuliana, se justificaron todas cuando se supo que se trataba de un sujeto perteneciente a una de las más acaudaladas y “prestantes” familias de la aún más acaudalada y prestante sociedad bogotana. Las autoridades de lo criminal y los medios de comunicación denunciaron que entre la bestia asesina y sus dos hermanos, Francisco y Catalina, intentaron durante más de cinco horas borrar en el lugar de los hechos todas las evidencias del rapto, tortura, violación y asesinato de la niña, en uno de los más viles y descarados conciertos para delinquir de que tenga memoria. Rafael ya está tras las rejas, pero es de esperar que sus dos hermanos también sean juzgados por su infame complicidad y reciban todo el poder de la justicia.


Y finalmente, nada sucede
Todos sabemos que la indignación apenas entendible por lo ocurrido a Yuliana va a pasar cuando ocurra la próxima ejecución, y todos nos indignaremos de nuevo, y clamaremos por sangre para limpiar la sangre de la próxima víctima inocente e indefensa, y la a ratos monstruosa realidad del “país más feliz del mundo” seguirá su camino.


@MiremosaVer

   

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